Navegando por el Río Gordon en Tasmania

Llegamos sobre las 6 a Strahan pero a esa hora en pleno invierno ya está todo más negro que el alquitrán así que tras acomodarnos y dejar las maletas en nuestro alojamiento nos fuimos como una flecha al centro del pueblo para buscar algo para cenar, si llegas más tarde de las 7 te quedas sin comer, es lo que tiene el horario australiano!

Los dueños del hotel nos recomendaron Buskman’s Bar & Café por lo que no perdimos mucho el tiempo buscando, jejeje. Tengo que decir que cenamos de lujo y además a un precio razonable, nos encantó!

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En cuanto nos levantamos nos dirigimos hacia el puerto de Strahan, nuestra idea era realizar un crucero por el Río Gordon, una de las excursiones más populares de la zona, finalmente nos decidimos por la compañía Gordon River Cruises, el recorrido nos costó 130 AUD y duraba desde las 8:30 hasta las 14:30 con el almuerzo incluido.

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Este paseo se adentra en el Parque Nacional Franklin-Gordon Wild Rivers que actualmente está declarado Patrimonio de la Humanidad, recorre parte de selva tropical hasta llegar a Hell’s Gate (puerta del infierno) y hace diversas paradas.

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El Puerto de Macquarie recibe su nombre en honor al general escocés Lachlan Macquarie, antiguo gobernador de Nueva Gales del Sur. Su historia se remonta al año 1815, fecha en la que fue descubierto por James Kelly y más tarde, Strahan se desarrolló alrededor del mismo para apoyar la industria minera cercana.

Puntual como un reloj suizo empezamos a navegar a bordo del barco Lady Jane Franklin II, el río estaba calmado pero estaba lloviendo, llegamos hasta la Puerta del Infierno, una estrecha abertura de 120 metros que separa el Puerto de Macquarie de las salvajes aguas de la Costa Oeste de Tasmania, su nombre fue dado por los antiguos convictos que llegaban hasta Sarah Island, en previsión del infierno que iban a vivir allí.

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Justo en ese estrecho de aguas poco profundas se encuentra la Isla de Bonnet con su histórico faro que guiaba a los barcos en la difícil entrada al puerto, por la noche, es posible ver a una colonia de pingüinos pequeños que tienen sus madrigueras en las rocas de la isla, solo es accesible por barco pero hay numerosas excursiones nocturnas que incluyen el paseo, el avistamiento, visita al faro y gastronomía típica de la zona.

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Continuamos navegando por las oscuras aguas del Río Gordon que fluyen a través del desierto deshabitado del Parque Nacional Franklin-Gordon Wild Rivers y aunque estaba diluviando, había varias barquitas de pescadores, esta es una zona propicia para la pesca de salmones y truchas, pasamos por algunas granjas de estos pescados aunque el barco no paró.

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Nos detuvimos en una zona de la selva y descendimos del barco, un guía nos llevó por una pequeña ruta de aproximadamente 200 metros a través de un bosque frondoso lleno de arrayanes, mirtos y alguna especie de pinos que sólo se encuentra en esta parte de Tasmania. Todo el paseo estaba acondicionado con una pasarela de madera, continuamos caminando  hasta llegar a un árbol gigante caído, era de la especie Pino Huon y tenía nada más y nada menos que 2000 años de antigüedad, esta clase de árboles solo crece en el suroeste de Tasmania y es una de las especies más antiguas del mundo, se cree que data de hace más de 10000 años.

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Tras el breve paseo por la selva, volvimos de nuevo al barco, allí nos estaba esperando un pequeño buffet de comida con gastronomía típica de la zona hasta que llegamos a nuestra última parada del día, Sarah Island.

Esta pequeña isla está situada en la esquina suroeste del Puerto de Macquarie y funcionó como penal entre los años 1822 y 1833, los presos apodaban al lugar “el infierno en la tierra” debido a las pésimas condiciones que allí se vivían.

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Los convictos se dedicaban principalmente a la construcción de barcos, para ello utilizaban pinos Huon que talaban en las orillas del Puerto de Macquarie y el curso inferior del Río Gordon, la madera de estos árboles es muy resistente a la podredumbre y es excepcional para la construcción naval por lo que los presos derribaban, talaban y cargaban los enormes pinos en rudimentarias balsas que más tarde trasladaban a través del río, muchas veces en condiciones infrahumanas y con el agua hasta la cintura, tanto en invierno como en verano.

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Sarah Island llegó a ser uno de los astilleros más importantes del país bajo el mando del Capitán James Butler, en época de máximo esplendor trabajaron más de 380 convictos que construyeron cerca de 113 barcos, tal fue la importancia de este lugar que con el tiempo se convirtió en un pequeño pueblo donde había desde jardineros, herreros, cocineros, panaderos hasta reputados médicos.

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Una mujer disfrazada de militar de la época nos recibió en el puerto y junto a ella, recorrimos las ruinas de lo que queda del penal, en una visita teatralizada, donde no faltaron historias y leyendas sobre Sarah Island y alguno de los presos más curiosos como el irlandés Alexander Pearce, apodado el “caníbal” ya que se comió a sus compañeros de celda para fugarse de una cárcel.

Hoy en día tan sólo es posible ver los restos de algunas de las antiguas dependencias ya que la mayoría de las construcciones eran de madera y con el paso del tiempo se han ido pudriendo o han desaparecido bajo las aguas del mar.

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Llegamos sobre las 3 de la tarde a Strahan, no había mucho que hacer pero Pablo, el propietario de los apartamentos donde nos alojamos, nos llevó en todoterreno a conocer la Playa de Strahan, situada aproximadamente a unos 8 kilómetros del centro. No es uno de esos lugares exóticos en los que pensamos en cuanto oímos la palabra “playa” sino más bien todo lo contrario, un lugar desértico, inhóspito y donde no te puedes bañar, tan sólo unos pocos aventureros se atreven a surfear las cabreadas aguas del Mar de Tasmania.

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