Chiang Rai: Qué ver y hacer en dos días

Chiang Rai está situada en el Norte de Tailandia, en el famoso Triángulo de Oro que linda con Myanmar y Laos, en las montañas de este bonito lugar viven numerosas tribus como la Akha o la Karen que todavía conservan numerosas tradiciones y que con los años, se han amoldado al turismo y sus costumbres.
 
Como de costumbre toque de diana prontísimo aunque nos habíamos acostado a las tantas, bajamos al autobús y la guía nos brindó la oportunidad de visitar el mercado de Tak (a toda leche por cierto) pero aún así nos dio tiempo de sacar algunas fotillos y de comprar Tai-donuts (una maravilla de la repostería).
 
 
 
Mercadillo de Tak en Tailandia
Mercadillo de Tak

Mercadillo de Tak en Tailandia
Mercadillo de Tak

Mercadillo de Tak

Mercadillo de Tak en Tailandia
Mercadillo de Tak

Mercadillo de Tak en Tailandia
Mercadillo de Tak

Como ya he dicho dimos una vuelta rápida, vimos mogollón de puestecillos de pescado, verduras, frutas, etc… y nos volvimos al autobús para empezar el viaje hacia Chiang Rai, en mi opinión lo mejorcito del viaje.

El camino en bus fue larguillo aunque así nos dio tiempo para recuperar sueño perdido, estaba durmiendo tan ricamente hasta que el autobús se detuvo en una plantación de piñas.

 
 
 
Plantación de piñas en Chiang Rai
Plantación de piñas

Plantación de piñas en Chiang Rai
Plantación de piñas

En la plantación no hicimos gran cosa, vista panorámica de las piñas, ir al baño y degustación de piña (las mejores que he comido, estaban exquisitas), typical foto guiri con un artilugio con cestas, mirar tiendecilla que tenían y vuelta para el bus, siguiente parada plantación de arroz, aquí me asomé para hacer foto y me volví a dormir.

 
 
 
Plantación de arroz en Chiang Rai
Plantación de arroz

Plantación de arroz en Chiang Rai
Plantación de arroz

Por fin llegamos a nuestro primer destino programado en el programa, el Lago Payao.

Al bajar del autobús se acercaron en avalancha mogollón de vendedores pero no eran vendedores normales, lo nunca visto, la gente cogía pájaros, los encerraba en mini jaulas hechas a mano y si les pagabas tenías la maravillosa oportunidad de dejar a un pájaro en libertad y yo me pregunto y para qué los cogen, si no los cogieran no los tendrían que dejar en libertad…misterios de los negocios.

 
 
 
Lago Payao - Chiang Rai
Lago Payao

En este punto la guía pidió un voluntario, maaaaalo, cuando alguien pide voluntarios seguro que es para algo chungo así que yo hice la de la angula, escabullirme entre la gente para que no me vieran porque siempre tengo la mala suerte que aunque no me presente como voluntaria me cogen.

Y no me equivoqué, era para algo chungo, en un barreño tenían una especie de bichitos (creo que de procedencia marina) mezclados con unas hierbajas, polvos de colores y en teoría se tenían que comer una cuchara de ese mejunje pero lo mejor es que los bichejos estaban VIVOS, que asco!!!!

 
 
 
Comer bichos vivos en Tailandia
Experimento con bichitos vivos

Comer gusanos en Tailandia
Tarta de gusanos

Después de esta «experiencia» vuelta al bus para ahora sí llegar a Chiang Rai, fuimos derechitos al hotel Dusit Island Resort, el mejor hotel del circuito, lo mejor la piscina. Antes de dejar las maletas comimos en el restaurante del hotel y al acabar nos repartieron las habitaciones.

 
 
 
Hotel Dusit Island Resort - Chiang Rai
Dusit Island Resort

Hotel Dusit Island Resort - Chiang Rai
Dusit Island Resort

Después de un merecido descanso y unos bañitos en la piscina nos dirigimos hacia recepción ya que teníamos que coger otra barca para dirigirnos a la tribu Karen, mientras esperábamos nos sirvieron una especie de zumo que sabía a demonios (yo no lo bebí) además tenía un color un poco «rarito», antes que se me olvide en la habitación nos habían dejado un plato con frutas de Tai: lichis, una especie de erizos que no me acuerdo como se llaman, etc… todo un detalle!!!

En fila india fuimos esperando las barcas, ataviados con chalecos salva vidas (creo que estaban de adorno pero las fotos molaban) nos pusimos rumbo al poblado Karen, el paisaje era casi todo igual, árboles, río, pequeñas montañas con forma de huevo, casas (unas más pijas y otras menos), etc… De repente PLUF, un sonido ensordecedor hizo que nos diéramos la vuelta, allí estaba el señor barquero mirándonos con una especie de sonrisa nerviosa, el motor se había escoñao!!!!! Intentó varias veces darle pero lo único que consiguió fue ruido, humo y más ruido, la verdad es que estaba un poco acojonada porque me di cuenta que justo detrás de mi espalda había una bombona de butano, ya me imaginaba como en las pelis, la barca volando por los aires, como no conseguía arrancar el dichoso motorcillo se le ocurrió la maravillosa idea de desmontarlo, mi inquietud iba creciendo por momentos, uno de nuestros compis decidió hacerle algunas fotillos a las piezas por si después no se acordaba de donde las tenía que poner pero se le veía experimentado en estos menesteres. Nuevo problema: la corriente del río nos llevaba otra vez en dirección contraria, me llamarán histérica pero lo único que se me ocurrió fue ponerme a chillar a las otras barcas que pasaban para ver si había algún alma caritativa que nos evitase el desastre y dio resultado: una barquita que pasaba por allí nos remolcó hasta la orilla, yo ni corta ni perezosa me dije me bajo peeero eran todo hierbajas y pensé que mejor me quedaba en la barca por si había algún cocodrilo o piraña acechando. No sé si fue la destreza del barquero o pura churra pero el caso es que llegamos a nuestro destino, allí nos estaban esperando todos con los brazos abiertos, yo bajé rápido por si las moscas.

 
 
 
De camino a la tribu Karen en Chiang Rai
De camino a la Tribu Karen

De camino a la tribu Karen en Chiang Rai
De camino a la Tribu Karen

De camino a la tribu Karen en Chiang Rai
El barquerro arreglando la barca

De camino a la tribu Karen en Chiang Rai
De camino a la Tribu Karen

Todos juntos ya nos dispusimos a explorar el poblado en compañía de la guía, todo estaba preparado para los guiris, las mujeres del poblado vestidas con los trajes típicos pero con la mano puesta por si les querías hacer fotos, había muchas tiendecillas y algún que otro elefante.

 
 
 
Tribu Karen en Chiang Rai
Tribu Karen

Tribu Karen en Chiang Rai
Tribu Karen

Tribu Karen en Chiang Rai
Tribu Karen

Tribu Karen en Chiang Rai
Tribu Karen

Tribu Karen en Chiang Rai
Tribu Karen

Después de la vuelta nos dirigimos nuevamente al embarcadero, allí había un montón de tiendas así que como quería un elefante de madera aproveché la ocasión y me lo compré, hablando entre nosotros decidimos que esta vez pillaríamos otra barca e intentaríamos esquivar al anterior, ya habíamos tenido bastante por aquel día pero para mala suerte nuestra allí estaba el pequeño hombre haciéndonos señales con los brazos para hacerse notar, al principio nos hicimos un poco los despistados pero la guía dijo que teníamos que volver en la misma barca que habíamos venido así que irremediablemente tuvimos que embarcarnos de nuevo en el mini Titanic con la esperanza de que le hubiera dado tiempo a arreglar el motorcillo, he de decir que el viaje de regreso fue de lo más tranquilo, debía haber llevado la barca al taller en el tiempo que estuvimos visitando la tribu.

De vuelta al hotel la guía intentó vendernos unas excursiones: una era para traspasar la frontera a Birmania, ver un mercadillo, un templo y un monasterio chino, costaba un huevo, otra era un típico masaje tailandés por la noche, como no teníamos intención de coger ninguna nos fuimos a la habitación cogimos los bañadores y a la piscina, las toallas te las dejaban en un chiringuito que había a la entrada, lo que más me llamó la atención fue el chiringuito de la piscina, nos dimos unos chapuzones, jugamos un poco al ping pong y nos fuimos al chiringuito a degustar alguna cosilla, miramos la carta y decidimos pedirnos un banana split, como no sabíamos cómo funcionaba decidimos pedir uno primero y ver la mecánica así que ni cortos ni perezosos nos dirigimos al camarero y le dijimos «One banana split and Five spoons»  El camarero se quedó flipado, se lo repetimos de nuevo y se puso manos a la obra, llamó por el telefonillo, hizo el pedido y en 5 minutillos teníamos nuestro mega-banana split frente a nosotros, como estaba de vicio decidimos comernos uno cada uno así que nuevamente nos dirigimos al camarero y le dijimos «Five Banana Split and Five Spoons please», el mismo mecanismo y allí estábamos todos con las luces de ambiente porque se había hecho de noche y comiendo nuestros bananas splits, que maravilla. Después del ratito de relax quedamos en recepción para dirigirnos al centro, cenar y dar una vuelta, como había gente que había cogido la excursión de los masajes nos acoplamos en el bus y nos llevó hasta el centro. Lo primero que divisamos fue un mercadillo pero debido al vacio de estómago que teníamos ya que llevábamos varias horas sin comer (a excepción del Banana Split) nos colamos en una pizzería tipo grandes marcas de España pero más tirando a restaurante. La verdad es que nos pareció un poco caro en comparación con los precios tan baratos que se barajan por Tailandia. Justo después de cenar el grupo de dividió en dos, unos dirección masaje y otros dirección compras, como ya habréis podido averiguar yo me incliné por la sección compras así que dejamos a los del masaje en la puerta y nos pusimos rumbo al mercadillo, comparado con el de Bangkok era un poco cutre y pequeño pero descubrimos el futuro restaurante de la siguiente noche «un mercadillo de alimentación». Estuvimos dando unas vueltas, haciendo tiempo a los de los masajes y en tres tuc-tuc nos volvimos al hotel, allí tomamos algo y nos fuimos a dormir ya que teníamos que levantarnos pronto como de costumbre.

Segundo día en Chiang Rai:

No hace falta decir que tuvimos que madrugar como todos los días, la primera excursión del día era la tribu Akha, en las montañas, para subir íbamos en una especie de bus todo terreno de 6 plazas, como aviso decir que quién se mareee que se prepare ya que todo son curvas, botes, etc…

El viaje hacia la tribu dura como una hora, el paisaje al llegar es precioso aunque las casas son chabolas de madera, lo que más me llamó la atención fueron los dientes de las mujeres más mayores, los tenían todos negros, primero fuimos derechos a la escuela del pueblo no sin antes hacer parada en mitad del poblado para ver un columpio que tenían hecho con cuerdas y palos, como en todos los poblados había tiendas donde vendían bolsos típicos y unas figuras de madera que sirven como ambientadores (la madera la sacan de un árbol que huele bien y para que huela tienes que frotar la estatua como la lámpara de Aladin), seguimos nuestro camino hasta la escuela, allí había como 10 niños sentados en el suelo ya que no tenían mesas ni sillas, al vernos saltaron de alegría aunque yo creo que ya deben de estar acostumbrados, nos cantaron una canción de bienvenida y estuvieron jugando al fútbol con unas pelotas que tenían (por cierto un poco perjudicadas), también me llamó mucho la atención que nada más llegar al poblado venían los niños detrás tuyo para que les dieras chuches, galletas o cosas.

 
 
 
Tribu Akha en Chiang Rai
4 x 4 a la Tribu Akha

Tribu Akha en Chiang Rai
4 x 4 a la Tribu Akha

Tribu Akha en Chiang Rai
4 x 4 a la Tribu Akha

Tribu Akha en Chiang Rai
4 x 4 a la Tribu Akha

Tribu Akha en Chiang Rai
Tribu Akha

 

Tribu Akha en Chiang Rai
Tribu Akha

Tribu Akha en Chiang Rai
Tribu Akha

Tribu Akha en Chiang Rai
Tribu Akha

Tribu Akha en Chiang Rai
Tribu Akha

Tribu Akha en Chiang Rai
Tribu Akha

Tribu Akha en Chiang Rai
Tribu Akha

Tribu Akha en Chiang Rai
Tribu Akha

Como habréis podido observar no tienen calles así que si vais en día de lluvia como nosotros os enguarrinaréis todos los pies. Para finalizar la visita a la tribu Akha visitamos una casa por dentro y nos pusimos rumbo a la siguiente tribu: Yao, de origen tibetano. Para describir esta tribu se puede describir bien-bien con dos palabras: un mercadillo con 6 ó 7 tiendecillas y una abuelilla fumando pipa que tenía un plato para cobrar a todos los que le hicieran fotos, a mi parecer no vale la pena pero bueno.

 
 
 
Tribu Yao en Chiang Rai
Tribu Yao

Tribu Yao en Chiang Rai
Tribu Yao

Ahora sí ya nos dirigíamos al Triángulo de Oro, en esta zona convergen las fronteras de Birmania, Laos y Tailandia, paramos en un restaurante para comer en mitad del campo y al lado del río, estaba diluviando. El restaurante era tipo buffet pero la comida para mi gusto no estaba muy buena, me puse hasta el culo de piña. Después de comer teníamos programada la visita al Museo del Opio, en el museo había artilugios que usaban las tribus para el opio, la historia, algunas fotos y poco más. Después de acabar la visita fuimos al mirador del Triángulo y nos dirigimos hacia la frontera con Birmania, los que habían cogido la excursión se fueron y nosotros nos quedamos en un mercadillo dando vueltas, un poco rollo porque nos tocó estar allí como una hora y media esperando.

 
 
 
Museo del Opio en el Triángulo de Oro - Tailandia
Museo del Opio

Museo del Opio en el Triángulo de Oro - Tailandia
Museo del Opio

Triángulo de Oro - Tailandia
Triángulo de Oro

Triángulo de Oro - Tailandia
Triángulo de Oro

Triángulo de Oro - Tailandia
Triángulo de Oro

Triángulo de Oro - Tailandia
Triángulo de Oro

Triángulo de Oro - Tailandia
Triángulo de Oro

Después de llegar al hotel y dejar los bultos de las compras nos dirigimos en tuc tuc hacia el centro de Chian Rai, cenamos en el mercadillo que habíamos divisado el día anterior, todo era baratísimo y tenías mogollón de platos para escoger y además había animación de música en directo. Comimos gambas, salchichas, pescado, etc… y una vez acabamos de cenar nos pusimos a buscar un sitio donde tomar algo, encontramos un barecillo de un americano buscando por las callejuelas, el bar estaba bien aunque olía un poco mal porque estaba al lado de los baños públicos pero no todo iba a ser perfecto, allí estuvimos hasta que cerraron todos los chiringuitos, mercadillos y demás de los alrededores, como iban a cerrar ya nos dirigimos al 7 eleven, compramos algunas cosillas y acabamos haciendo botellón y jugando a las cartas en una de las habitaciones del hotel, así se acabó nuestros días en Chiang Rai.

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