Ya estábamos de nuevo en Cusco y los días ya empezaban a escasear, en cuatro días nos volvíamos para España. Fuimos directos a nuestro hostal y la dueña se alegró un montón de vernos, le contamos nuestras peripecias por Machu Pichu, cogimos nuestras mochilas y nos fuimos directos a nuestras habitaciones (nos las había guardado, que maja!!!!).
Como veníamos muertos de hambre nos dimos una ducha y nos fuimos directos a comer al restaurante de siempre: Restaurante Los Toldos Chicken y el resto del día nos dedicamos todo el día a buscar excursiones a Maras y Moray, investigar los mercadillos Cusqueños y visitar lo que nos quedaba en la ciudad.
Finalmente reservamos excursión a Maras y Moray en:
BIKINGPERUTREK: C/ Plateros, 399 Cusco
La excursión consistía en ir hasta Urubamba, pillar bicis y meternos una paliza durante todo un día, a primera vista sonaba chungo pero en la realidad fue peor.
Precio de la excursión: 85 Soles por persona (regateando mucho), en la etapa correspondiente contaré la excursión aunque ya os adelanto que la agencia no merece mucho la pena por no decir nada.
Después de tener ya contratado la excursión nos dirigimos al Museo del Inka, no entra con el boleto turístico así que tuvimos que pagar 10 Soles por persona, es una especie de museo arqueológico y está bastante bien. Después Museo de Qorikancha que no habíamos entrada y es gratis con el boleto turístico y más tarde paseito por San Blas, compras y cena. CUATRO RUÍNAS: Las 4 ruinas más cercanas de Cusco (Tambomachay, Pukapukara, Q’enqo y Sacsahuamán) se pueden hacer perfectamente en un día y andando y así lo hicimos nosotros. Nos levantamos a las 7 y media más o menos y después de desayunar cogimos un taxi que por 15 Soles nos llevó a las ruinas más alejadas de Cusco: Tambomachay.
Ruinas de Tambomachay
Ruinas de Tambomachay
Ruinas de Tambomachay
Ruinas de Tambomachay
Tambomachay eran unas antiguas pilas ceremoniales, actualmente queda muy poca cosa pero está bien para darse un paseo. Desde aquí sale el camino inka. Para entrar solo necesitas el boleto turístico, cuando fuimos nosotros no había nadie en la puerta pero hay que llevarlo por si acaso. Cogimos la carretera hacia Cusco y justo al lado están las ruinas de Pukapukara, según dicen un antiguo refugio de caza o un apeadero de viajeros, no está muy claro. Los vendedores ambulantes aprovechan todos los espacios libres para venderte cantidad de cosas. En Pukapukara preguntamos un atajo hasta Q’enqo y un hombre que vendía discos nos indicó muy amablemente el camino por un valle así que nos aventuramos a ir por el camino y fue un verdadero acierto, en mitad del valle había un hombre con caballos así que preguntamos y por 10 Soles por persona nos dimos un voltio de 1 hora y media con guía incluido.
Ruinas de Pukapukara
Ruinas de Pukapukara
De camino a las Ruinas de Q’enqo
De camino a las Ruinas de Q’enqo
De camino a las Ruinas de Q’enqo
Por lo visto el año 2007 descubrieron unas nuevas ruinas: El Templo de la Luna, todavía estaban excavando pero se podía ver perfectamente, como nuestros guías eran del pueblo nos lo explicaron perfectamente, el Templo de la Luna está enclavado en mitad de un paraje y a simple vista pasa desapercibido pero con ayuda de algún guía puedes entrar dentro. En la entrada están grabados en piedra: el puma, la serpiente y el cóndor. Al puma le falta la cabeza pero es el que mejor se distingue, dentro de la cueva hay un altar y poco más. Nos llevaron por todo el valle a caballo, pasando por un bosque donde según nos contaron está la zona X, todavía no sé lo que es la zona X ya que nos dijeron que era muy peligroso acercarse porque había atracadores sueltos así que lo evitamos. Al finalizar el tour con el caballo y como los guías se habían portado genial les dimos una propineja, se pusieron muy contentos porque eran estudiantes y se levantaban a las 5 de la mañana para poder costearse los estudios.
Templo de la Luna
Templo de la Luna
Puma en la entrada del Templo de la Luna
Serpiente en la entrada del Templo de la Luna
Templo de la Luna
Excursión a caballo
Después de soltar los caballos nos dirigimos andando hacia las ruinas de Q’enqo, estaban como a 5 minutillos andando así que no tardamos mucho, al llegar nos sentamos en lo alto de una roca y nos pusimos a comer unos bocatas que nos habíamos hecho antes de salir, en un plis teníamos como a 6 perros merodeando alrededor nuestro, les debió llegar el olor a choricillo.
Ruinas de Q’enqo
Ruinas de Q’enqo
Ruinas de Q’enqo
Ruinas de Q’enqo
Descansamos un poco y dimos una vuelta por las ruinas de Q’enqo, en principio tampoco hay mucho que ver pero los alrededores son una maravilla, desde un bosque que hay al lado se distingue Cusco, nos tumbamos un ratillo en el bosque para reposar la comida y emprendimos nuestro camino con dirección a las últimas ruinas: Sacsahuamán. Entre las dos ruinas se tardan como 20 minutillos andando. Al llegar había un hombre sentado al lado de una caseta de entrada, se ofreció a hacernos de guía por las ruinas y como eran las más grandes y nos apetecía que nos las explicaran accedimos, nos cobró 20 Soles a los 4 y nos partimos de risa. El señor en cuestión se llamaba Miguel y de guía tenía lo que yo de conductora de aviones, era muy divertido y creo que muy buen amigo de los licores y vinos. Por lo que pudimos pillar de las explicaciones Sacsahuamán se utilizaba como estadio para juegos deportivos, estaba construido en forma de puma simulando los dientes y en teoría la cola del puma estaba en Cusco (esto nos quedó bastante claro).
Miguelito en la Ruinas de Sacsahuamán
Ruinas de Sacsahuamán
Ruinas de Sacsahuamán
Ruinas de Sacsahuamán
Ruinas de Sacsahuamán
Vistas de Cusco desde las Ruinas de Sacsahuamán
Ruinas de Sacsahuamán
Y ahora os contaré la historia de Miguel, en principio yo he deducido que era un buen hombre (de eso no nos cabe duda) que le gustaba «beber» un poco más de la cuenta, como no tenía dinero para costearse sus caprichillos pues decidió acoplarse a los grupos que visitaban Sacsahuamán y de esas escuchas ilegales aprendió cuatro datos básicos e indispensables sobre las ruinas: 1. Que estaban construidas en forma de puma y 2. Que las piedras se las llevaron los españoles para construirse sus casas en Cusco, a esa conclusión he llegado basándome en que nos lo repitió como 50 veces sin exagerar, parecía un disco rayado y no tenía otras explicaciones, cuando le preguntábamos por algo como no se lo sabía se quedaba flipado unos segundos y decía: «habéis visitado ya Machu Picchu?
Solo deciros que la visita fue muy divertida, los chicos no paraban de cachondearse del pobre hombre, yo les regañaba pero cuando me preguntó por 10ª vez si había visitado Machu Picchu no me pude contener más la risa. Al margen del guía, vimos perfectamente las ruinas, sacamos fotos desde el mirador y nos dio tiempo de dar varias vueltas. Ya nos estábamos despidiendo de Miguel y cuando nos disponíamos a tirar una botella de agua vacía a la basura nos dice: me la podéis dejar para prepararme una chicha? MENUDO CRACK!!!!
Para volver a Cusco como de costumbre cogimos un taxi que por 8 Soles nos llevó con una parada en el Cristo Blanco para echarle unas fotillos. Nos dejó en el monumento a Pachacuteq, en teoría la subida a la cabeza del inka es gratis con el boleto turístico pero tuvimos tan mala suerte que estaba en obras y no pudimos subir.
Cristo Blanco de Cusco
Cenamos donde siempre Sol del Valle en San Blas y nos fuimos a dormir después de dar unas vueltas por los mercadillos.
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