Cada cierto tiempo programamos un fin de semana con nuestros amigos de Mi Patria son mis zapatos, nos gusta ir de casa rural por diferentes pueblos de nuestro país y conocer algunos paisajes espectaculares como las Bardenas Reales, pueblos con encanto como Olite o Sigüenza o lugares cargados de historia, brujas y leyendas como Trasmoz, conocido como el «pueblo maldito».
Esta pequeña localidad zaragozana está situada a las faldas del Moncayo, el pico más alto del Sistema Ibérico, y a escasos 15 kilómetros de Tarazona. Trasmoz ha estado envuelta desde la Edad Media en un halo de misterio y según cuentan las leyendas, con razón, ya que en este lugar se celebraban todo tipo de rituales paganos y aquelarres lo que propició la excomulgación oficial del pueblo por parte de la iglesia en el año 1252.
Sin lugar a duda, la bruja más famosa, conocida y temida de la localidad fue la «Tía Casca», una mujer que según dicen, echaba y atraía todo tipo de males a niños, cosechas, animales y todo lo que se le pusiera por delante, tal era la desesperación de los vecinos, que en el año 1850 la despeñaron por un barranco, desde entonces se dice que su alma en pena camina todas las noches por las calles del pueblo.
Trasmoz ha sabido aprovechar esta fama de «pueblo maldito» para atraer turistas, todos los años en verano se celebra una gran feria de brujería, magia y plantas medicinales, la organiza la Asociación Cultural «El Embrujo» y en ella se organizan combates medievales, un mercado esotérico y de artesanía, degustación de la gastronomía de la zona y hasta se elige a la «bruja del año», un galardón que recae en la persona que más ha ayudado durante el año a difundir la cultura de Trasmoz, si paseas por el pueblo se puede ver la placa conmemorativa de «bruja del año» en la puerta de algunas casas con el nombre de la agraciada.
Otra de las festividades que atrae a un buen número de visitantes es «La luz de las ánimas» que se celebra los días 1 y 2 de noviembre, esta fiesta de origen celta marcaba el inicio del invierno y según los ancestros, la llegada del imperio de las tinieblas. Todos los años el pueblo se llena de velas y calabazas para honrar a los difuntos, se organiza una procesión desde la iglesia al cementerio acompañada de rezos y toques de campana, se enciende una gran hoguera y se termina en el castillo con una gran Queimada y música para amenizar la velada.
Llegamos a Trasmoz con una gran tromba de agua pero misteriosamente cuando salimos del coche, dejó de llover. Empezamos a caminar desde la Plaza del Ayuntamiento con dirección al castillo y a medida que subíamos las cuestas ya podíamos ver la silueta del mismo en lo alto del pueblo. Muchas casas tenían ramitas de muérdago en sus puertas o ventanas, según las leyendas, esta hierba era sagrada para los antiguos druidas y posee propiedades mágicas que además protegen a los moradores de las viviendas de los espíritus maléficos.
Llegamos hasta un solitario solar a los pies del castillo, en este lugar está el Monumento a la fregona (2011), una escultura de bronce que homenajea a su inventor, el logroñés Manuel Jalón, que también fue el responsable de la invención de la jeringuilla desechable. El autor de esta obra de arte es el escultor andaluz Luigi Maráez, que además del cubo y la fregona, también fue el diseñador de la estatua de bronce de Gustavo Adolfo Bécquer que estaba situada junto al Castillo de Trasmoz hasta que la robaron en el año 2014.
Gustavo Adolfo Bécquer ha estado muy unido a esta pequeña localidad ya que pasó una buena temporada en el cercano Monasterio de la Veruela, allí escribió su obra «Desde mi Celda», una serie de 9 cartas donde habla de Trasmoz, la construcción de su castillo y la Tía Casca, la bruja más famosa del pueblo.
El Monasterio de la Veruela es el gran responsable de que el pueblo esté excomulgado por parte de la iglesia, más concretamente la culpa la tendría su antiguo abad Pedro Ximénez de Embún que tras una disputa con el señor de Trasmoz por el curso del agua que llegaba a la localidad, maldijo al pueblo, a sus habitantes y a todos sus descendientes.
Continuamos nuestro camino hasta la Plaza de la Iglesia, en ese momento, una misteriosa niebla empezó a cubrir todas las casas, la verdad es que daba un poco de yuyu ir caminando con ese halo de misterio. En este lugar se encuentra la casa de Luigi Maráez, un auténtico museo de la brujería, por lo que he leído tiene hasta ataúdes procedentes de cementerios cercanos, no sé si se puede visitar o no ya que todo estaba cerrado a cal y canto y los únicos que andábamos dando vueltas por el pueblo éramos nosotros, eso sí, pudimos ver la fachada decorada con cruces, caras fantasmagóricas y dos paneles de bronce que representa por un lado a Gustavo Adolfo Bécquer y por el otro al diablo.
La Iglesia de la Virgen de la Huerta data de finales del siglo XII aunque lo único que se conserva de esta época es su fachada principal, de estilo románico, ya que fue restaurada totalmente en el siglo XVI.
Caminamos hasta la puerta del cementerio, todavía quedaban algunas velas y calabazas por los alrededores, no me hacía mucha gracia estar allí con la niebla y un frío que congelaba las entrañas así que subí por un caminillo hasta el castillo, situado en lo una colina en lo alto del pueblo.
Esta fortaleza fue construida en el siglo XII como parte de la línea defensiva cristiana, a lo largo de su historia ha sido motivo de disputas entre los reinos de Castilla, Navarra y Aragón, ha tenido varios propietarios ilustres como Pedro II, Alfonso II, Teobaldo I de Navarra, Jaime I de Aragón o el sacristán de Tarazona que junto a su hermano Pedro Pérez lo utilizaban para acuñar monedas falsas. Todo ello junto con las numerosas historias relacionadas con la brujería ha contribuido a agrandar la misteriosa leyenda del pueblo y su castillo.
Aunque la fortaleza estuvo abandonada durante varias décadas, en los años 70, Manuel Jalón lo compró y junto con algunos profesores de la Universidad de Zaragoza lo acondicionó y restauró por lo que hoy en día es posible visitar su Torre del Homenaje, la parte más antigua del castillo. En el interior se encuentra un pequeño museo donde se exponen algunos objetos pertenecientes a su último señor, Pedro Manuel Ximénez de Urrea como armaduras, flechas, vajillas, etc… El precio de entrada a la exposición es de 2,50€ y solo está abierto de 11:30 a 13:30 horas durante los meses de septiembre y octubre.
Bajamos de nuevo en busca de una fábrica de mermelada, sí, habéis leído bien, mermelada. Habíamos visto por internet que uno de los integrantes de Puturrú de Fuá, un grupo de «cantantes cómicos» de los ochenta, se dedicaba a fabricar extrañas mezclas de frutas y licores bajo el nombre de Bubub, en teoría su base «artística y culinaria» estaba en Trasmoz pero tras preguntar a algunos autóctonos del lugar pudimos comprobar que no existe una tienda en el pueblo así que finalmente compramos un tarro en un bar del sitio donde dormíamos, el nombre era bastante cómico como todo lo que le rodea, se llamaba «Reina del Carnaval» y estaba elaborada a base de mango, plátano, zumo de naranja, miel, ron y vinagre…toda una aventura para el paladar! La verdad es que estaba «rara» pero comible, habrá que probar más, jejejeje.
Nos despedimos de Trasmoz, su castillo y sus brujas, un lugar pequeñito, lleno de misterio y de curiosidades varias como la mermelada, las leyendas, los inventos y algún que otro secuestro famoso como el del padre de Julio Iglesias, alias «Papuchi» que estuvo retenido una temporadita en el pueblo. Si pasáis por allí, tenéis que visitar este rinconcito de Aragón.
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