Nos levantamos y desayunamos temprano ya que teníamos aproximadamente unas tres horas hasta Rovaniemi y a la 1 teníamos que estar en la oficina de Safartica para realizar un paseo en trineo tirado por renos.
Si un consejo os puedo dar de Laponia es que si veis una gasolinera, llenéis el depósito ya que estos establecimientos brillan por su ausencia en esta zona de Finlandia. El caso es que a pesar de que al salir de Saariselkä pensamos en echar gasolina, finalmente no lo hicimos y pasamos un rato bastante malo porque no encontrábamos nada para llenar el depósito y la aguja cada vez bajaba más.
El trayecto fue espectacular ya que pudimos ver el amanecer y el atardecer sobre la nieve, un momento mágico y que me encantaría volver a repetir algún día, Laponia me ha robado el corazón.
Llegamos sobre las 12 a Rovaniemi y nos dirigimos hacia nuestro hotel, el Santa Claus, situado en el centro de la ciudad. El hotel está genial, todo decorado con motivos navideños y con un personal que nos trató de maravilla. Nuestra habitación estaba situada en el sexto piso, era enorme, con un baño muy espacioso y con sauna!
Desde allí hasta la oficina de Safartica hay apenas 200 metros así que con salir 5 minutos antes del hotel tuvimos más que suficiente. Una vez allí nos equiparon para nuestra siguiente aventura, un paseo con trineo tirado por renos, la actividad dura aproximadamente 3 horas entre trayectos, paseo y demás.
Nos forramos como cebollas para el crudo invierno lapón, bufanda, gorro, 3 calcetines, botas especiales, mono, guantes, etc, etc… y a la una y media pasó un pastor de renos de la granja Raitola a buscarnos, que emoción, era la primera vez que iba a estar face to face con un animalito de estas características.
El trayecto hasta la granja duró un cuarto de hora y mientras, el pastor nos iba contando curiosidades sobre los renos, los samis y la forma de vida de los lapones.
No podemos hablar de estos animales sin mencionar a los Samis, el único pueblo indígena de Europa que desde la antigüedad ha criado, cazado y domesticado renos. Se dice que existen alrededor de 200.000 ejemplares de estos animales en Laponia y todos son propiedad de algún pastor sami que cada año marca a sus nuevas crías con un símbolo en la oreja.
Las marcas tienen una gran tradición en Laponia ya que distinguen e identifican al dueño de cada reno. Los bebés sami reciben la marca familiar cuando cumplen los 2 años y aunque hay registradas unas 500.ooo, actualmente tan sólo se utilizan 10.000.
La vida de los renos empieza en primavera, entre los meses de mayo y junio que es cuando las madres dan a luz a las crías tras 240 días de gestación, en los siguientes meses, los pastores marcan a los nuevos y los adultos pastan a sus anchas por los bosques lapones y cogen reservas para afrontar el duro Invierno.
Al llegar el Otoño los machos luchan entre sí para conseguir reunir a su lado una media de 20 – 30 hembras. Durante esta época, los pastores recogen al ganado y seleccionan a los más fuertes, al resto los sacrifican, todo el reno se aprovecha, la carne, la piel, los cuernos, etc, etc…
Nada más llegar a la granja pudimos ver varios ejemplares de renos y obviamente no pude contenerme así que en cuanto bajé del vehículo me fui directa hasta ellos sin pensar en los afilados cuernos que tenían algunos. La verdad es que son muy mansos y se dejan tocar, por lo menos los de allí, parecen peluches gigantes.
El pastor preparó el trineo, lo ató al reno y emprendimos el paseo, tan sólo estábamos nosotros, el pastor y los dos renos. Hacía mucho frío y reconozco que el trineo era un poco incómodo, se me quedó el culo cuadrado, jejejeje.
Allá estábamos Raúl y yo bajo una piel calentita y espanzurrados en el trineo, comenzamos el recorrido por mitad de un bosque, el paisaje era precioso y solo se escuchaba las pisadas del reno y nuestra respiración, llegamos a un claro y pudimos descender para echarnos unas cuantas fotillos.
El pastor nos enseñó cómo conducir el trineo, era bastante sencillo, con una cuerda que iba atada a la cabeza del animal manejabas todo el cotarro, si se embalaba, tirabas de la cuerda un poco y cuando querías que parara, simplemente tirabas firmemente y se quedaba clavado. Me hice toda una experta en la conducción de renos, vamos, que ni el mismísimo Hamilton con su F1 me supera en este arte, jejejeje.
Tras una hora de paseo llegamos de nuevo a la granja, allí pudimos dar de comer a los renos y más tarde el pastor nos preparó zumo calentito de baya, café, té y Cinamon rolls a la luz de la hoguera, allí siguió contando más cosas sobre estos fascinantes animales.
Para finalizar la aventura nos entregaron nuestros carnets de conducción de renos con la marca familiar del pastor así que si queréis una vuelta, aquí tenéis a una conductora experimentada y con carnet!!! jejejeje.
Fue una experiencia increíble y que recomiendo a todo el que visite Laponia, yo desde luego que repetiré, eso lo tengo claro.


















