Visita a Gouffre de Padirac y Rocamadour

La región de Midi-Pyrénées es espectacular y aunque repitas la zona varias veces siempre queda algo pendiente que te deja con la boca abierta, hay varios lugares que posiblemente cualquier viajero pase por alto pero nada mejor que la gente local para recomendar restaurantes con encanto, rincones escondidos o sitios chulos, eso fue lo que nos pasó.

Estábamos desayunando tranquilamente mientras ojeábamos nuestra guía para ver qué podíamos visitar de camino a Rocamadour, nuestro siguiente destino. Cuando ya habíamos casi terminado, se nos acercó el matrimonio que gestionaba el B&B donde nos quedamos con un panfleto en la mano y nos empezó a hablar en francés, no entendíamos ni papa de lo que nos decían pero la foto de lo que traían en la mano tenía muy buena pinta, suerte que existe el Google translator que te saca de apuros en cualquier situación chunga así que entre los gestos, el móvil y algunas palabras que pillábamos al vuelo pudimos entender que nos recomendaban parar en el Gouffre de Padirac.

Nos despedimos, recogimos a nuestra amiga que estaba en un camping cerca de Conques y pusimos rumbo hacia allí. El Gouffre de Padirac es una gran sima situada en la región de Lot y a unos 8 kilómetros de Rocamadour, según algunos estudios existe desde el siglo III d.C pero no fue hasta julio de 1889 cuando fue descubierta por el famoso espeleólogo Edouard Alfred Martel que navegó parte del río subterráneo y exploró alrededor de 2400 metros de túneles y cámaras.

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Cuenta la leyenda que fue el mismísimo diablo quién de un talonazo formó el gran agujero desafiando así a San Martín, el maligno le retó a cruzar la sima, a cambio, le entregaría las almas de los campesinos que estaba a punto de llevarse al infierno. San Martín se montó en su mula y de un saltó cruzó el abismo mandando así al diablo a las profundidades de la cueva, se dice que hoy en día todavía se pueden ver las marcas de los cascos del animal y que la cueva está maldita.

El Gouffre de Padirac tiene una profundidad de 75 metros y un diámetro de 35, actualmente, es una de las cuevas más visitadas de toda Francia y cuenta con 2,2 kilómetros abiertos al público.

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Hacía un calor insoportable y en cuanto llegamos allí ya pudimos ver que el lugar estaba hasta arriba de gente, aparcamos en medio del campo y caminamos unos 400 metros hasta la entrada de la cueva, había una cola impresionante por lo que estuvimos tentados en marcharnos de allí aunque al final decidimos esperarnos, total, ya que habíamos llegado hasta la cueva…

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La entrada al Gouffre de Padirac cuesta 12€ y la visita (que es guiada) dura una hora y media. Para bajar hasta el interior se puede hacer cómodamente en ascensor o a patita por una escalera en zig-zag que tiene alrededor de 450 peldaños. Una vez en la base de la sima hay que descender otros 20 metros hasta alcanzar la Galería de la Fuente, situada a una profundidad de 103 metros y donde se pueden ver proyecciones sobre la vida de Edouard Alfred Martel y el descubrimiento de la cueva.

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Caminamos por el interior hasta llegar al embarcadero, una vez allí cogimos una barca en la que caben alrededor de 20 personas para navegar por el río subterráneo, el trayecto dura aproximadamente 5 minutos y termina en el Lago de la lluvia donde más vale que tengáis a mano el chubasquero, en medio del mismo se encuentra una gran estalactita (Gran Pendeloque) que mide nada más y nada menos que 60 metros de alto y casi llega a tocar el agua. En este punto también os harán una foto que más tarde podéis comprar al «módico» precio de 10€, como no, la fotografía y el vídeo dentro de la cueva están prohibidos, ya lo tienen bien montado.

Lago de la Lluvia - Foto sacada de www.vallee-dordogne.com
Lago de la Lluvia – Foto sacada de www.vallee-dordogne.com

Tras el paseo en barca nos dirigimos caminando al Lago Gours, de color azul cristalino y a la Sala del Gran Domo que tiene una impresionante cúpula de 94 metros de altura y un bonito lago con caprichosas formas, la más rara es una que parece una pila de platos, volvimos a la barca y regresamos de nuevo al punto de partida, esta vez en lugar de bajar por las escaleras, yo, decidí subir en ascensor, tampoco hay que machacar al cuerpo con tanto deporte, jejejeje.

Lago Gours - Foto sacada de www.vallee-dordogne.com
Lago Gours – Foto sacada de www.vallee-dordogne.com

Nos dirigimos hacia Rocamadour y en cuanto llegamos ya pudimos ver el bonito pueblo enclavado en la roca en medio del Barranco del Río Anzou.

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Su historia se remonta a la Edad Media, época en la que numerosos peregrinos de toda Europa y Francia llegaron hasta aquí para venerar a la Virgen Negra y al cuerpo incorrupto de Amadour, descubierto en el año 1166 a los pies de la capilla donde se encontraba la virgen a la que se le atribuyen numerosos milagros. Hoy en día es un importante centro de peregrinación y uno de los lugares más visitados de Francia.

Lo primero que hicimos fue ir a comer, estábamos desmayados así que dejamos el coche justo enfrente del pueblo y nos pedimos unos crepes (que estaban de muerte) en un pequeño restaurante que tenía terraza con vistas al acantilado. Como bajar en coche lo vimos bastante chungo (estaba todo colapsado de coches) y la entrada a Rocamadour está prohibida con vehículos, decidimos ir andando desde la Chapelle Saint Jean, menuda caminata bajo un sol asfixiante.

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Para los más comodones existe un trenecito que conecta entre las 10 y las 19:30 los diferentes parkings de Rocamadour y te lleva por la calle principal, el precio es de 3,50€ con comentarios sobre los lugares más importantes de la localidad, lástima que no lo vi antes sino me hubiera ahorrado dos kilómetros o más de caminata, jejeje.

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Cruzamos la Puerta Salmon que da acceso al casco antiguo y data del siglo XIV, era una de las once torres de defensa que protegían la ciudad en caso de invasión y una de las principales entradas a Rocamadour.

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La localidad está dividida en tres zonas, la más alta de todas donde se encuentra el castillo y las murallas, la central que está ocupada por todos los santuarios y la más baja que alberga el centro histórico, las viviendas y numerosas tiendas de recuerdos, jabones, vinos y de gastronomía típica de la zona como el queso de cabra (elaborado con leche cruda entera), el foie gras o las trufas.

Caminamos a lo largo de la calle principal (Grand Rue) esquivando a una gran cantidad de gente hasta llegar a «la Grand Escalier» o «Escalier des Pèlerins» que da acceso a la zona de santuarios de Rocamadour a través de 217 escalones.

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Esta escalera es el tramo final de todo peregrino, muchos de ellos la suben de rodillas y según reza en un cartel al principio, numerosas personalidades y miembros de la realeza han subido por ella como el Rey Luis IX de Francia, San Antonio de Padua, Alfonso III de Portugal, el marinero Jacques Cartier o el mismísimo Enrique II de Inglaterra. La escalinata es dura de narices, cruza el antiguo Palacio de Obispos mediante un túnel y finalmente la Gran Puerta Santa, menos mal que hicimos varias paraditas por el camino porque menudo palizón!

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El Santuario de Rocamadour se compone de siete templos, Basílica de San Salvador, Santa Ana, San Blas, San Juan Bautista, San Luís, San Miguel y Notre Dame, donde está la famosa Virgen Negra, una talla de madera del siglo XII.

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La entrada a las capillas es gratuita por lo que empezamos por la de San Juan Bautista, la más pequeña de todas y que tiene una gran portada de estilo gótico, data del siglo XV y su interior alberga una bonita pila bautismal donde los peregrinos pueden renovar sus votos bautismales. La capilla es minúscula y apenas caben 5 personas, sus paredes están decoradas con cuadros de personajes importantes que han visitado el lugar como el Rey Carlos de Francia que peregrinó a Rocamadour en el año 1321 o el Rey Luis IX.

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Justo enfrente encontramos la Basílica de San Salvador, la iglesia más grande del santuario. Tiene más de 850 años y está declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En su interior destaca el órgano y la nave central, principalmente por sus arcos y bóvedas.

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Otro de los lugares que está declarado Patrimonio de la Humanidad es la Cripta de San Amador, bajamos pero estaba a punto de empezar una misa así que salimos de allí echando leches.

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Sin lugar a duda, el lugar más famoso y concurrido del santuario es la Basílica de Notre Dame, construida en el año 1479 y que alberga la talla de la Virgen Negra. Esta imagen ha sufrido varios incidentes a lo largo de su historia, fue pisoteada y lapidada por soldados franceses en 1235, sobrevivió a un gran incendio en el siglo XVI e incluso unos ladrones robaron una joya que llevaba encima y fue donada por el Papa Pio IX, aunque hoy en día tenga este aspecto negrusco, no siempre ha sido así, se cree que es debido a el humo de las velas o al paso del tiempo.

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En la capilla destacan tres cosas más, por un lado la campana que según cuenta la leyenda sonaba sola, sin que nadie la accionara, cada vez que algún marinero estaba en peligro y rogaba a la Virgen, en segundo lugar, los barcos que cuelgan del techo, regalo de marineros agradecidos por su salvación y por último, las numerosas ofrendas de los peregrinos como esposas de ex-convictos, muletas y velas, muchos de estos objetos se retiran a menudo para dejar sitio y que no se llene la iglesia.

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Saliendo a mano izquierda se puede ver la antigua sepultura de San Amador y justo encima la famosa Espada Durandal del caballero Roldán, sobrino de Carlomagno que murió en la Batalla de Roncesvalles en el año 788. Según cuenta la leyenda, Roldán intentó partir la espada en dos partes para evitar que cayera en manos enemigas pero no pudo así que la lanzó y ésta se clavó en la roca, ha estado allí hasta el año 2011, fecha en la que fue retirada y cedida al Museo Cluny de París, hoy en día lo que se puede ver es una réplica y evidentemente no se sabe el origen de esta misteriosa espada, se cree que fueron los monjes de Rocamadour quien inventaron tal leyenda para atraer a más gente al lugar por lo que vete a saber tú de donde procede.

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Para terminar nuestra visita al santuario nos dirigimos a la Capilla de San Luís, un curioso templo donde cuelgan de las paredes camisetas de diferentes equipos de rugby franceses.

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Como no habíamos andado suficiente (modo ironía on), decidimos subir hasta el castillo por el Camino de la Cruz (Chemin de la Croix), un sendero bastante empinado y por suerte con muchos árboles con sombra. Para llegar hasta arriba tienes que pasar por 14 esculturas que representan escenas del Vía Crucis de Jesús y dos cuevas, una que tiene la imagen de San Antonio de Padua y la otra la Gruta de la Natividad donde se puede ver una imagen sobre la vida y muerte de Jesús, en aproximadamente 40 minutos ascendimos los 150 metros que separan la fortaleza del antiguo pueblo medieval, eso sí, menudo palizón!.

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Coronando el pueblo y los santuarios se alza el majestuoso castillo, del siglo XIX. Actualmente es propiedad privada pero es posible visitar una pequeña parte de las murallas pagando 2€, como a mí lo que me gustan son las habitaciones, mazmorras y esas cosas que suele haber en toda fortificación y no podía verlo decidí no entrar, total, las vistas son espectaculares desde cualquier lugar cerca del castillo.

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Fuimos en busca del coche para acercarnos a una feria ganadera que se celebraba en Rocamadour el fin de semana, vendían quesos, miel, embutidos, etc… Por supuesto que salimos de allí con unas cuantas cosillas, tenía todo muy buena pinta! Así terminó nuestra aventura en esta pequeña localidad cargada de historia.

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