Alcalá de Júcar era uno de esos lugares que teníamos en nuestra lista interminable de «sitios a los que tenemos que ir algún día» y lo curioso es que terminamos allí de pura carambola.
Volvíamos de nuestro viaje por Cádiz, aún nos quedaban unas cuantas horas de coche hasta casa y, buscando un sitio donde hacer una parada, nos vino a la cabeza este pueblo, miramos el mapa, vimos que nos pillaba más o menos de camino y pensamos: «Si no es ahora, ¿cuándo?» y dicho y hecho, allá que nos fuimos.
Menos mal que tomamos esa decisión, porque fue un auténtico flechazo, nada más llegar vimos las casas trepando por la montaña, el castillo dominándolo todo desde lo alto y el río Júcar serpenteando a sus pies y nos flipó, es uno de esos lugares que, por muchas fotos que hayas visto, consigue sorprenderte igual, ahora entendemos perfectamente por qué está considerado uno de los pueblos más bonitos de España, de hecho, creemos que solo con asomarte a su mirador principal ya merece la pena el viaje.
Pero si hay algo que nos conquistó de verdad fue el ambiente, a pesar de ser un destino bastante conocido, Alcalá de Júcar sigue teniendo ese ritmo pausado que invita a disfrutarlo sin mirar el reloj. Aquí el plan no es correr de monumento en monumento, sino callejear sin rumbo, subir y bajar sus cuestas, cruzar el puente una y otra vez, descubrir sus casas cueva y parar cada dos por tres porque el paisaje te obliga a sacar otra foto.
Un poco de historia de Alcalá del Júcar
Aunque hoy sea uno de los pueblos más visitados de Castilla-La Mancha, Alcalá del Júcar tiene una historia que se remonta muchos siglos atrás.
Su ubicación no fue fruto de la casualidad, el enorme cañón excavado por el río Júcar convertía este lugar en un enclave prácticamente inexpugnable, por lo que fue ocupado desde época musulmana, alrededor del año XII, de hecho, el nombre de Alcalá procede del árabe Al-Qal’a, que significa «la fortaleza», una pista bastante clara de la importancia estratégica que tuvo durante siglos para frenar el avance cristiano.
Tras la Reconquista pasó a manos cristianas en 1213 y fue creciendo alrededor del castillo, adaptándose a una geografía tan espectacular como complicada, quizá por eso una de las cosas que más sorprenden al recorrer el pueblo es cómo las casas parecen estar literalmente incrustadas en la montaña, en algunos casos, las propias cuevas excavadas en la roca siguen formando parte de las viviendas y de antiguos comercios.
Hoy, por suerte, la batalla aquí consiste únicamente en decidir desde qué mirador se obtienen las mejores vistas, dónde comer o como meterte en el río sin que se te congelen las ideas, el agua esta «un poquillo» fresquita, jejeje.
Qué ver y hacer en Alcalá del Júcar
Aquí te contamos todo lo que puedes ver o hacer en Alcalá de Júcar para que aproveches al máximo tu visita, sitios imprescindibles, algunos rincones que no te puedes perder y varios consejos que seguro te vendrán de lujo para organizar tu escapada.
Contemplar el pueblo desde un mirador
Si vas a visitar Alcalá del Júcar, te aconsejo que no entres directamente al pueblo, antes de volverte loco buscando aparcamiento o pensando en qué vas a ver primero, hay una parada obligatoria en la carretera de acceso CM-3201, el Mirador de Casas de Cerro
Está situado a unos 4 kilómetros de la entrada y es una de las mejores vistas de la zona, desde allí arriba puedes llegar a entender por qué este lugar siempre aparece en las listas de los pueblos más bonitos de España. La panorámica es flipante: un bonito castillo dominando el horizonte, hileras de casas blancas excavadas directamente en la roca que parecen colgar del abismo, y el Río Júcar a los pies del pueblo, es es un paisaje realmente espectacular, típico de los que aparecen en una postal.
No vayáis a creer que solo se puede admirar Alcalá de Júcar y su cañón desde un lado, hay varios miradores que también merecen una visita y no te puedes perder como el Mirador de Las Eras, situado en el pueblo vecino, más concretamente en la Calle Morrón, desde allí se puede ver la zona norte del pueblo, verás las fachadas blancas trepando por la imponente pared del cañón a la derecha del río, y muy de cerca, la silueta del castillo. Es un lugar perfecto si quieres combinar las fotos de rigor con una buena comida, ya que se encuentra junto al popular restaurante El Mirador.
Si tienes pensado caminar un rato por el Sendero del Corciolico, una ruta circular bastante sencilla que une el río con las Casas del Cerro, también podrás disfrutar de una buena panorámica de la Hoz de Júcar en el Mirador del Barranco de la Noguera, cuando ya estás descendiendo. Y para terminar y no menos importante, desde el Puente romano y la Playeta salen unas fotos chulísimas del pueblo, el castillo y el río.
Date un chapuzón en La Playeta… si te atreves
Después de subir cuestas, recorrer callejuelas y visitar cuevas, llega el momento de premiarte con un buen baño si visitas el pueblo en época veraniega, y para eso no hay mejor sitio que La Playeta, la playa fluvial de Alcalá del Júcar.
Está situada a los pies del casco histórico, junto al río Júcar y muy cerca del famoso puente, es un rincón perfecto para descansar un rato, tumbarte bajo la sombra de los árboles o simplemente disfrutar de una de las vistas más bonitas del pueblo mientras escuchas el sonido del agua.
La zona está muy bien preparada para pasar unas horas, encontrarás un merendero con mesas de picnic, aseos y, justo al lado, el Bar La Playeta, donde puedes tomarte una bebida bien fría, picar algo o comer con unas vistas estupendas al río y al pueblo.
Ahora bien… toca hablar de la temperatura del agua, porque sí, meterse en el Júcar aquí es un deporte de alto riesgo, el agua está mega, ultra, hiper fría, de esa que primero te hace replantearte todas las decisiones que te han traído hasta allí, luego te corta la respiración durante cinco segundos y, finalmente, hace que salgas sintiéndote una persona completamente nueva a pesar de solo haber metido los dedos del pie, jejeje.
Eso sí, hay que reconocer una cosa, sales con la piel más suave que el culito de un bebé y con la circulación funcionando perfectamente para unos cuantos mesecillos, no sé si tiene propiedades terapéuticas, pero después de ese baño te sientes preparado para conquistar el mundo… o, como mínimo, para subir otra vez hasta el castillo.
Si visitas Alcalá del Júcar en verano, llevar el bañador en la mochila es casi obligatorio, puede que el primer contacto con el agua sea un pequeño trauma, pero también será uno de esos recuerdos que acabarás contando entre risas cuando vuelvas del viaje.
Cruzar el Puente Romano, que no es romano
Si hay un lugar que no puedes dejar de pisar en Alcalá del Júcar, ese es su archiconocido puente. Aunque todo el mundo lo conoce como Puente Romano, la realidad es que el que vemos hoy fue construido en 1771, sobre otro puente mucho más antiguo que sí pudo tener origen romano o medieval, con el paso de los siglos, las riadas del Río Júcar hicieron necesario reconstruirlo, dando lugar al puente de piedra que ha llegado hasta nuestros días.
Durante siglos fue un paso estratégico para cruzar de una orilla a otra y formó parte de una importante ruta comercial entre Castilla y el Levante, incluso llegó a funcionar como aduana en la frontera con el antiguo Reino de Aragón, así que por aquí no solo pasaban viajeros, también mercancías e historias.
Pero más allá de su historia, cruzarlo es casi una obligación si visitas este pequeño rincón de Albacete, a cada paso cambia la perspectiva del pueblo y, cuando llegas a la parte baja, entenderás por qué este es uno de los rincones más fotografiados de Alcalá del Júcar, desde aquí tendrás una de las mejores vistas.
Perderse por las calles de Alcalá de Júcar
Y una vez cruzas el puente, la mejor forma de descubrir Alcalá del Júcar es hacer algo que normalmente intentamos evitar cuando viajamos, perderse, aquí es facilísimo. Sus calles estrechas, empedradas y llenas de rincones con encanto forman un auténtico laberinto que parece diseñado para que acabes diciendo: «¿Pero esta calle no la había pasado ya?».
Eso sí, antes de lanzarte a la aventura, un pequeño aviso, ven con las piernas preparadas y con el buche lleno, o como mínimo trae algunos frutos secos por si te entra la pájara, en Alcalá del Júcar casi todas las calles tienen una cosa en común… ¡van cuesta arriba! Aquí el GPS puede ayudarte a orientarte, pero el que realmente va a trabajar es el gemelo, por suerte, la recompensa llega en forma de miradores, callejones con muchísimo encanto y vistas espectaculares a cada pocos metros.
Mientras callejeas, merece la pena hacer una parada en la Iglesia de San Andrés, situada en pleno corazón del casco histórico y construida entre los siglos XV y XVIII, combina diferentes estilos arquitectónicos y se integra a la perfección en el paisaje del pueblo.
Otro de los lugares más curiosos del casco histórico es el museo dedicado al mundo del cine, está situado en la Calle San Lorenzo y su dueño es el mismo que el de las famosas Cuevas del Diablo, en la antigüedad aquí estaba el cine del pueblo, alrededor del año 1950 podía albergar hasta 280 personas y en su interior, se exponían objetos y proyectores antiguos, las viejas butacas y hasta la antigua barra del bar pero lamentablemente hoy en día está cerrado y solo se puede ver el antiguo letrero de forja de la entrada principal, una pena.
Mi consejo es que no intentes seguir un recorrido fijo, déjate llevar, sube una calle, baja otra, asómate a cada rincón y para todas las veces que haga falta, en Alcalá del Júcar, muchas veces el mejor descubrimiento no está marcado en el mapa, sino en esa callejuela por la que decidiste entrar simplemente porque te pareció bonita.
Senderismo por los alrededores de Alcalá de Júcar
Si eres de los que no pueden visitar un destino sin hacer al menos una ruta de senderismo, en Alcalá del Júcar vas a estar en tu salsa. Más allá del precioso casco histórico, los alrededores esconden cañones, barrancos, bosques y miradores desde los que el valle del Júcar se ve todavía más espectacular.
Nosotros, muy a nuestro pesar, no pudimos hacer ninguna ruta porque no teníamos tiempo, y mira que nos quedamos con ganas, así que ya tenemos la excusa perfecta para volver.
Si tú sí dispones de unas horas extra, estas son algunas de las rutas más populares que puedes realizar por los alrededores de Alcalá de Júcar:
Sendero del Morrón
Es una de las rutas más conocidas de la zona, sale desde el propio pueblo y recorre parte del valle siguiendo el río hasta la pedanía de Tolosa para regresar por la parte alta de la hoz, son unos 12 kilómetros, tiene una dificultad media y se tardan unas 4 horas en recorrerla, bueno, seguramente si voy yo tardo ocho, jejeje. Durante el recorrido disfrutarás de unas vistas increíbles del Cañón del Júcar y del pueblo desde diferentes perspectivas.
Sendero del Batán
Otra de las rutas estrella, también comienza en Alcalá del Júcar y se adentra por la impresionante Hoz del Júcar hasta la aldea de La Gila, regresando junto al río, tiene una duración aproximada de 3 horas y media, una dificultad media-baja y es perfecta si buscas combinar naturaleza, tranquilidad y algunos de los paisajes más bonitos de la zona.
Sendero del Corciolico
Si prefieres una ruta más corta, esta puede ser una buena opción ya que además es circular. Parte desde el fondo del valle y asciende hasta Casas del Cerro, regresando por barrancos y senderos. Se completa en aproximadamente 1 hora y media y tiene una dificultad media, principalmente por la subida inicial, la recompensa llega con unas vistas espectaculares del valle y de Alcalá del Júcar desde las alturas.
Sea cual sea la ruta que elijas, llévate agua, calzado cómodo, crema del sol, gorra y la cámara bien cargada, porque el paisaje invita a parar cada pocos minutos para hacer una foto. Nosotros nos fuimos con la sensación de haber visto un pueblo precioso… pero solo una pequeña parte de todo lo que esconden sus alrededores.
Subir al Castillo de Alcalá del Júcar
Una visita que no hay que perderse es subir hasta el Castillo de Alcalá de Júcar, sí, la cuesta hasta llegar arriba tiene su encanto… aunque tus piernas probablemente tengan una opinión diferente, si os soy sincera, estuve a punto de darme la vuelta varias veces, entre el calor y lo que hay que subir por poco y no llego, jejeje. Reconozco que cuando coroné la cima y vi el paisaje, reconocí que el esfuerzo estaba más que justificado y me sentí como si hubiera ganado el Tour de Francia.
El castillo está en la parte más alta del pueblo incrustado en una roca y lleva vigilando el valle del Júcar desde hace siglos. Su origen se remonta a la época almohade, entre los siglos XII y XIII, cuando se construyó como una fortaleza defensiva para controlar el paso por el cañón, más tarde pasó a manos cristianas tras la Reconquista y fue ampliándose hasta convertirse en uno de los símbolos que hoy identifica a Alcalá del Júcar.
No esperes encontrar un castillo enorme lleno de salas tipo al Alcázar de Segovia, eso sí, puede recorrer el Patio de Armas, subir a la Torre del Homenaje, visitar las diferentes salas que acogen pequeñas exposiciones temporales y, por supuesto, asomarte al torreón, desde donde disfrutarás de unas vistas espectaculares del pueblo, el río Júcar y todo el valle, es uno de esos lugares donde la cámara del móvil no descansa ni un minuto, creo que tengo más de 30 fotos del pueblo desde el castillo así que imaginad.
La entrada general cuesta 3,50 € e incluye una visita combinada al castillo y a la Casa-Cueva del Castillo, una vivienda excavada en la roca que permite descubrir cómo era la vida tradicional en estas singulares casas cuevas tan características del municipio.
En cuanto a los horarios, el castillo abre todos los días del año (excepto el 1 y 6 de enero y el 25 de diciembre), aunque cambian según la época.
- Del 16 de marzo al 30 de junio y del 16 de septiembre al 31 de octubre: de lunes a viernes de 10:30 a 14:00 horas y de 16:00 a 19:00 horas; sábados y domingos hasta las 20:00 horas.
- Del 1 de julio al 15 de septiembre: de lunes a viernes de 10:30 a 14:00 horas y de 16:30 a 19:30 horas; sábados y domingos hasta las 20:30 horas.
Para consultar precios y horarios actualizados es recomendable que visites la página web del Castillo de Alcalá de Júcar antes de visitarlo.
Visitar las Cuevas del Diablo y la Cueva de Masagó
Si pensabas que ya habías visto todo lo que ofrece Alcalá del Júcar, espera a descubrir lo que esconde bajo la roca. El pueblo no solo sorprende por sus calles o su castillo, también por sus impresionantes cuevas excavadas en la montaña y aunque ambas tienen algo en común, cada una ofrece una experiencia completamente diferente.
La Cueva del Diablo
No te asustes por el nombre, porque aquí lo único realmente diabólico es lo fácil que resulta quedarse con la boca abierta. La Cueva del Diablo comenzó a excavarse a principios del siglo XX como bodega y picadero, aunque parte del recorrido conecta con la histórica Cueva del Rey Garadén, utilizada siglos atrás como puesto de vigilancia y aduana durante la época medieval.
Hoy puedes recorrer un auténtico laberinto de galerías excavadas en la roca que atraviesan la montaña de lado a lado, además, durante la visita encontrarás antiguos espacios destinados al vino, curiosos rincones decorados y varios balcones naturales con unas vistas espectaculares sobre el cañón del río Júcar. Y sí, hay una sorpresa que casi nadie espera, un bar excavado dentro de la propia cueva, donde podrás tomarte algo rodeado de piedra, no todos los días se puede decir que has tomado un café o una cerveza en el interior de una montaña.
La entrada cuesta 5 € e incluye una consumición (café, refresco o cerveza), así que la visita sale todavía mejor de precio, además, si visitas Alcalá de Júcar en los meses más calurosos, agradecerás entrar un ratito y sentarte a la «fresca». Para organizar mejor la visita os dejo su página web donde se pueden consultar los precios y horarios actualizados.
La Cueva de Masagó
Si la Cueva del Diablo es la más sorprendente, la Cueva de Masagó es probablemente la más auténtica. Se trata de una de las pocas cuevas del pueblo que conserva gran parte de su excavación original realizada completamente a mano, permitiendo descubrir cómo eran las tradicionales casas cueva donde vivían muchas familias de Alcalá del Júcar.
El recorrido atraviesa la montaña hasta salir al otro lado del cañón y, por el camino, podrás visitar una antigua bodega medieval, un pequeño museo de fósiles, una colección de monedas antiguas, un museo etnográfico dedicado a la vida en el campo y diferentes estancias que muestran cómo era el interior de una casa cueva tradicional, todo ello acompañado por la agradable temperatura constante que mantiene la roca durante todo el año.
La entrada general cuesta 5 € aunque lo mejor es entrar en su página web para consultar toda la información actualizada.
Mi consejo es que, si tienes tiempo, visites las dos porque aunque a simple vista puedan parecer similares, cada una tiene su propia personalidad. La Cueva del Diablo destaca por su ambiente, sus balcones y ese bar tan peculiar, mientras que la Cueva de Masagó permite entender mucho mejor la historia y la forma de vida tradicional de Alcalá del Júcar, juntas forman uno de los planes más originales que puedes hacer en el pueblo.
Dónde aparcar en Alcalá de Júcar
Si vas a visitar Alcalá del Júcar en coche, hay una cosa que debes saber, aparcar puede convertirse en una pequeña aventura, sobre todo si viajas en verano o durante un puente. Sus calles son estrechas y el pueblo recibe muchísimos visitantes, así que paciencia… ¡merece la pena!
La mejor opción es dejar el coche en alguno de los aparcamientos habilitados a la entrada del pueblo, encontrarás varios parkings junto al río y otro en la zona del castillo, desde los que podrás recorrer el pueblo caminando sin problema.
Algunos de estos aparcamientos son gratuitos, mientras que otros son de pago, el precio suele rondar los 2 € al día (aunque pueden variar según la temporada).
En nuestro caso fuimos en pleno verano y, para qué engañarnos… nos costó un «poquillo» encontrar sitio aunque después de dar alguna que otra vuelta, acabamos aparcando en un parking que hay junto a la Playeta, una ubicación que nos pareció perfecta porque en apenas unos minutos estábamos cruzando el puente y disfrutando de uno de los pueblos más bonitos de Castilla-La Mancha, eso sí, mejor que lleguéis temprano ya que a medida que avanzan las horas, se duplican también los visitantes, jejeje.
Hasta aquí dio de sí nuestro recorrido por Alcalá de Júcar, un lugar al que teníamos muchas ganas y que no nos defraudó, estamos deseando volver y pasar allí algún fin de semana para poder recorrer alguno de los senderos que rodean el pueblo, disfrutar de la gastronomía y probar alguno de los alojamientos rurales que hay por la zona. ¿Conocíais este rinconcito manchego?, ¿Nos recomendáis algún sitio más para ver para nuestra próxima visita?






























