Nunca habíamos tenido vacaciones en enero así que cuando nos dijeron que teníamos una semana libre empezamos a barajar opciones, nuestra primera mira estaba puesta en Finlandia, tenemos muchas ganas de visitar Laponia y ver auroras boreales pero por lo visto este mes no es el propicio así que seguimos buscando y al final se nos iluminó la bombillita, ¿por qué no visitar Cuba? Enero es un mes perfecto, hace calor, no hay huracanes…pero tiene un inconveniente, los vuelos están por las nubes.
Estuvimos ojeando varios buscadores con la esperanza de encontrar algo barato pero los vuelos no bajaban de los 700 € así que pasamos al plan B, coger un paquete de esos que te incluye el vuelo + hotel, total, luego íbamos a hacer lo que nos diera la gana así que finalmente esa fue nuestra elección.
Llegamos al Aeropuerto José Martí a las 7 de la tarde pero hasta las 10 no salíamos de él ya que para empezar bien nuestra aventura en Cuba nos equivocamos de cola en el control de pasaportes y nos plantamos en la de «familias» así que cada vez que llegaba un vuelo aparecían decenas de niños con sus padres y como tenían preferencia pues nos quedábamos con tres palmos de narices sin poder hacer nada, intentamos cambiarnos de cola pero era volver a empezar, estaba todo a reventar de gente así que nos resignamos y esperamos religiosamente hasta que nos plantificaron el sello de entrada.
Para dormir en La Habana escogimos el Hotel Capri situado en Vedado, una de las zonas más animadas de la capital cubana. Este alojamiento abrió sus puertas en 1957 y rápidamente se convirtió en uno de los símbolos de la presencia de la mafia estadounidense en la ciudad. Junto con el Hotel Habana Riviera y Habana Hilton (hoy en día Habana libre) fue uno de los alojamientos más emblemáticos de los años 50 y uno de los más grandes de aquella época. En el año 2003 cerró sus puertas y volvió a abrir en 2014 totalmente renovado. Bajo mi punto de vista creo que el hotel deja mucho que desear, si bien todas las habitaciones son nuevas tiene algunas carencias como la limpieza y los servicios pero supongo que no se puede pedir peras al olmo.
Una de las mejores cosas del Capri es el desayuno, muy completo, me ponía hasta el culo todas las mañanas. Tras nuestra primera noche en la ciudad decidimos empezar la visita a La Habana por la zona centro de la capital y la Habana Vieja, declarada Patrimonio de la Humanidad desde 1982.
Salir a la calle es como retroceder 50 años en el tiempo, coches que parecen sacados de películas de gangsters, edificios que se caen a cachos y calles llenas de baches, algunas sin asfaltar. A pesar de que nuestro destino estaba a unos 7 kilómetros decidimos ir andando y disfrutar de la esencia habanera.

Callejeando llegamos a la Plaza 13 de Marzo donde se encuentra el Museo de la Revolución. Este lugar fue testigo el día 13 de marzo de 1957 del intento de asesinato del presidente cubano Fulgencio Batista, un joven se nos acerca y nos cuenta toda la historia de pe a pa, la idea era matar a Batista y después anunciarlo en Radio Reloj pero finalmente el atentado falló. En la plaza podemos ver un trozo de la antigua muralla de La Habana y un gran tanque SAU-100 que fue el que utilizó Fidel Castro durante la invasión en Bahía Cochinos en 1961. Además, a mano izquierda está el edificio de 8 plantas desde donde se disparó a Batista y a mano derecha la antigua Tabacalera.

El Museo de la Revolución se encuentra en el antiguo Palacio Presidencial y es uno de los lugares más interesantes de la ciudad para conocer todo lo relacionado con la Revolución cubana. La visita se puede hacer por libre o con guía y el precio de las mismas son 4 y 6 CUC, el horario es de 10 a 16 horas.
Como no habíamos encontrado ningún sitio para cambiar dinero decidimos que volveríamos en otro momento así que continuamos nuestro paseo, subimos por la Calle Bélgica dejando a mano izquierda el famoso edificio Bacardi construido en 1930 y que llegó a ser la construcción más alta de La Habana. Pasamos el famoso bar Floridita (al que volveríamos después) y llegamos hasta el Parque Central. Este lugar está rodeado de algunos de los edificios más emblemáticos de la capital cubana como el famoso Hotel Inglaterra, el Gran Teatro de La Habana o el cine Payret, uno de los más grandes de la ciudad, en el centro está un memorial a José Martí.

Dimos más vueltas que una peonza y al final tuvimos que ir a la concurrida y famosa Calle Obispo a un CADECA que estaba hasta arriba de gente, lo bueno de esperar colas es que te empapas del ambiente callejero, que si uno ofreciendo puros «baratos», que si otro bailando, otro más pidiendo….en fin, que estuvimos allí cerca de 40 minutos.
Ya con dinero decidimos que nos estrenaríamos tomando uno de esos Daiquiris ricos que hacen el Bar Floridita así que caminamos unos 200 metros y allá que nos metimos. No cabía ni un alfiler pero por suerte en cuestión de colarse soy una anguila así que en menos de 5 minutos ya estábamos en la pole position frente al camarero que hacia las mezclas, nos pedimos uno de fresa y uno normal que estaban de vicio aunque eso sí, el famoseo se paga, en concreto nos cobraron 6 CUC por daiquiri. El Bar Floridita funciona desde el año 1817 y por sus instalaciones han pasado infinidad de personalidades del mundo de la cultura, política, cine o deporte aunque sin lugar a dudas su cliente vip ha sido Ernest Hemingway quién acudía diariamente al Floridita e incluso llegó a escribir algunas páginas de sus libros allí. Hoy en día una gran estatua de bronce del escritor es el atractivo principal del local.

Salimos con alguna que otra dificultad esquivando guiris y nos dirigimos hacia el Capitolio de Cuba construido en el año 1926 por orden del dictador cubano Gerardo Machado. Las medidas del edificio se asemejan al de Washington aunque son 1 metro más ancho, más alto y más largo, en un primer momento fue utilizado como sede del congreso cubano aunque actualmente alberga la Academia de ciencias y la Biblioteca de ciencia y tecnología pero no se puede visitar ya que está de obras así que nos quedamos con las ganas, habrá que volver ya que el interior tiene que ser precioso!

Regresamos de nuevo a la Calle Obispo para dirigirnos a una de las 4 plazas importantes con las que cuenta La Habana Vieja, la Plaza de la Catedral. Este lugar es conocido también como la «ciénaga» ya que fue construido encima de una antigua zanja que abastecía la ciudad de agua y en ella se encuentra uno de los edificios religiosos más importantes de la capital cubana, la Catedral de San Cristóbal de la Habana.

El templo se levantó en 1948 por orden del obispo José de Res Palacios y es un claro ejemplo del arte barroco en Cuba. Además de la catedral la plaza cuenta con otros edificios importantes que datan del siglo XVIII como el Palacio de los Marqueses de Aguas Claras (actualmente Restaurante el Patio), el Palacio del Conde de Lombillo (actual Sede de la Oficina del Historiador), El Palacio del Marqués de Arcos (actual taller gráfico experimental) y el Museo de Arte Colonial situado en la antigua residencia de los Condes de Bayona, la entrada al museo cuesta 2 CUC y el horario es desde las 9 hasta las 18:30.

Como nosotros no somos muy de museos nos dedicamos a ver el ambientillo que había en el lugar y tras un rato allí nos dirigimos a una pequeña calle que sale a la izquierda de la catedral para ir hasta la archiconocida Bodeguita del Medio. Este local está situado en la Calle Empedrado nº 307 y junto con El Floridita son uno de los sitios más concurridos de La Habana.

Cuando nos quedaban unos pocos metros ya deducimos que estábamos llegando porque había una gran aglomeración de gente y os puedo asegurar que aunque me colé entre unos cuantos guiris no pude pasar de la puerta, estaba a reventar! La Bodeguita del Medio abrió sus puertas en el año 1942 aunque no siempre ha sido un bar, en sus comienzos se llamó la Bodeguita de Martínez y era una pequeña tienda de ultramarinos donde se reunían algunas personalidades cuando estaban cerca de allí, el local fue ganando fama hasta que se convirtió en lo que es hoy en día. Según el escritor Ernest Hemingway lo mejor de la bodeguita son sus mojitos, obviamente no llegamos a probarlos pero personalmente creo que no deben de ser para tanto ya que vi al camarero preparar 15 de golpe así que mucho cariño no le ponen, me queda pendiente volver para comprobarlo, jejejeje.


Enfilamos la Calle Mercaderes, una de las arterias principales de la Habana Vieja, rumbo a la Plaza de Armas, el lugar donde nació la ciudad. Esta plaza es una de las más antiguas de La Habana y en ella se concentran algunos de los edificios más importantes de la historia de la capital cubana, por un lado el Museo de la ciudad situado en la antigua residencia de los capitanes generales, una bella edificación barroca que data del año 1770 y que fue construida en el lugar que ocupó la primera iglesia de La Habana. El museo cuenta con aproximadamente 40 salas y cuesta 3 CUC, el horario es desde las 9:30 hasta las 18:00 horas, los lunes cierra por lo que nos quedamos sin verlo.

Otro de los edificios importantes de la plaza es el Templete, una pequeña capilla construida en el año 1828 en el mismo lugar donde se celebró la primera misa de la ciudad. Se puede visitar el interior donde destacan tres grandes pinturas que representan la misa celebrada en presencia de las autoridades españolas, la entrada cuesta 2 CUC y el horario es de 8:30 a 18:00 aunque los lunes cierra por lo que evitad ir en este día de la semana ya que encontraréis varios lugares cerrados.

Además de los edificio mencionados, en la Plaza de Armas también se ubica el antiguo Palacio del Segundo Cabo (hoy en día actual sede del Ministerio de cultura) y el vistoso Castillo de la Real Fuerza que alberga el Museo naval de Cuba. Esta fortaleza fue construida entre 1558 y 1577 y está considerada la más antigua de todo América.

En el centro de la plaza normalmente se ubica un mercadillo de libros donde se puede encontrar algunos viejos ejemplares con la historia del país o la biografía del Che o Fidel Castro. Estuvimos allí curioseando un rato pero el calor era asfixiante así que decidimos continuar nuestro camino y buscar algún lugar para tomar algo.

Volvimos a la Calle Mercaderes para dirigirnos al Bar la Imprenta situado en el número 208. Había leído que era un lugar con mucho encanto ya que en el pasado era una imprenta y hoy en día todavía se conservaban en el interior algunos artilugios de aquella época. Mi opinión es que es un lugar curioso pero la comida y la bebida dejan mucho que desear así que os aconsejo que entréis, deis una vuelta y os vayáis a otro sitio.

Tras la parada de habituallamiento continuamos nuestra ruta hasta la Plaza de San Francisco de Asís en la que nos encontramos una exposición solidaria con varios osos pintados que le daban un toque colorido al lugar. Lo más destacado de la plaza es la Iglesia – convento de San Francisco que para variar estaba cerrada y la Fuente de los leones construida en el año 1836. En un primer momento este sitio albergó un mercado hasta que los monjes del convento se quejaron por los ruidos y éste fue trasladado hasta la Plaza Vieja. El lugar estaba a reventar de gente por lo que tras hacernos unas cuantas fotos con los osos de los diferentes países nos fuimos hasta el Museo del Ron, nuestro siguiente objetivo.

El museo está situado en la Calle San Pedro, 262, justo enfrente del Puerto de La Habana y cuesta 7 CUC. Justo en el momento que llegamos empezaba una visita en español así que allá que nos acoplamos. Una guía nos explicó todo el proceso de elaboración del ron más famoso de Cuba, la historia y los diferentes productos con los que cuentan durante aproximadamente 45 minutos. Obviamente la fabricación se lleva a cabo en otra ciudad pero si quieres conocer un poquito más de este licor te aconsejo que no te lo pierdas, al final hasta puedes degustar un Ron Havana Club de 7 años.

Eran ya casi las 6 de la tarde y todavía no habíamos comido pero aún nos quedaba por ver la Plaza Vieja así que decidimos visitarla y después buscar un lugar para comer. Bajo mi punto de vista es la más bonita de las cuatro principales de la capital cubana, en ella se encuentran varios edificios de estilo barroco y alegres colores aunque lo que más nos llamaba la atención era la Cámara Oscura, situada en la azotea del edificio Gómez Vila.

Este artilugio fue diseñado por el mismísimo Leonardo Da Vinci hace unos 2300 años y básicamente consta de un periscopio que permite vigilar la capital cubana en tiempo real mediante unas lentes y espejos situados a una altura de 38,6 metros. La entrada cuesta 2 CUC y además de ser un lugar muy recomendable, la terraza del edificio también ofrece unas bonitas vistas de La Habana y su puerto.

Era tarde ya así que la comida se convirtió también en cena, como nuestras tripas rugían más que un león nos metimos en el primer sitio que vimos que fue el Café París, situado en la Calle Obispo y obviamente no acertamos mucho pero a pesar de que al cocinero se le había caído todo el salero encima de mi plato me supo a gloria del hambre que tenía, jejejeje.
Aunque nuestra idea era ir a ver el cañonazo de las 9 en el Castillo de San Carlos de la Cabaña nuestro cuerpo no daba para más, estábamos cansadísimos así que emprendimos el regreso al hotel pasando por oscuras callejuelas y así acabó nuestro primer día en La Habana.

Al día siguiente nos despertamos temprano para pillar sitio para el desayuno y así aprovechar a tope el día. La idea era ver la zona de Vedado, un barrio que data de finales del siglo XIX y donde se concentran la mayor parte de los edificios administrativos y políticos de la capital.
Fuimos andando por la Avenida de los Presidentes que como su propio nombre indica está lleno de estatuas de varios dirigentes latinoamericanos como Simón Bolívar, Omar Torrijos o Salvador Allende hasta alcanzar la archiconocida Plaza de la Revolución donde se sitúa una de las imágenes más conocidas de la capital cubana.

Este lugar es uno de los sitios públicos más grandes del mundo con sus aproximados 72000 metros cuadrados y ha sido escenario de los pasajes más importantes de la Revolución cubana ya que en ella se han llevado a cabo diferentes actos, manifestaciones y acontecimientos relacionados con este pedacito de la historia del país. Bajo mi punto de vista es una plaza bastante fea pero no podía irme de La Habana sin ver el famoso mural gigante del Che Guevara situado en el también horroroso edificio que alberga el Ministerio del Interior.

Justo al lado está situado el Edificio de Telecomunicaciones donde también podemos ver otro mural gigante dedicado a Camilo Cienfuegos, un cubano que también tuvo un papel importante durante la revolución. A pesar de que estas dos construcciones acaparan todas las miradas y las fotos de la plaza no podemos irnos de allí sin ver el inmaculado Memorial de José Martí, una enorme torre de 142 metros de altura que alberga un mirador en lo más alto de la misma, para subir se puede hacer mediante un ascensor que cuesta 2 CUC o a patita, eso sí, preparaos para contar nada más y nada menos que 567 escalones.

Nuestro siguiente objetivo era la Universidad de La Habana fundada por monjes dominicos en el año 1728 y situada en un bonito edificio de estilo neoclásico. Lo más interesante es la escalinata conocida como «Alma Mater», una de las zonas más bonitas del complejo porque lo demás no tiene mayor relevancia arquitectónicamente hablando.

Uno de los lugares que nos habían recomendado varios cubanos en repetidas ocasiones era el Callejón Hamel así que para allá nos fuimos y os puedo asegurar que es uno de los sitios más pintorescos y que más me gustaron de la ciudad. ¿Os habéis planteado alguna vez que todo lo que nosotros tiramos puede servir para algo? Pues en este pequeño callejón lo llevan a rajatabla por lo que con materiales que nosotros consideraríamos como «basura» elaboran auténticas obras de arte así que es fácil encontrarse bañeras, chatarra, antiguas llantas, latas y otros materiales mezclados con murales, pinturas y escritos reivindicativos . Por lo visto el mejor día para ver la pequeña calle es en domingo aunque nosotros fuimos en martes y también había bastante vidilla. Este epicentro de la cultura afrocubana está situado entre las Calles Hospital y Aramburu, en el Barrio de Cayo Hueso.

Seguimos callejeando por el barrio, es la mejor forma de conocer La Habana. Queríamos visitar la Fábrica de puros Partagás que en teoría estaba situada en la Calle Industria, detrás del Capitolio de la Habana pero después de dar varias vueltas para encontrar el edificio nos dijeron que ya no hacen visitas guiadas y que para ver cómo se elaboraban los puros teníamos que irnos primero a un hotel a comprar el ticket y luego a un lugar que estaba a tomar viento por lo que decidimos pasar del tema y continuar nuestra ruta que inevitablemente acabó nuevamente en La Habana Vieja.


Nos dirigimos al Barrio chino situado cerca de allí (entre las Calles Amistad y Dragones) y que de chino tiene solo el nombre y una puerta que todavía queda en pie porque por lo visto pocos habitantes de esta nacionalidad quedan en la zona, jejejeje.

Seguimos callejeando y decidimos hacer una paradita para degustar un Mojito en un bar que se llamaba Hanoi y que era bastante barato. Una vez habíamos repuesto fuerzas enfilamos de nuevo la Calle Mercaderes, nuestro destino era la Casa de África situada en la Calle Obrapía, la entrada «supuestamente» es gratuita. La finalidad de visitar este lugar era que en ella se exponen varios objetos relacionados con la santería y nos llamaba la atención. Como ya he comentado, la entrada es gratuita aunque allí te piden propina hasta por respirar, que si para sacar fotos, que si para una pequeña donación, que si para el mantenimiento, etc, etc…Aamos que un poco más y nos despluman como a algunas de las estatuas que habían expuestas allí!!! El museo es curioso y alberga varias figuras y máscaras relacionadas con la cultura africana.

El día anterior habíamos conocido a un cubano muy majete y como nos apetecía conocer un poco más sobre el país y ya habíamos visto casi todo lo que queríamos fuimos en su búsqueda, obviamente sabíamos dónde encontrarle así que no tardamos mucho en reunirnos con él. La gente de allí es muy abierta y enseguida te cuentan su vida, su día a día y detalles de la historia de Cuba bastante interesantes así que nos llevó hasta el Restaurante Marina donde degustamos una de las bebidas típicas de Cuba, el guarapo realizada a base de ron y caña de azúcar y allí se nos pasaron las horas hablando de costumbres, política y de la vida que para ellos no es fácil.
Empezábamos a tener hambre así que decidimos ir en busca de un lugar para comer, esta vez queríamos hacerlo en un «paladar», una especie de restaurante gestionado por cubanos donde cocinan comida típica cubana, el comedor puede estar en un local o bien en casas particulares como el que escogimos nosotros. Se llamaba Paladar Sevilla y estaba situado en la Calle Obispo número 455. Nuevamente no acertamos pero había que conocerlo!

El resto de tarde lo dedicamos a pasear por La Habana Vieja y por el Malecón desde donde se veía el Parque del Morro, estábamos tan cansados que fuimos incapaces de esperar nuevamente al cañonazo así que en otra ocasión será, nos volvimos andando al hotel donde caímos rendidos en los brazos de Morfeo.

Si queréis seguir nuestras aventuras y saber por dónde andamos lo podéis hacer en Facebook, Google +, Foursquare, Pinterest, Instagram y Twitter ¿Buscas alojamiento en La Habana? Nosotros siempre reservamos con Booking.

























Qué dos días más intensos en La Habana!!! Vaya mala pata con los sitios que elegistéis para comer!
Un abrazo
Pues la verdad es que sí que escogimos mal, en el primero la comida estaba bastante mala y en el segundo además de que estaba mala era cara así que no tuvimos mucha suerte! La verdad que La Habana es una ciudad para perderse, nos encantó! 😉
Me he empapado del post de pé a pá!! Qué larga se me esta haciendo la espera a este viaje a Cuba por dios… Cuánto más leo más ganas tengo! Alguna recomendación concreta? 🙂
Pues ya te queda poquito, mi recomendación es que te pierdas por las calles de La Habana antigua, son muy, muy interesantes, ya nos contarás a tu vuelta!!! 😉
Tiene que ser toda una experiencia visitar una ciudad tan auténtica como La Habana 😀 Lo de los mojitos de La Bodeguita del Medio suele pasar con los sitios tan turísticos, que al estar a reventar al final suelen sacar las cosas como churros y seguro que no están la mitad de ricos que hace unos años… Así que igual no os perdisteis mucho jejeje!
No me arrepiento de no haberlos probado, hubiéramos tenido que esperar mínimo media hora para tomar un mojito en cadena así que otra vez será, jejejeje. La Habana es una ciudad muy interesante y que nos encantó, ya tenemos ganas de volver!! 😉
La Habana es Cádiz,… que decía la canción.
Me encanta Cuba en general. Una gozada.
Saludos viajeros
La verdad es que en este viaje hemos visto poquito de Cuba pero nos ha encantado el país así que no descartamos volver para allá en un futuro, ahora me toca conocer Cádiz para valorar si se parecen, jejejeje. 😉
Fantástico relato, he tomado buena nota. Muchas gracias por ayudarnos a los que vamos pronto. Un saludo.
Gracias a vosotros por leernos, cualquier cosa por aquí estamos! 🙂
Buen paseo…muy buenas fotos y buena información…yo estuve hace unos meses en Cuba (Habana y Varadero) debo decir que me vine enamorado de ese País (soy de Costa Rica)…la Habana es como dices, devolverse unos 50 años atrás y ese sentimiento te enamora, gente muy amigable, aunque no se piensa así Cuba es un país bastante limpio no encontré basura por las calles y eso es bueno…otro punto alto de Cuba es que es un país bastante seguro, mi esposa y yo caminamos por varios lugares y a casi toda hora y se siente mucha seguridad (siempre es bueno estar atento) aunque si te piden dinero algunas personas por la calle….en cuanto a la comida, no en todo lado es buena, pero es bastante aceptable, si te organizas bien no es un país costoso y se pasa muy pero muy bien, Varadero es bellísimo también…vale la pena ir para los que lo están pensando….gracias por el post, me trajo buenos recuerdos nuevamente……de paso los invito a mi País, un paraíso natural.
Hola Robert, muchas gracias a tí por leernos, la verdad que Cuba es una auténtica maravilla y como bien dices es muy barato está todo muy limpio, coincido contigo en que es un país muy seguro, nos encantó recorrer todo andando sin ningún problema. En Costa Rica ya estuvimos y nos encantó, la verdad es que estamos deseando volver para disfrutar de nuevo de la Pura Vida, jejejeje. Un saludito!!! 🙂