Nos despertamos temprano y tras desayunar pusimos rumbo a Vik, empezamos nuestra ruta en la Carretera 32 que discurre por el Valle de Þjórsárdalur desde Árnes, este valle fue habitado por los vikingos hasta el año 1104, fecha en la que el Volcán Hekla entró en erupción y la lava que expulsó, arrasó todo lo que encontró a su paso como granjas, ganado, vegetación, etc… Es por eso, que el volcán se conoce como «La puerta al infierno» o «La Prisión de Judas».
Hoy en día, el paisaje es negro y desolador debido a la piedra pómez expulsada en las repetidas erupciones del Hekla (20 veces, 4 en el siglo XX y la última en el año 2000) pero con el paso de los años han ido creciendo algunas gramíneas y pequeños bosques de abedul a orillas del Río Þjórsá, el más largo de Islandia. Este lugar también es famoso por la serie Juego de Tronos, aquí se rodó la batalla en la que los salvajes, liderados por Tormund, junto con los caníbales thennitas atacan una pequeña aldea agrícola, más concretamente Thjorsárdalur.
El valle cuenta con numerosos puntos de interés pero ya os adelanto que en invierno no es buena época para visitarlos ya que las pistas están en muy malas condiciones, algunos son el Barranco de Gjáin, varias cascadas, la antigua granja vikinga de Stöng y numerosas cuevas de lava.
Nos dirigimos a nuestra primera parada, la Cascada de Hjálparfoss, está señalizada con un pequeño y destartalado letrero y se llega por una pista igual de changada, por suerte solo hay que circular un kilómetro por la misma, menos mal que teníamos todo terreno sino es imposible llegar hasta allí.
El agua de la cascada cae en dos saltos sobre columnas de basalto que van a parar a una pequeña piscina azul, está situada en los campos de lava norte del Volcán Hekla.
Nuestro siguiente destino era la antigua granja vikinga de Stöng propiedad del vikingo Gaukur Trandilsson y que fue enterrada en ceniza volcánica el año 1104 por la explosión más devastadora del Hekla. En 1939 se excavó todo el recinto, se descubrieron grabados del siglo XII y esto, permitió conocer cómo estaban diseñadas y distribuidas las granjas vikingas en la Edad Media. Desde Stöng es posible caminar por un sendero de 2 kilómetros hasta Gjáin, un pequeño valle de lava que cuenta con una cascada y varias cuevas.
Nos adentramos por una pista llena de hielo y piedras, intentamos girar para Stöng y no hubo manera, era un campo de hielo estrecho que no podíamos ver si cruzaba algún lago, río o vete a saber lo qué así que tuvimos que abortar la misión. Decidimos dirigirnos hasta Háifoss, la segunda cascada más alta del país y que cuenta con una caída de 122 metros pero nos tuvimos que dar la vuelta también, la cosa se puso muy fea, empezó a diluviar y la pista se hizo impracticable, además, estaba todo congelado así que nos quedamos sin ver las dos cosas, habrá que volver en verano.
Cruzamos la Central Hidroeléctrica de Bürfell que fue una de las más importantes de Islandia hasta el año 1969, fecha en la que se construyó la de Kárahnjúka. Por lo visto es posible visitar las instalaciones donde se encuentra un centro multimedia, varias exposiciones y juegos para los más pequeños, no nos interesaba mucho así que nos desviamos por la «carretera» de grava número 26, el paisaje seguía siendo negro y blanco, ahora entiendo por qué llaman a Islandia la tierra de fuego y hielo, jejejeje.
Por el camino pudimos ver varias granjas con caballos islandeses, una raza que solo se encuentra en este país y que parece un poni gigante que acaba de salir de la peluquería con su melena al aire, jejeje. Tal es el cuidado para preservar esta especie que el gobierno prohíbe que los ejemplares que salen de Islandia vuelvan a entrar, para evitar posibles contagios de enfermedades. En el año 1780, una gran cantidad de ellos murieron por la erupción del Volcán Laki que expulsó gran cantidad de piedras, lava y gases tóxicos.
Estaba lloviendo a mares pero aún así paramos en la Cascada Seljalandsfoss, no pudimos hacer muchas fotos decentes porque entre el viento y la lluvia se empañó el objetivo. En la antigüedad, el mar llegaba hasta este lugar y el Río Seljalandsá (Río líquido) caía 60 metros sobre el mismo, hoy en día, el mar está a unos cuantos kilómetros de la cascada pero es posible contemplar esta maravilla de la naturaleza y lo más importante, se puede hacer desde el interior de la misma, para ello, hay que caminar un pequeño sendero de piedras que obviamente estaba congelado y meterte detrás, la verdad, no había mucha diferencia del interior al exterior ya que creo que incluso caía más agua fuera que dentro, jejeje.
Como estaba cayendo el diluvio universal decidimos irnos a nuestro alojamiento, el Vestri Pétursey, unas cabañitas de madera a los pies de la montaña Pétursey y a escasos 15 minutos de Vik, estaba todo muy nuevo y cuidado, eran baratas y además eran perfectas para una noche de Auroras aunque nuevamente no hubo suerte, se nos estaban resistiendo!!!
Amaneció chispeando, por lo menos mejor que el día anterior estaba, así que nos dirigimos hacia el Glacial Mýrdalsjökull, situado en el Geoparque del Katla que atesora dos de los volcanes más temidos de Islandia, el Katla (según los expertos está a punto de erupcionar) y el temible Eyjafjallajokull que en 2010 se hizo famoso por la nube de cenizas que trajo de cabeza a todas las compañías aéreas.
Mýrdalsjökulll es el cuarto glacial más grande del país, cubre casi 600 metros cuadrados y está rodeado por varias montañas que rondan los 1500 metros, Austmannsbunga (1377m), Goðabunga (1505 m), Hábunga (1497 m) y Kötlukollar (1.320 m), todas ellas guardan a buen recaudo la caldera de aproximadamente 110 kilómetros cuadrados del Volcán Katla, uno de los más temidos y poderosos del sur de Islandia que se encuentra bajo el glacial.
El Katla ha entrado en erupción alrededor de 20 veces y todas después de su vecino Eyjafjallajokull, la última fue en 1918 por lo que se cree que en breve dará algún que otro quebradero de cabeza a los islandeses, vamos, que si le da por explotar, el glacial duraría lo que una Chupa chup a la puerta de un colegio ya que el hielo se derretiría y provocaría grandes inundaciones, jejejeje. Según cuenta una leyenda de la mitología islandesa, en el interior está atrapada Katla, una hechicera que cada vez que se enfada hace explotar toda la zona así que mejor no molestarla por si las moscas.
Abandonamos la Carretera 1 para adentrarnos en una pista de arena (221) que nos llevó hasta el parking que hay cerca de una de las lenguas glaciales del Mýrdalsjökull, la Sólheimajökull, desde allí recorrimos un sendero de 800 metros hasta la laguna glacial, la vista era espectacular, a pesar de que había varias señales de peligro para que la gente no llegara hasta el hielo, allá estaban todos los guiris fotografiándose debajo de la gran mole, la gente muchas veces no tiene conciencia de lo peligroso que puede llegar a ser si se desprende un cacho en sus cabezas.
Regresamos de nuevo al coche y nos dirigimos de nuevo a la Ring Road, muy cerca, a unos 3 kilómetros aproximadamente, hay un parking sin señalizar donde había muchos coches aparcados, por las coordenadas del GPS (63.459523, -19.364618) deducimos que habíamos llegado a nuestro siguiente destino, el avión Navy Douglas DC-3 abandonado en la playa.
Para llegar hasta él hay que caminar 4 kilómetros desde el parking por una pista de arena, parece que vayas por el mismísimo desierto ya que todo es arena negra y piedras volcánicas, por el camino se nos puso a diluviar pero fueron 5 minutos, lo suficiente para ponernos chorreando, suerte que hacía mucho viento y nos medio secamos antes de llegar.
Este avión militar de las fuerzas norteamericanas lleva allí desde el 21 de noviembre de 1973, fecha en la que tuvo que efectuar un aterrizaje de emergencia debido a la pérdida de combustible en el mismo, afortunadamente nadie salió herido y todos sus ocupantes sobrevivieron al desastre, el avión se quedó allí para el resto de la eternidad, en un lugar conocido como Sólheimasandur. Cuando llegamos por suerte salió el sol y junto con una pareja éramos los únicos en aquel remoto lugar, del avión queda bien poco, el fuselaje y poco más ya que con el paso del tiempo se han ido llevando todo lo que quedaba de él, aún así es un sitio curioso para hacer una pequeña excursión y disfrutar de las desiertas playas de arena negra de Vik.
El día anterior habíamos parado en la Cascada Skógafoss pero como estaba lloviendo mucho no pudimos verla bien así que decidimos volver ya que estábamos bastante cerca y realmente sólo íbamos a perder unos minutillos. Esta cascada es una de las más grandes de Islandia ya que tiene 25 metros de ancho y una caída de 60 metros y según cuenta una leyenda local, detrás de la misma hay un tesoro escondido que dejó el primer vikingo colono de la isla, un tal Þrasi Þórólfsson, menudos nombrecillos chungos tenían, jejejeje.
En uno de los laterales de la cascada hay un sendero con escaleras que sube hasta la parte superior de la misma desde donde hay unas vistas bastante chulas de las montañas que la rodean, los pastos cercanos y la propia cascada, eso sí, la cuesta es bastante empinada!
Continuamos nuestra ruta hacia la Piscina natural de Seljavallalaug, situada en mitad de la montaña bajo el volcán Eyjafjallajökull. Para llegar hasta allí hay que tomar la pista número 242 hasta una señal que pone Seljavellir, llegaremos a unas antiguas piscinas que actualmente están abandonadas, allí se puede dejar el coche y caminar alrededor de 2 kilómetros, unos 20 minutos hasta Seljavallalaug.
Esta piscina es la más antigua de Islandia que todavía sigue en pie, fue construida en 1923 aprovechando un manantial de agua termal cercano y tiene unas dimensiones de 25 metros de largo por 10 metros de ancho, la entrada es gratuita, básicamente porque no hay nadie allí y las instalaciones dejan mucho que desear, hay un pequeño vestidor bastante sucio y descuidado y el agua está fría porque la cañería que la abastece no da de sí para calentar todo el agua así que aunque el lugar es idílico, si te metes en pleno invierno dejará de serlo, jejejeje.
Aparcamos el coche y empezamos a caminar, todo el valle estaba lleno de agua ya que lo cruza un río y estaba desbocado por todos lados, el primer «charco» grande lo crucé saltando, el segundo ya me costó un poco más, con mis inventos rudimentarios puse piedras en mitad del agua y crucé como pude, eso sí, me mojé «un poquillo» y ya entonces llegué al río chungo, ahí había más agua que en la propia piscina, allá estaban todos los guiris haciendo una cadena humana para poner piedras en el agua, pero por más pedruscos que ponían yo no veía solución. Raúl y mis amigos cruzaron a lo Indiana Jones por encima de una pequeña cascada, yo me quedé mirando y me negaba a terminar con los peces en el río así que me dirigí al resto de guiris y me uní a la cadena humana de construcción del puente de piedra, cogí un pedrusco enorme y del peso se me cayó detrás del culo de un hombre y obviamente acabó empapado, se giró, me miró con los ojos ensangrentados y cara de mala leche y salí por patas, decidí abortar la misión y volverme al coche antes de ganarme un bofetón, total, con el frío que hacía no me apetecía meterme en ninguna piscina, jejeje.
Esperé una hora o así metida en el coche, durante ese periodo nevó, granizó y diluvió así que me libré de una buena, la verdad que el lugar es idílico pero por lo menos cuando estuvimos nosotros estaba masificado y eso que era pleno enero y hacía un frío de narices!
Nos dirigimos por la pista 218 a nuestra penúltima visita del día, la Península de Dyrhólaey. Este lugar es el hogar de numerosas aves y los famosos frailecillos (Puffins) que habitan en este sitio desde junio hasta finales de agosto. Es reserva natural desde el año 1978 y cuenta con largas playas de arena negra, vertiginosos acantilados, un faro de 1927 y el archi conocido Arco de Dyrhólaey, un promontorio de 120 metros de altura formado por la lava y la erosión del mar.
Las vistas desde el faro son impresionantes pero tuvimos que salir por patas de allí por el viento huracanado que hacía, era hasta peligroso ya que literalmente te levantaba del suelo y acercarte a los acantilados era despeñamiento seguro, nunca había visto una cosa igual!
El mar estaba cabreadísimo y las olas eran inmensas, nos dirigimos hasta la Playa de Reynisfjara que según cuentan es una de las más bonitas y peligrosas del mundo, lo de peligrosa doy fe porque con el mar tan mosqueado no sé ni cómo no se llevó a unos cuantos guiris imprudentes, la gente no hace caso de las señales y luego cuando pasan las cosas se quejan!
Lo más destacado de este sitio es la arena negra volcánica, las columnas y cuevas de basalto y los Reynisdrangar, unos enormes pilares de basalto de 66 metros que según cuenta la leyenda son trolls petrificados que intentaron salvar un barco durante una tormenta nocturna y al salir el sol se quedaron así. Las fotos no hacen justicia al lugar pero entre la espuma del agua, la poca luz que había y que estaba nublado era imposible sacar algo decente.
Para dormir escogimos el Hotel Icelandair Klaustur en Kirkjubaejarklaustur, una pequeña localidad entre Vik y Höfn, nuestro siguiente destino. El alojamiento no estaba mal pero el precio me pareció desproporcionado para lo que ofrecían, eso sí, el desayuno estaba de lujo!




































