Hacía tiempo que teníamos ganas de visitar Alquézar ya que nos habían hablado maravillas de este lugar y desde luego que no se equivocaban, es un pueblo precioso situado en medio de un espectacular paraje natural y rodeado por un imponente cañón que desciende hasta el cauce del Río Vero.
La historia de Alquézar se remonta a la época en la que la zona estaba en manos musulmanas. Jalaf Ibn Rasid mandó construir un castillo en el siglo IX para defender la cercana ciudad de Basbastro frente a los ataques de los cristianos que estaban situados en la cercana provincia de Sobrarbe, más tarde, el rey Sancho Ramírez reconquista la zona y establece en la fortaleza una guarnición militar permanente conocida como «Castrum Alqueçaris» que jugó un papel importante en la expulsión de las tropas musulmanas de Aragón. El desarrollo definitivo de Alquézar vino de la mano del rey Jaime I que otorgó a la localidad los privilegios de celebrar feria y mercado. Actualmente el casco urbano está declarado Conjunto Histórico-artístico desde el año 1982.
En cuanto llegamos al pueblo había muchas señales indicando la existencia de un parking, como habíamos visto muchas fotos y las calles no es que fueran muy grandes decidimos seguirlas y acabamos aparcando en el «culo» de Alquézar pero en cuanto nos dimos cuenta ya no era cuestión de volver a subir la cuesta para cambiar el coche de sitio. Eso sí, tuvimos mucha suerte y disfrutamos de una de las mejores vistas de la localidad desde la carretera.

Empezamos a descender por las serpenteantes callejuelas, cruzamos un portal medieval que da acceso al casco antiguo y aparecimos en la Plaza de Rafael Ayerbe, el centro neurálgico de la villa. Justo el fin de semana que visitamos el pueblo se celebraba una feria gastronómica por lo que había varios tenderetes vendiendo toda clase de productos: cerveza artesanal, pan, embutido, chocolates y los típicos dobladillos, un dulce tradicional de Alquézar que consiste en una especie de torta con los bordes doblados y rellena desde cabello de ángel, chocolate o almendra hasta azúcar. Os podéis imaginar que cargué con provisiones para la semana siguiente, jejejeje.


Seguimos nuestra ruta por la Calle de la Iglesia donde está situado el Ayuntamiento de la localidad, justo en uno de los laterales podemos ver un pequeño callejón conocido como «Callizo de Casa Lailla«, estas pequeñas calles se utilizaban en la antigüedad para guardar algunos utensilios del campo como las escaleras con las que se vareaban los olivos. Según cuentan los vecinos, antiguamente era posible cruzar de callejón a callejón sin necesidad de pisar la calle principal.

Justo al terminar la vía llegamos a uno de los miradores con los que cuenta Alquézar y que permiten ver el espectacular cañón del Río Vero y los paisajes que lo rodean. Como ya teníamos un poco de hambre nos fuimos directos en busca de un restaurante y terminamos en el Mesón del Vero, con buena comida pero lentos de narices por no hablar del personal que era de lo más desagradable que te puedes encontrar. Tras mi ración de chuletón en vena empezamos a subir de nuevo la cuesta rumbo a la Colegiata de Santa María la Mayor situada en lo alto del pueblo.

El templo está construido sobre las ruinas del castillo primitivo que construyó Jalaf Ibn Rasid para frenar el avance de las tropas cristianas aunque fue el rey Sancho Ramírez quién en 1099 decide establecer una comunidad de monjes agustinos en Alquézar para lo que construye una iglesia románica que más tarde sería renovada por los clérigos en el siglo XVI.

La entrada a la colegiata cuesta 2,5 € y los horarios para visitarla son de 11:oo a 13:30 y de 16:00 a 18:00 en invierno y de 16:30 a 19:30 en verano. Empezamos la ruta por el claustro que fue levantado por los monjes en el siglo XIV en estilo gótico y aprovechando el poco espacio que tenían por lo que quedó un claustro bastante pequeño, irregular, con forma trapezoidal pero precioso. De la época románica todavía se conservan algunos capiteles del siglo XII que tienen esculpidos relieves con escenas del Génesis, destacan las paredes cubiertas de espectaculares pinturas al fresco datadas entre los siglos XV – XVIII y que narran historias del Nuevo Testamento aunque las que hoy en día podemos ver han sido varias veces restauradas, es por eso que todavía conservan los colores tan vivos.

Seguimos nuestra visita subiendo hasta el segundo piso por la torre de la campana y desde donde podemos acceder al Museo de la colegiata, inaugurado en 1973 y ubicado en las antiguas dependencias del archivo. Básicamente en este lugar se conservan esculturas, piezas litúrgicas y pinturas entre las que destaca un cuadro de la Sagrada Familia que se cree fue pintado por Murillo.

Finalmente nos dirigimos hasta la Iglesia de Santa María donde podemos ver dos auténticas joyas, por un lado el espectacular retablo del siglo XVI, de estilo barroco y realizado en madera y por otro el órgano barroco del siglo XVII que acompañó las celebraciones religiosas entre los siglos XVII y XVIII. En los laterales del templo podemos encontrar varias capillas destacando la del Cristo de Lecina donde descansa una talla de madera de estilo románico realizada a finales del siglo XII.

Acabada nuestra visita fuimos callejeando hasta la Iglesia de San Miguel. La historia de este templo comienza en el año 1861 tras la muerte de un vecino de la localidad, la familia de éste decide donar parte de sus tierras para la ampliación de la iglesia a cambio de obtener una capilla privada para sus familiares aunque el concejo de la villa tenía otros planes, decide demoler la antigua parroquia para construir una nueva, pero había un gran problema, la falta de dinero. Lo que hicieron para pagar la nueva obra fue pedir limosna así que todos los domingos casa por casa iban solicitando todo lo que los vecinos pudieran donar, desde pan, huevos, dinero en efectivo hasta los posos del aceite que vendían a un jabonero de Huesca.

Había visto en internet que había una ruta «fácil» que recorría parte del cauce del Río Vero así que pregunté en la oficina de turismo que me confirmó que era una ruta circular, bastante fácil y de unas 2 horas andando por lo que decidimos aventurarnos cuando ya había caído un poco el sol, para ello nos dirigimos hasta la Calle San Lucas, el inicio del sendero.
Sinceramente, no sé que entiende la gente como fácil ya que el primer tramo es bastante difícil y para mi gusto peligroso. Se comienza descendiendo el Barranco de la Fuente hasta alcanzar el cauce del Río Vero por una zona bastante resbaladiza en la que solo algunas veces hay como una especie de puentes de madera para cruzar, entiendo que para Jesús Calleja sea como ir al chiquipark pero había algunos pedruscos chungos de narices. Eso sí, una vez en el río ya es pan comido!


En cuanto descendimos todo el barranco nos dirigimos hacia la Cueva de Picamartillo que está a escasos metros y empezamos a caminar por encima de unas pasarelas, la zona es preciosa. Continuamos pasando por debajo de enormes piedras, bordeando el río hasta llegar al Salto de la Central de Alquézar, una especie de pequeña presa que fue construida durante la edad media para almacenar el agua y hacer funcionar el Molino harinero de Fuentebaños. El molino desapareció a finales del siglo XIX pero todavía hoy se puede ver en la base del salto restos del antiguo azud.

Desde la central se empieza a subir por una pista forestal hasta el pueblo, a medida que nos vamos acercando a Alquézar podemos disfrutar de unas espectaculares vistas tanto de la villa como de su colegiata y murallas. La caminata tiene aproximadamente unos 3 kilómetros y un desnivel acumulado de 135 que a mí me parecieron 800, definitivamente el deporte y yo no somos buenos amigos, jejejeje.

Regresamos al pueblo donde nos sentamos en una terracita a tomar algo y así fue como terminó nuestra aventura en Alquézar, un lugar precioso que merece una visita.
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Precioso! Qué de pueblos con encanto tenemos! Apuntado a la larga lista de pendientes nacionales. Un abrazo.
A mí me encantan estos pequeños pueblecitos, tienen mucho encanto! ! ☺
Uno de los sitios más bonitos de Aragón. Su colegiata es impresionante! Algún domingo suelo acercarme por la zona. Saludos!
A nosotros nos encantó y en la zona hay lugares muy chulos, también estuvimos haciendo una rutilla por allí, seguro que en cuanto podamos volvemos! 😉
Me han gustado mucho los miradores con que cuenta el pueblo, y especialmente la Ruta de las Pasarelas del Río Vero, pinta genial, aunque las pendientes no sean lo tuyo jaja El día que vengas a hacernos una vista intentaré no llevarte por la sierra 😛
¡Saludotes!
No, si yo una vez que me pongo a andar no hay quién me pare, eso sí, al día siguiente que no me molesten, jejejeje. La ruta de las pasarelas está chula una vez que llegas al río pero sinceramente, el barranco me pareció que no tenía interés y que era un poco peligroso aunque para gustos los colores!!! 😉
Impresionante y precioso Alquezar.
Lo visitamos hace poco y nos sorprendió.
La verdad que Aragón cuenta con pequeños pueblos preciosos y muchas veces desconocidos, a nosotros también nos encantó Alquézar, es un lugar muy chulo y cargado de historia. 😉
Hola!
Me ha encantado Alquezar :D, ¿para pasar unos días en la zona, qué pueblos recomendarías, además?
Hola Sandra, Alquézar es precioso, por allí hay un montón de rutas para hacer en la Sierra de Guara, un poco más lejos tienes Benabarre, Graus que también son chulos! Espero que te sirva!!! 🙂