Uno de nuestro objetivo cuando decidimos visitar la zona de Baviera era conocer los castillos del «Rey Loco», debido al temporal de nieve y el estado de las carreteras tan sólo pudimos visitar tres de ellos, Neuschwanstein, Hohenswangau y Linderhof, el único que Luis II llegó a ver terminado y en el que residió durante 8 años.
El Palacio de Linderhof está situado en mitad de un valle y a unos 100 kilómetros de Múnich. Fue construido entre 1874 y 1878 en un antiguo coto de caza de Maximiliano II, el padre de Luis y se edificó como una reproducción a escala pequeña de Versalles ya que el rey era un gran admirador de Luis XIV de Francia, apodado el «Rey Sol» y todo lo relacionado con este monarca.
Llegamos allí a primera hora de la mañana con una nevada impresionante y tras aparcar la furgoneta en el parking gratuito nos dirigimos a las taquillas. El precio de la entrada a Linderhof en invierno es menor porque en teoría no se pueden visitar la mayoría de los edificios del complejo, en concreto nos costó 7,50 € pero tuvimos suerte y alguno de ellos estaba abierto. Con la entrada ya en la mano nos dirigimos hacia el castillo ya que habíamos escogido la opción guiada en español y al igual que en Neuschwanstein nos dieron hora de entrada.
Para llegar hasta el palacio hay que andar unos 10 minutillos por un camino que al ser invierno estaba un poco resbaladizo e impracticable, pero conseguimos llegar hasta la puerta principal del palacio sin descalabrarnos, jejejeje.
La entrada se hace por un gran vestíbulo que está totalmente inspirado en el Rey Luis XIV de Francia. Presidiendo la sala y en el centro de la misma encontramos una gran estatua del monarca francés y justo encima de ella, una máscara del «Rey Sol» rodeada de rayos de oro, frente a la cara, podemos ver dos ángeles que portan un estandarte con la frase » Nec Pluribus Impar» que traducida a un idioma «entendible» vendría a significar algo como «No desigual a muchos», yo diría más bien a pocos porque dudo que haya mucha gente tan extravagante como Luis II de Baviera, jejeje.
Tras una breve explicación por parte de nuestra guía subimos las escaleras hasta llegar al Salón de los Espejos, para mi gusto muy, muy recargado, hasta hacía daño a la vista ver tanto candelabro y espejo junto. Esta habitación estaba destinada para el disfrute del monarca ya que pasaba largas horas leyendo a la luz de las velas, por lo visto el rey solía dormir durante el día y trasnochaba hasta horas intempestivas, vamos, que era una especie de vampiro, jejeje. Como su propio nombre indica, la habitación está llena de espejos que reflejaban la luz y creaban un efecto de gran amplitud, estaba pintada en color azul, la tonalidad preferida de Luis II, además, la sala cuenta con dos chimeneas adornadas con piedras preciosas y un gran candelabro de marfil en forma de araña.
Continuamos la visita pasando por la Sala de la Música, una pequeña estancia que en principio no tenía función ninguna pero se le conoce con este nombre por un aelodión que se encontraba en el interior de la misma, este instrumento fue una creación de Bernhard Eschenbach, un inventor alemán de instrumentos musicales y combina el piano con el armonio. La estancia está decorada con pinturas sobre lienzo que imitan a un tapiz.
Seguimos avanzando hasta el Despacho de audiencias que como no, también está sobrecargadísimo. Aunque esta sala estaba destinada para recibir visitas, nunca fue utilizada para tal menester. Luis II usaba este lugar para preparar los planos de construcción de sus otros castillos o como sala de lectura, cuenta con un trono situado bajo un templete y rodeado de cuatro columnas y un escritorio de bronce chapado en oro, destacan dos pequeñas mesas redondas cubiertas de malaquita que fueron un regalo de la zarina rusa Marie Alexandrowna.
Sin lugar a duda, la habitación privada del rey es el sitio estrella del palacio y obviamente no podía pasar desapercibida. En el centro de la estancia y sobre un altar se encuentra la gran cama en tonos azules, frente a ella podemos ver una gran lámpara de cristal adornada con nada más y nada menos que 108 velas, para que iba a escatimar, jejejeje. El techo de la habitación está pintado con figuras de ángeles que portan la corona bávara y toda la sala está adornada con cortinas en tonos azules y que están bordadas con incrustaciones de oro.
La siguiente estancia que visitamos fue el gran comedor que al igual que las otras habitaciones está decorado con gran opulencia y ostentación. Lo más representativo de este lugar es la mesa donde comía el rey que mediante un mecanismo se podía subir – bajar a las cocinas de palacio sin que el monarca tuviera que ver a ningún sirviente, se dice que la mesa siempre se servía para cuatro personas ya que la imaginación de Luis II de Baviera no tenía límites y aunque siempre comía solo, contaba con compañía «fantasmagórica» con la que hablaba diariamente, en concreto mantenía conversaciones imaginarias con María Antonieta, Luis XIV de Francia, Luis XV y Madame Pompadour, un poco para allá si que estaba el hombre!
Finalizamos la visita al palacio en una pequeña estancia decorada en tonos azules, con pinturas sobre lienzo que imitan un tapiz y en las que podemos admirar algunas escenas de dioses. Esta sala no tenía función ninguna.
Del interior de Linderhof no tengo fotos porque estaba totalmente prohibido hacerlas, una pena porque tenía lugares curiosos. Justo enfrente de la entrada al palacio podemos ver unos jardines con una gran piscina que obviamente en verano tienen que ser preciosos pero en invierno no lucen mucho.
Empezamos a caminar por una pista de tierra con el objetivo de ver el resto de construcciones y jardines, el paisaje era precioso, todo blanco y brillante por los rayos de luz que pasaban a través de las ramas de algunos árboles, aunque eso sí, hacía un frío de tres pares de narices.
Tras aproximadamente unos 20 minutos, algunos de ellos cuesta arriba, llegamos al Kiosko morisco. Este edificio fue la aportación de Prusia para la Exposición Universal de París del año 1867 y fue realizado por el arquitecto Carl Von Diebitisch, más tarde, el magnate de los ferrocarriles Bethel Henry Strousberg lo compró pero debido a graves dificultades económicas del mismo, finalmente acabó en los jardines de Linderhof por orden de Luis II que se lo compró a Strousberg.
Obviamente al monarca bávaro la decoración interior le parecía muy simple por lo que encargó realizar una fuente de mármol que colocó en el centro del edificio y mandó construir un lujoso trono con motivos de pavos reales, uno de los animales preferidos del rey. El kiosko quedó totalmente acabado en el año 1877. Lamentablemente la puerta principal estaba cerrada, no sé si será así siempre, pero sí que hay una gran ventana desde donde se puede ver el bonito interior del pequeño edificio, supongo que será para que la gente no lo manosee todo.
Seguimos caminando cuesta arriba hasta la Cueva de Venus, otra de las excentricidades del monarca bávaro. Luis II de Baviera era un gran admirador de Richard Wagner, incluso algunos llegaron a pensar que estaba enamorado de él, por lo que hizo construir una cueva artificial para disfrutar de una de las obras maestras de su gran amigo. Dicho recinto se terminó en el año 1877 y constaba de una gran sala donde pintó escenas de la famosa ópera Tannhäuser, para que las pinturas no se deterioraran con la humedad, hizo que se recubrieran de cera, además, instaló un sistema de calefacción e iluminación, creó una cascada artificial e hizo construir una barca en forma de concha desde donde disfrutaba de la obra de Wagner. La verdad que me pareció todo un poco surrealista pero tengo que reconocer que el rey era un auténtico genio de las creaciones raras y pomposas!
Aunque en invierno mucha cosa no se puede hacer debido la nieve, los paisajes son increíbles! El caso es que había una barrera cerrada en un camino que estaba un poco impracticable, en un principio decidimos no cruzarla pero al ver que subía gente allá que nos metimos! El camino iba a parar a los jardines traseros del palacio y la experiencia fue divertida porque más de una vez estuvimos a punto de bajar rodando la montaña a modo croqueta congelada, jejejeje.
El lugar al que fuimos a parar era lo primero que veía Luis II cada mañana al levantarse, el rey mandó construir en la parte posterior del palacio una pequeña cascada, aprovechando la pendiente del terreno, en la parte inferior construyó una fuente dedicada a Neptuno y en la parte superior el Pabellón de la Música. Para decorar los laterales se colocaron grandes jarrones y pérgolas cubiertas de flores, eso sí, estaba todo blanco por lo que no pudimos disfrutar mucho de este jardín.
Terminamos nuestra visita al complejo en un estanque donde había varios cisnes, aunque hacía mucho frío no les parecía afectar mucho. Sin lugar a duda, Linderhof es un sitio increíble, con unos paisajes espectaculares y lleno de lugares curiosos para conocer, espero volver algún día para poder ver los jardines en verano.
¿Cómo llegar a Linderhof desde Múnich?
Coche: El Palacio de Linderhof está situado en la localidad de Ettal, en el Valle de Graswang. Desde Múnich hay que coger la autopista A95 hasta Oberau y una vez allí seguir las señales hasta la carretera B23 (Ettaler Straße) para salirse en Ettal, desde allí tomamos la ST2060 hasta Linderhof, está bien señalizado y se tarde alrededor de una hora y media.
Tren: Desde la estación central de Múnich (Hauptbahnhof) hay que coger un tren con destino a Oberammergau, una vez allí se puede llegar a Linderhof en el bus 9622.
Información práctica sobre Linderhof
Web: http://www.schlosslinderhof.de/
Horario: Desde el 19 de marzo al 15 de octubre de 9:00 a 18:00 horas y desde el 16 de octubre al 18 de marzo de 10:00 a 16:00 horas. Cerrado 1 enero, martes de Carnaval y 24, 25 y 31 de diciembre.
Precio: La entrada general a Linderhof es de 8,50€ e incluye el palacio, al que solo es posible acceder con guía, los diferentes jardines y edificios (Cueva de Venus, Kiosko morisco, Casa marroquí, Hunding’s Hut, Gurnemanz Hermitage y casa del rey). En invierno muchas atracciones están cerradas por lo que se cobra una entrada reducida que cuesta 7,50€. Las personas discapacitadas, los menores de 18 años, estudiantes y pensionistas de más de 65 años también pagan tarifa reducida.
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Qué chulo! La verdad es que este no lo vimos nosotros. Aunque por lo que cuentas, debe ser tan recargado como los otros dos palacios. A Luis II le encantaba todo lo pomposo y rocambolesco!! jajaja Por cierto, en los que yo visité tampoco se podían hacer fotos, pero de estrangis hice algunas! jajaja
Besotes pareja
La verdad es que Luis II de Baviera tenía unos gustos raros pero también una imaginación de primera, creo que nadie ha ideado unos castillos de cuento como él, son espectaculares! Yo no hice fotos pero molaría que dejaran hacerlas! 🙁
La primera vez que visité Linderhof fue en el año 1984. Tanto me emocionó el conocerlo por su belleza opulenta y exótica,que quedó todo en mi mente grabado a fuego. Pasaron muchos años, y como amo Alemania viajo seguido a ella,en especial a Baviera ¿Cómo no visitar de nuevo un lugar tan apreciado por mi? Lo encontré distinto, tal vez no tan bien mantenido ¿increíble verdad? La araña de marfil de su comedor es como si le hubiera faltado una buena limpieza! Los sillones donde él recibía, estaban amontonados sin razón.Por supuesto ignoro qué pasó en el año 2012 cuando repetí la visita.Pero como soy obstinada, seguro que en el viaje de abril 2018 volveré desde Munich a constatar en qué condiciones está.
Igualmente recomiendo CONOCERLO vale la pena!!
Nosotros lo encontramos en perfectas condiciones, es una auténtica maravilla y con nieve está todo muy bonito, imagino que en verano con los jardines verdes y llenos de flores será más espectacular todavía, tenemos pendiente volver a la zona ya que no pudimos disfrutar de Neuschwanstein en condiciones, había mucha niebla! 🙂
Hola, muy chulo el relato, las fotos, espectaculares. Nos gustaría muchísimo ir, pero vamos un poco justos de tiempo en este viaje, por lo que, ¿podrías indicarme cuánto tiempo, más o menos, tardaste en hacer todo el recorrido que comentas? Y, de paso, ya que he leído que también fuiste a los Castillos Neuschwanstein y Hohenswangau, ¿me podrías indicar también, más menos, cuanto tardásteis en cada uno? Me sería de gran ayuda, gracias anticipadas y enhorabuena por tu blog
Hola Virginia, nosotros estuvimos un medio día en el Campo de concentración de Dachau y el otro medio en Múnich pero porque ya habíamos estado (Múnich necesita como mínimo dos días enteros), al Castillo de Neuschwanstein y Hohenswangau le dedicamos un día entero junto con Fussen, más o menos calcula unas dos horas en cada uno de ellos y el de Linderhof le dedicamos una mañana junto con Oberammergau y algún pueblecito más, personalmente creo que si vas a hacer el recorrido que hicimos necesitarías unos 4 – 5 días si no has estado antes en Múnich, espero que te sirva! Cualquier cosa nos dices! 🙂
Hola y muchísimas gracias por tu rápida respuesta. Estaremos en Munich una noche y hasta aproximadamente las 18-19 del día siguiente, demasiadas cosas queremos ver en este viaje… Desafortunadamente, hemos decidido por los tiempos que nos das y dado que ya tenemos la pre reserva en Neuschwanstein, no ir a Linderhof en este viaje y volver a esa zona más adelante, estamos seguros que nos gustará y querremos volver, así tenemos la excusa 😉 . Vamos un poco justos porque queremos pegar un paseo por Praga y Viena también, a pesar de la burrada de kilómetros que supone. Como será la primera vez que vayamos a los 3 países, nuestra idea es recorrer terreno y localizar las zonas que más nos gusten de los 3 para volver en un futuro próximo. Muchas gracias por la información, ya que, aunque me pese no ir a Linderhof, creo que hemos tomado la mejor decisión, pero volveremos, jajaja. De nuevo muchas gracias y enhorabuena por el blog 🙂
La verdad que si vais justos de tiempo habéis tomado la mejor decision, total, el castillo no se va a mover de sitio y así tenéis excusa para volver, jejeje. Disfrutar del viaje y ya nos contaréis a ver qué tal os ha ido!!! 🙂