Hemos estado varias veces en Andorra, es un país que nos encanta y además lo tenemos bien cerquita así que cuando supimos que el TBM este año se iba a celebrar allí no lo pensamos dos veces, nos apuntamos de cabeza.
El domingo había varias cosas para realizar como remojarse en Caldea, actividades de aventura en la montaña, realizar parte de la ruta románica, talleres de cocina, etc, etc… Nosotros nos decantamos por ir hasta los valles del norte para recorrer la Ruta del Ferro, reconozco que este lugar me encanta y aunque había estado en el pueblo de Ordino, no sabía que la zona guarda auténticos tesoros en sus entrañas.
Los Valles del Norte de Andorra se encuentran situados en las parroquias de Ordino y La Massana y engloban numerosos pueblecitos esparcidos por la montaña, tienen un denominador común, todos son pequeños, sus casas están construidas en piedra y pizarra y muchos conservan gran parte del patrimonio histórico y rural del país como antiguas casas señoriales, iglesias, molinos, etc, etc…
Salimos temprano en un bus que nos llevó hasta el complejo de la Mina de Llorts, nuestra primera parada. La industria del hierro fue una de las principales actividades económicas del país entre los siglos XVII y XIX y el actual recorrido pasa por alguno de los lugares más destacados de la conocida como «Ruta dels Trajiners» que forma parte del antiguo camino que hacían los pastores y carreteros para llevar el hierro y el ganado desde la mina hasta las Fraguas de La Massana.
La entrada a las antiguas galerías más una visita guiada por los principales puntos de interés de este recorrido cuesta 5€ y se hace todos los días a las 12 y a las 16 horas.
Visitamos la pequeña excavación en grupos reducidos ya que las dimensiones no son muy grandes. En este lugar los mineros trabajaban de dos en dos, los 365 días al año durante 11 u 12 horas al día, por lo general, solían utilizar sus propias manos aunque de vez en cuando también usaban dinamita (en las paredes todavía quedan algunas marcas) y en muy escasas ocasiones una técnica que consistía en encender fuego y cuando las paredes estaban muy calientes, tiraban agua para que la roca se abriera y fuera más fácil extraerla.
La Mina de Llorts estuvo en funcionamiento durante 4 años y se dejó de utilizar debido a la baja rentabilidad de la misma, costaba más mantenerla que lo que sacaban de allí, hoy en día se puede apreciar los restos de hierro que quedan en su interior y algunas marcas y objetos del paso de los mineros por el lugar.
Cuando salimos había empezado a diluviar pero por suerte, duró poco y pudimos realizar la ruta sin problema. Empezamos a caminar por el sendero con destino al pueblo de San Martí de la Cortinada, a lo largo del camino, vamos encontrando lugares señalados con números que nos muestran lugares destacados de la zona.
A escasos metros podemos ver el número 1, es una gran roca de donde se sacan las placas de pizarra que tradicionalmente se utilizan en los tejados de los pueblos del valle y de gran parte del Pirineo.
Continuamos caminando hasta llegar al número 2, una fuente que brota de la montaña y que está rodeada de un característico color ocre, si osas beber de la misma prepárate, sabe a hierro que tira para atrás y más vale que lleves algún chicle o algo que te quite el desagradable sabor, jejejeje.
El número 3 es una muestra de la flora del valle, principalmente pequeñas plantas y musgos muy cucos que tienen forma de pequeñas estrellas, si seguimos andando podemos ver el punto número 4 que es un desvío desde donde salen varias rutas, hacia les Bordes d’Ensegur, les Ferreroles, el Coll d’Arenés o el Barranco de Ensegur, uno de los lugares más populares entre los aficionados a los deportes de aventura.
Los siguientes puntos de interés son los números 5 y 6, lugares donde podemos aprender sobre la vegetación, desde este lugar se puede observar el paisaje con los típicos robles negros, los abedules, algunos helechos o campos llenos de margaritas, dientes de león y Grandallas, la flor típica de Andorra y que actualmente es una especie protegida.
Dejamos atrás el Puente de les Moles donde se juntan el Camino Ral y el sendero que va a Llorts para llegar hasta los «7 Hombres de Hierro», situados en un bonito prado verde a mano izquierda.
A estas esculturas se las conoce con el nombre de «La familia Jordino», están fabricadas con roca, bronce y tapas viejas de alcantarilla y su autor es el francés Rachid Khimoune. Las figuras representan la unión de culturas, concretamente las estatuas son de Rusia, México, Japón, Egipto, Francia, Mónaco y Reino Unido aunque hay alguna que parece sacada de la Guerra de las Galaxias, jejeje.
Volvemos de nuevo al sendero y a pocos metros podemos ver la obra del holandés Mark Brusse conocida como «Endless», esta escultura cuenta en uno de sus extremos con dos hombres de bronce empujando una roca y con un puente de piedra que representa al Pont de l’Estarell, de estilo románico.
Unos pocos metros más adelante y en el mismo lado que la anterior escultura se encuentra la obra «Gran carro de hierro y pico» del escultor andorrano Jordi Casamajor donde pretende unificar en un solo sitio dos elementos clave en la industria minera como son la carreta, indispensable para el traslado de los materiales y el pico.
El sendero continua a orillas de río, pasamos algunas pequeñas cascadas, puentes, un merendero y la Fragua de Vilaró, un edificio donde antiguamente se obtenía el hierro y en el que hoy en día pastan a sus anchas un grupo de caballos andorranos de esos que tienen mucho pelo en los pies y parecen ponys gigantes. En este mismo sitio se encuentra la obra del portugués Alberto Carneiro conocida como «A casa da terra e do fogo» que consta de un cerco de paredes de piedra con un gran cubo de hierro en su interior.
Continuamos nuestra ruta hasta la siguiente escultura que parece una barandilla en medio del camino, es obra del escultor francés Guy de Rougemont y se la conoce como «El hombre de hierro topo que camina», fácil de recordar ¿no? Representa a los hombres que trabajaban en las minas y llegaban a casa agotados, la escultura mide 12 metros de largo por 3 metros de alto.
Ya estábamos llegando al pueblo pero nos quedaba por ver una última obra del japonés Satoru Satu, un gran monolito de hierro con un camino de piedra que va a parar a otros tres bloques de hormigón, con esto, el escultor ha pretendido representar un jardín japonés aunque personalmente no me gustó mucho y no me recordó para nada este símbolo del país nipón.
Empezamos a bajar dejando atrás prados, campos llenos de flores y terrenos de labranza en compañía de algunos excursionistas y ciclistas que estaban haciendo la misma ruta que nosotros, vimos caballos y por fin llegamos a la Mola d’en Mas de Soler que marca el final del recorrido y la llegada al pueblo de La Cortinada.
En este lugar destaca la Iglesia de Sant Martí de la Cortinada que ya visitamos hace unos años cuando hicimos la ruta románica por Andorra. Este templo está muy ligado a la Ruta del Ferro ya que en el interior podemos ver algunos detalles realizados con este mineral procedente de las fraguas cercanas, como las rejas del altar mayor.
Montamos de nuevo en el bus y nos dirigimos hacia el pequeño pueblo de Ordino, situado al noroeste del país. Esta localidad es uno de los puntos turísticos más populares de Andorra ya que está rodeada de bosques y muy cerca de la estación de ski de Ordino – Alcalís. El pueblo es bastante pintoresco con todas las casas fabricadas en piedra y pizarra y además conserva un gran patrimonio artístico como su iglesia y puente románico y dos de las casas solariegas más importantes de Andorra: la Casa Rosell y la Casa Areny-Plandolit que fue nuestro siguiente destino.
La entrada a esta casa-museo cuesta 5€ y la visita (que dura aproximadamente 1 hora) se realiza sí o sí con un guía, es recomendable reservarla con antelación en el email: museusandorra@gmail.com.
La Casa Areny-Plandolit es el único ejemplo de casa señorial andorrana que ha llegado casi intacta hasta nuestros días. Fue construida en el siglo XVII, remodelada en diversas ocasiones y se utilizó hasta el año 1953, primero como residencia habitual y más tarde como residencia de verano. Sus dueños eran barones, se dedicaban principalmente al comercio y tenían grandes propiedades tanto en Andorra como en el Norte de Cataluña, sin lugar a duda, el miembro más ilustre de la familia fue Guillem d’Areny-Plandolit que estuvo muy ligado a la industria del hierro de la zona.
Empezamos la visita en la planta baja donde pudimos ver la bodega y el lugar donde se almacenaban los productos que traían de Francia y España para su consumo habitual y para venderlos en los comercios que la familia tenía en Ordino y algunos pueblos de Francia.
Acto seguido subimos unas escaleras y fuimos a parar a la planta noble de la casa, en primer lugar pudimos ver la sala grande o salón de armas donde hay una exposición de rifles y bayonetas, según nos contó el guía, en la antigüedad, todas las casas del país estaban obligadas a guardar un arma para su propia protección en caso de conflicto ya que Andorra no tiene ejército.
Por una puerta pasamos a la cocina que ha sido remodelada en varias ocasiones, podemos ver el «escudeller» donde antiguamente se guardaba la vajilla y cubertería más lujosa de la vivienda y el fregadero, de hierro forjado (como no) y de ahí una puerta nos lleva hasta un pequeño comedor de estilo modernista, en esta estancia destaca la lámpara de estilo art-decó de los años 20-30 y dos juegos de vajilla de mediados del siglo XIX con incrustaciones de oro y el escudo de la familia, regalo de Francisco José I, emperador de Austria. La casa Areny-Plandolit fue una de las primeras en disfrutar de la electricidad en el país con la construcción de la Primera Central Eléctrica de Andorra.
Continuamos nuestro recorrido en la habitación del barón d’Areny-Plandolit, muy oscura para mi gusto, en ella destaca un calienta camas que se calentaba con ascuas de la lumbre, a mano derecha sale un pequeño pasillo que se añadió en el siglo XIX y que va a parar a la capilla y a la biblioteca.
La pequeña capilla está dedicada a la Virgen de los Dolores y del Carmen y es de estilo barroco, este lugar muestra el gran poder que tenía la familia en la antigüedad ya que solo las viviendas de gente «importante» podían disponer de esta estancia, era un símbolo de status social.
En la biblioteca de la casa todavía se conservan las bulas papales por las que los Areny-Plandolit podían comer carne durante la cuaresma y disponer de capilla privada. Este lugar llegó a tener más de 23000 documentos y libros de los que actualmente se conservan 5800 de entre los siglos XVI y XX escritos en español, francés, inglés, catalán y alemán. En la biblioteca destaca el escritorio del barón que ejerció de notario y una viga con todos los escudos de las distintas familias que forman Areny-Plandolit.
La siguiente estancia que visitamos fue la Sala Noble, una habitación que se utilizaba para bailes y recepciones y donde hay numerosos cuadros pintados de los diferentes miembros del clan.
Finalizamos el recorrido en la habitación de la baronesa, sí, el matrimonio dormía separado! En ella podemos ver una pequeña sala de música con una copia de la partitura del primer himno nacional de Andorra que se compuso a principios de los años XX, una colección de vestidos de época (bastante feos y oscuros para mi gusto) y un secreter de 1758 donde destaca unas planchas de hierro para el pelo, a simple vista parece que les debía quedar el cabello chamuscado, jejejeje.
Para terminar nuestra excursión fuimos a comer al Restaurante Topic donde pudimos degustar una gran variedad de embutidos y postres típicos de la zona y un buen chuletón de ternera andorrana, estaba todo de muerte!
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