Si alguna vez has soñado con recorrer pueblos de cuento donde parece que el tiempo se detuvo hace siglos, los Cotswolds son ese lugar, aquí no encontrarás rascacielos, grandes ciudades ni atracciones espectaculares, lo que vas a encontrar son calles empedradas, casitas de piedra color miel, tejados de pizarra, iglesias medievales, ríos tranquilos, infinitos pastos de ovejas y una calma que cuesta encontrar en otros rincones de Inglaterra.
Y ahora que queda poco para el otoño… ¿hay un plan mejor? Empiezan a bajar las temperaturas (bueno, eso espero), apetece ponerse un jersey gordito, recorrer pequeños pueblos rodeados de naturaleza, entrar en cafeterías con olor a té o café recién hecho y contemplar esas casitas de piedra que parecen sacadas de una película, bueno… lo de tomar el té de las cinco frente a una chimenea quizá sea más propio del invierno, pero dejadme soñar un poco porque la postal es preciosa y ya sabéis que soy la fan «number one» del invierno, jejeje.
Los Cotswolds ocupan más de 2.000 km² entre los condados de Gloucestershire, Oxfordshire, Wiltshire, Warwickshire y Worcestershire, y están considerados una Área de Excepcional Belleza Natural (AONB), una protección similar a la de un parque natural.
Aunque mucha gente hace una excursión de un día desde Londres, creemos que es un error, la gracia está en recorrer la zona sin prisas, perderse entre carreteras secundarias y descubrir pueblos que apenas aparecen en las guías.
Nosotros volamos al Aeropuerto de Birmingham, alquilamos un coche y dedicamos cuatro días para recorrer algunos de los lugares más bonitos de la región. Y sí… acabamos completamente enamorados.
Itinerario de la ruta por los Cotswolds en 3 días
Antes de entrar en detalle, os dejamos un resumen de nuestra ruta para que podáis haceros una idea del recorrido.
| Día | Lugares visitados |
|---|---|
| Día 1 | Broadway Tower → Blockley (Llegamos sobre las 15 horas) |
| Día 2 | Castle Combe → Lacock Abbey → Lacock → Malmesbury → Tetbury → Cirencester → Bibury → Burford → Minster Lovell |
| Día 3 | Bourton-on-the-Water → Lower Slaughter → Upper Slaughter → Stow-on-the-Wold → Chipping Campden → Snowshill → Broadway → Winchcombe |
| Día 4 (despedida) | Stratford-upon-Avon |
Kilómetros aproximados: unos 320 km durante toda la ruta.
Tiempo recomendado: 3 días completos (o 4 si también queréis visitar Stratford-upon-Avon con calma).
Día 1: Broadway Tower y Blockley
Nada más aterrizar en Birmingham y coger el coche de alquiler, pusimos rumbo a nuestra primera parada de la tarde.
Broadway Tower, la torre con las mejores vistas de los Cotswolds
Nuestra aventura comenzó en uno de los lugares más emblemáticos de toda la región, la Broadway Tower.
Situada sobre Beacon Hill, a más de 300 metros de altura, esta curiosa torre de estilo neogótico fue construida en 1798 por encargo de Lady Coventry, durante siglos se utilizó como punto de observación y, gracias a su privilegiada ubicación, en días despejados dicen que se pueden llegar a ver hasta dieciséis condados ingleses.
Y después de subir hasta allí… nos lo creemos, las vistas son espectaculares: colinas verdes, pequeños pueblos salpicando el paisaje y esa campiña inglesa que tantas veces hemos visto en películas, eso sí, el día que fuimos hacía un vendaval de la leche y por poco y salimos volando hasta el siguiente pueblo.
La torre puede visitarse por dentro, en su interior hay varias plantas con pequeñas exposiciones sobre su historia, personajes que pasaron por ella y el papel que desempeñó durante distintas épocas aunque cuando llegamos nosotros ya estaba cerrada, ya tenemos excusa para volver por la zona.
La entrada cuesta alrededor de 8 £ por persona y la torre suele abrir de 10:00 a 17:00 horas (conviene comprobarlo antes de ir en su página web porque puede variar según la época del año). Para aparcar hay que pagar, como no, en esta zona de Inglaterra hay que pagar hasta por ir al baño, literal. Como cuando llegamos ya no quedaba ni un alma pudimos aparcar en uno de los márgenes de la carretera, eso sí, la salida del coche fue un poco catastrófica, había pinchos por todos lados y como había llovido, el suelo parecía un lago.
Además de la torre, toda la zona está llena de senderos para pasear y disfrutar del paisaje, por lo que merece la pena dedicarle un rato o incluso un día entero si te gusta el senderismo, si hace buen día, empezar la ruta aquí es todo un acierto.
Blockley, el pueblo que casi nadie visita
Después pusimos rumbo a Blockley, uno de esos pueblos que normalmente pasan desapercibidos cuando la gente organiza una ruta por los Cotswolds y, sinceramente, no entendemos por qué.
Nos pareció uno de los pueblos con más encanto de todo el viaje aunque no el más bonito, claro está.
Durante siglos fue un importante centro dedicado a la industria de la seda, llegando a tener numerosos molinos que aprovechaban el agua del río. Cuando esta actividad desapareció, Blockley recuperó la tranquilidad y hoy conserva ese ambiente auténtico que cuesta encontrar en otros lugares mucho más turísticos.
Aquí no encontrarás cientos de autocares ni colas para hacer una foto, encontrarás silencio que en cierta manera se agradece después de la masificación que vimos los siguientes días. Lo mejor es perderse sin rumbo por sus calles, admirar las fachadas construidas con la característica piedra color miel de la región y acercarse hasta la iglesia de St. Peter & St. Paul, uno de los edificios más representativos del pueblo.
Otro de los rincones más bonitos es el pequeño arroyo que atraviesa Blockley y que alimentaba los antiguos molinos, pasear junto al agua, con las casas de piedra a ambos lados, es una auténtica maravilla.
Con esta primera toma de contacto ya nos dimos cuenta de que el viaje prometía muchísimo. Pero lo mejor todavía estaba por llegar, en el segundo día visitaríamos algunos de los pueblos más famosos de los Cotswolds, recorreríamos escenarios donde se rodó Harry Potter, descubriríamos la tumba del primer rey de Inglaterra y viviríamos alguna que otra anécdota que todavía hoy nos hace reír.
Día 2: Los pueblos más bonitos de los Cotswolds
Después del primer día ya estábamos completamente enamorados de los Cotswolds. Pero lo que no sabíamos era que la segunda jornada nos iba a regalar algunos de los lugares más bonitos de toda la ruta así que nuestra parada, como no podía ser de otra manera, fue en Castle Combe, uno de los pueblos más famosos y de los que más nos gustaron.
Castle Combe, el pueblo que parece detenido en el tiempo
Nuestra primera visita del día fue Castle Combe y, aunque durante el viaje vimos pueblos preciosos, este fue uno de esos lugares donde entiendes perfectamente por qué los Cotswolds tienen tanta fama, dicen que es uno de los pueblos más bonitos de Inglaterra y, sinceramente, cuesta llevarles la contraria.
Aquí prácticamente no hay carteles modernos, semáforos ni edificios que rompan la estética del lugar, todo parece haberse quedado congelado varios siglos atrás: sus casas de piedra dorada, el pequeño puente sobre el Río Bybrook y la antigua plaza del mercado forman una de las imágenes más fotografiadas del país.
Muy cerca de la plaza se encuentra la Iglesia de St. Andrew’s, cuyos orígenes se remontan al siglo XIII, aunque fue ampliada y reformada en los siglos posteriores. El campanario fue añadido en el siglo XV, durante la época de mayor prosperidad del pueblo gracias al comercio de la lana, y desde entonces se ha convertido en uno de los símbolos más reconocibles de Castle Combe, en el interior merece la pena fijarse en el curioso reloj medieval sin esfera, que durante siglos marcó las horas únicamente mediante el sonido de sus campanas, y en la tumba de un caballero representado con las piernas cruzadas, una singular escultura funeraria que tradicionalmente se ha asociado a los cruzados.
Curiosamente, Castle Combe ni siquiera tiene castillo, el nombre procede de la antigua fortaleza normanda que existió en la zona durante la Edad Media, aunque hoy apenas quedan restos.
El pueblo también ha servido como escenario para numerosas películas y series, entre ellas War Horse, Stardust o Doctor Dolittle, nosotros simplemente nos dedicamos a pasear sin rumbo, cruzar el puente unas cuantas veces (porque siempre parecía distinto según la luz), esquivar coches y guiris, disfrutar del ambiente y hacer tropecientas fotos, es un lugar muy fotogénico.
Si madrugáis, muchísimo mejor, a medida que avanza la mañana empiezan a llegar excursiones y el pueblo cambia bastante.
Lacock, el pueblo donde se rodaron algunas escenas de Harry Potter
Después llegamos a uno de los lugares que más ilusión me hacía visitar de todo el viaje, lo confieso, soy mega fan de Harry Potter así que cuando supe que en Lacock Abbey se habían rodado varias escenas de Hogwarts… tenía clarísimo que no podía perdérmela.
La Abadía de Lacock fue fundada en 1232 por Ela, condesa de Salisbury, como un convento de monjas agustinas, tras la disolución de los monasterios ordenada por Enrique VIII en el siglo XVI, el edificio pasó a convertirse en una residencia privada, lo que explica la curiosa mezcla de arquitectura religiosa y mansión señorial que puede verse hoy en día, es una especie de «convento de lujo».
Actualmente pertenece al National Trust y puede visitarse prácticamente al completo. El recorrido permite descubrir los claustros medievales, la sala capitular, la sacristía y otras dependencias monásticas que han llegado hasta nuestros días en un estado de conservación excepcional.
Si sois fans de Harry Potter, enseguida reconoceréis muchos de estos espacios: los claustros se convirtieron en los pasillos de Hogwarts, la sala capitular fue el aula de Pociones del profesor Snape y la sacristía apareció como el aula de Defensa Contra las Artes Oscuras del profesor Quirrell en Harry Potter y la piedra filosofal, estas localizaciones también volvieron a utilizarse en Harry Potter y la cámara secreta.
Confieso que pasé más tiempo intentando recordar escenas de las películas que leyendo los paneles informativos, además, la abadía también ha servido como escenario para Animales Fantásticos, Orgullo y prejuicio y varias producciones de la BBC.
La visita continúa por la elegante casa señorial que se levantó sobre el antiguo convento, donde pueden recorrerse varias estancias históricas decoradas con mobiliario de época, retratos y objetos originales, entre todas ellas destaca especialmente la biblioteca, una de las salas más bonitas de la mansión.
La abadía abre normalmente de 10:00 a 17:00 horas y la entrada cuesta 21 libras por persona, incluye el acceso a la abadía, la casa, el museo y los jardines. Puede parecer un precio elevado, pero si sois fans de Harry Potter, merece muchísimo la pena.
La entrada también incluye el Fox Talbot Museum, dedicado a William Henry Fox Talbot, considerado uno de los pioneros de la fotografía moderna, la visita es bastante curiosa porque explica cómo evolucionó la fotografía desde sus inicios hasta convertirse en lo que conocemos hoy, aunque no seas un apasionado de las cámaras, resulta muy interesante y además puedes ver antiguas cámaras de fotos, nada que ver con los móviles de última generación que hay ahora y que tienen tropecientos megapíxeles, jejeje.
Después de visitar la abadía recorrimos tranquilamente Lacock, uno de esos lugares donde cualquier calle parece una postal. De hecho, gran parte del pueblo apenas ha cambiado desde hace siglos, por lo que muchas productoras siguen utilizándolo como plató natural, sin ir más lejos, aquí también se encuentra Cantax House, una histórica casa privada que apareció en Harry Potter y la piedra filosofal, convirtiéndose en otra de las localizaciones que hacen de Lacock un destino imprescindible para los aficionados a la famosa saga.
Otro edificio que merece una parada es la Iglesia de St. Cyriac’s, cuyos orígenes se remontan al siglo XV, aunque conserva elementos de un templo anterior. Su imponente torre domina el pueblo y, en el interior, merece la pena fijarse en sus vidrieras, la pila bautismal medieval y la tumba de Sir William Sharington, el noble que transformó la abadía en residencia tras la disolución de los monasterios.
Para los fans de Harry Potter lo más especial está en el exterior del templo: tanto la fachada de la iglesia como el cementerio que la rodea se utilizaron para recrear Godric’s Hollow en Harry Potter y las Reliquias de la Muerte Parte 1, es aquí donde Harry y Hermione llegan en Nochebuena para visitar las tumbas de Lily y James Potter, una de las escenas más emotivas de toda la saga.
Paseamos entre sus casitas de piedra, pequeñas tiendas tradicionales y calles empedradas imaginando cómo sería vivir allí, eso sí… seguramente echaríamos de menos un supermercado decente al tercer día y yo personalmente me amustiaría con los horarios ingleses, mira que lo intento pero es imposible que a las 11:30 de la mañana ya esté comiéndome un guiso, como mucho me entra unas galletitas o alguna chocolatina y poco más.
Malmesbury y la tumba del primer rey de Inglaterra
Nuestra siguiente parada fue Malmesbury, una de las localidades más antiguas de Inglaterra.
Aunque mucha gente pasa de largo, nos pareció una visita muy interesante ya que su gran protagonista es la impresionante Abadía de Malmesbury, fundada alrededor del siglo VII y considerada uno de los monasterios más importantes del país durante la Edad Media.
Aunque parte del edificio original desapareció tras la disolución de los monasterios, la iglesia que ha llegado hasta nuestros días sigue siendo espectacular, la entrada es gratuita, así que no hay excusa para entrar. En el interior destacan sus enormes columnas normandas, los ventanales y, sobre todo, la Tumba de Athelstan, probablemente uno de los personajes más importantes de la historia de Inglaterra y, curiosamente, bastante desconocido.
Athelstan fue coronado en el año 925 y es considerado por muchos historiadores como el primer rey de una Inglaterra unificada, bajo su reinado consiguió unir distintos territorios anglosajones y derrotó a escoceses y vikingos en la famosa batalla de Brunanburh, consolidando el reino inglés, si habéis visto la serie de «The last kingdom» seguramente os sonará, cuando falleció en el año 939 fue enterrado precisamente aquí, en Malmesbury Abbey así que poder visitar el lugar donde descansa una figura tan importante de la historia británica pone los pelos de punta, no solo por la emoción de estar frente al fiambre del primer monarca inglés, sino porque a mí estos lugares me dan bastante yuyu y no me gustan nada.
Lo más curioso es que en la nave principal hay… una cafetería, si Athelstan levantara la cabeza, una de dos, o se volvía a morir del susto o se tomaba el té de las cinco con un trozo de tarta que por cierto, tenía una pinta muy rica.
Justo enfrente de la abadía también nos llamó mucho la atención el The Old Bell Hotel, considerado uno de los hoteles más antiguos de Inglaterra, con más de 800 años de historia. Si os gusta la arquitectura tradicional inglesa, merece la pena detenerse unos minutos para contemplar su fachada que ha quedado totalmente tapada por una mega planta que le da un aire «antiguo», acorde con la edad del alojamiento, jejeje.
Después dimos una vuelta por el pequeño centro histórico de Malmesbury, recorriendo sus calles medievales y disfrutando del ambiente mucho más tranquilo que el de otros pueblos de los Cotswolds, hay un montón de tiendecitas y justo el día que visitamos el pueblo había una feria donde te daban a probar productos típicos de la zona, tenía todo muy buena pinta, sobre todo el dulce.
Tetbury, una de las joyas menos conocidas de los Cotswolds
Después de visitar Malmesbury seguimos nuestra ruta hasta Tetbury, un pueblo con muchísimo encanto y famoso por sus tiendas de antigüedades, de hecho, el rey Carlos III tiene muy cerca su residencia de Highgrove House, por lo que la localidad siempre ha estado muy vinculada a la familia real británica.
Nada más llegar dimos una vuelta por el centro histórico y enseguida nos dimos cuenta de que era uno de esos pueblos donde apetece pasear sin rumbo.
Nuestra primera parada fue el antiguo Market House, edificio del siglo XVII que durante siglos acogió el mercado de la lana, una actividad que hizo muy rica a toda esta zona de los Cotswolds.. Seguimos caminando hasta la Iglesia de St. Mary the Virgin, construida entre los siglos XVIII y XIX sobre un templo mucho más antiguo, su característica torre domina prácticamente todo el pueblo, el interior sinceramente no le hace justicia al exterior pero eso ya va a gustos.
Pero si hay un lugar imprescindible en Tetbury es The Chipping, probablemente una de las calles más bonitas de toda la localidad, llena de edificios históricos, pequeñas tiendas independientes, casitas con flores y algunas escaleras que le dan ese toque de pueblo otoñal.
Nosotros también visitamos el curioso Tetbury Police Museum, un pequeño museo instalado en la antigua comisaría donde se explica cómo trabajaba la policía local hace más de un siglo, es una visita rápida y gratuita, algo bastante raro allí que cobran hasta por respirar.
Y claro… después de tanto caminar llegó el momento de buscar algo que comer, nos topamos con Hobbs House Bakery (sí, la famosa panadería de Tetbury), donde compramos un bollo que estaba espectacular, no podemos decir lo mismo de su dependienta, no debía de tener su mejor día, nos atendió con bastante pocas ganas y estuvo a punto de lanzarnos el cambio a la cara, una sonrisa no cuesta dinero… aunque igual allí sí la cobraban aparte, jejeje.
Cirencester, la capital de los Cotswolds
La siguiente parada fue Cirencester, considerada la capital de los Cotswolds.
Durante la época romana fue la segunda ciudad más importante de Britania, solo por detrás de Londinium (la actual Londres), y todavía conserva parte de ese enorme pasado histórico, eso sí, antes de empezar la visita tuvimos que superar la primera prueba del día, encontrar aparcamiento y creedme, no es nada fácil, las mayoría de calles son de un solo sentido, como te metas en el centro, estás perdido, no sales de allí ni al día siguiente de la cantidad de guiris que quieren cruzar y lo peor, si por alguna casualidad encuentras algún aparcamiento de chiripa, es de pago, así que preparaos para pasar por caja.
Cuando por fin conseguimos aparcar, nuestra primera parada fue la impresionante Iglesia de San Juan Bautista, considerada una de las iglesias parroquiales medievales más grandes de Inglaterra, su interior es precioso y merece muchísimo la pena entrar y aquí os dejo un consejo bastante útil, tiene baños gratuitos que vienen de lujo.
Muy cerca encontramos también el histórico The Fleece Hotel, uno de los edificios más conocidos de Cirencester y el día que visitamos Cirencester también coincidimos con un mercadillo que había justo al lado de la iglesia, podías comprar artesanía, comer el famoso fish and chips o tomarte algo caliente, la verdad que hacía un poco de fresquillo y apetecía.
Fuimos paseando por Castle Street, una calle llena de edificios elegantes y comercios tradicionales, y seguimos descubriendo rincones de esta animada localidad inglesa.
Como teníamos un poco de hambre, entramos en The Crown, un pub inglés tradicional. Pedimos una hamburguesa y bueno, digamos que el cocinero tenía una relación muy especial con la parrilla, nuestra hamburguesa llegó bastante más hecha de lo que nos habría gustado, casi achicharrada, por no decir que aquello tenía más pinta de suela de zapato que de carne.
Por suerte yo estaba mega constipada, apenas notaba el sabor de la comida y me daba igual ocho que ochenta, menos mal, porque si llego a tener el gusto funcionando perfectamente… igual me hubiera fastidiado un poco pagar por algo tan carbonizado.
Bibury, el pueblo más fotografiado…Y probablemente el más masificado
Después de comer pusimos rumbo a Bibury, posiblemente el pueblo más famoso de todos los Cotswolds y también el más turístico y masificado.
Su gran protagonista es Arlington Row, una hilera de antiguas casas de tejedores construidas en el siglo XIV y convertidas hoy en uno de los lugares más fotografiados de Inglaterra, y sí, es muy bonito pero también fue el sitio donde más aglomeraciones encontramos durante todo el viaje.
Había turistas por todas partes, influencers buscando el ángulo perfecto, gente esperando turno para hacerse la foto, maleducados que les importaba tres narices salir en las fotos de todo el mundo, trípodes, móviles, cámaras, prácticamente no cabía un alfiler y era un poco estresante así que, aunque Arlington Row nos gustó, no conseguimos disfrutarla tanto como esperábamos, más bien tenía ganas de irme de allí del agobio que tenía encima con tanta gente, una pena!.
Otro tema delicado es el aparcamiento, o mejor dicho… la ausencia de aparcamiento, después de dar varias vueltas terminamos dejando el coche a casi dos kilómetros del pueblo y aun así seguía habiendo coches aparcados por cualquier sitio imaginable: en las aceras, en las cunetas, muy cerca de los campos, hubo momentos en los que daba la sensación de que alguno terminaría aparcando directamente entre las vacas o dentro del río, horroroso!.
Lo mejor de Bibury, al menos para nosotros, fue alejarnos un poco de Arlington Row y dar un paseo junto al Río Coln, por suerte pasa un poco desapercibido a pesar de que es uno de los lugares más bonitos de Bibury donde puedes ver patos nadando, los árboles reflejándose en el agua y ese ambiente pausado que tanto caracteriza a los Cotswolds.
Burford, puerta de entrada a los Cotswolds
Nuestra siguiente parada fue Burford, otra de las localidades imprescindibles de cualquier ruta por la zona.
El pueblo conserva un marcado aire medieval y su calle principal desciende en pendiente hasta el Río Windrush, ofreciendo una de las estampas más bonitas de los Cotswolds.
Allí visitamos la magnífica Iglesia de St. John the Baptist, considerada una de las iglesias medievales más importantes de Inglaterra, su enorme interior está lleno de detalles que permiten descubrir parte de la historia del lugar. Durante la Guerra Civil inglesa, en 1649, el templo tuvo un uso muy diferente al habitual: fue convertido temporalmente en prisión por orden de Oliver Cromwell, que encerró allí a unos 340 soldados pertenecientes a los Levellers, un movimiento político y militar que se había rebelado contra sus superiores. Algunos de aquellos prisioneros dejaron inscripciones y grabados en las paredes y en diferentes partes de la iglesia, huellas que todavía pueden contemplarse hoy.
Después recorrimos The Hill, la calle principal del pueblo, donde se concentran antiguas posadas, pequeñas tiendas y edificios de piedra que conservan el encanto de otras épocas. Pasear por ella es como adentrarse en un escenario medieval, con cada fachada y cada rincón aportando un poco más de personalidad a este pintoresco lugar.
Fue una visita bastante rápida, pero nos dejó muy buen sabor de boca.
Minster Lovell, el broche perfecto para terminar día
Cuando ya pensábamos que la jornada llegaba a su fin hicimos una última parada en Minster Lovell, una de las grandes sorpresas del viaje y por lo que dicen, uno de los pueblos más embrujados de los Cotswolds, menos mal que no leí mucho antes de ir allí sino me lo salto, jejeje.
Es un pequeño pueblo que suele pasar desapercibido en muchas rutas, pero tiene muchísimo encanto, sobre todo por sus casitas con tejado de paja, jardines con muchas flores y fachadas color miel.
Comenzamos visitando la tranquila Iglesia de St. Kenelm, rodeada de un cementerio típico inglés que parece sacado de una novela de miedo, allí si quieres entrar en cualquier templo o iglesia tienes que pasearte sí o sí entre muertos, sinceramente, no me mola nada pero es lo que hay. El templo fue construido en el siglo XV, alberga en su interior la tumba de alabastro del séptimo Barón Lovell y conserva muchos de sus detalles originales como los bancos de madera y algunos fragmentos de las vitrinas medievales.
Justo al lado se encuentran las ruinas de Minster Lovell Hall & Dovecote, una antigua mansión del siglo XV construida junto al río Windrush, según una antigua leyenda cuenta que el último lord de Minster Lovell desapareció misteriosamente y años después encontraron un esqueleto sentado junto a una mesa dentro de una habitación secreta, verdad o no le da un punto bastante intrigante y misterioso al lugar, encima estaba anocheciendo y yo lo único que quería era salir corriendo de allí, entre el cementerio, la leyenda del esqueleto y las ruinas, parecía que en cualquier momento iba a parecer el fantasma del barón o de cualquiera de su familia.
Antes de marcharnos recorrimos la tranquila calle principal, Minster Riding donde se pueden ver las típicas casas con tejado de paja, incluso estuvimos tentados en entrar en un pub a tomar algo pero estaba anocheciendo, por las carreteras de la zona se cruzan mogollón de animalitos y además estaba empezando a llover así que pusimos rumbo al hotel para descansar, después de tantos kilómetros, tantos pueblos y tantas fotos, el cuerpo empezaba a pedir descanso.
Día 3: Los pueblos más famosos de los Cotswolds
Después del tute del día anterior tocaba afrontar nuestra última jornada completa por los Cotswolds. Y si pensábamos que ya habíamos visto los pueblos más bonitos… estábamos muy equivocados, nos esperaba un día lleno de canales, molinos, calles medievales y algún que otro aparcamiento de pago, porque si algo aprendimos durante este viaje es que en Inglaterra aparcar gratis es casi una leyenda urbana.
Bourton-on-the-Water, la Venecia de los Cotswolds
Nuestra primera parada fue Bourton-on-the-Water, probablemente uno de los pueblos más conocidos de toda la región y como no, antes incluso de empezar a visitarlo ya habíamos pasado por caja, como es costumbre en esta parte del país.
El pueblo está atravesado por el Río Windrush, sobre el que se levantan varios pequeños puentes de piedra que le han valido el sobrenombre de «la Venecia de los Cotswolds», allá donde vayas siempre existe una Venecia y en los Cotswolds no iba a ser diferente, en este caso era Bourton-on-the-Water.
Lo primero que hicimos fue acercarnos a la Iglesia de St. Lawrence, el principal templo de este lugar, sus orígenes se remontan al siglo XII, aunque el edificio que podemos ver hoy es el resultado de varias ampliaciones y reformas realizadas entre los siglos XIV y XVII, merece la pena entrar para admirar sus vidrieras, su tranquila nave y el ambiente de paz que se respira en su interior, además, la entrada es gratuita, como ocurre en muchas iglesias inglesas.
Seguimos caminando hasta llegar al Cotswold Motoring Museum, uno de los museos más populares de toda la región. En su interior alberga una colección de más de un centenar de vehículos clásicos, motocicletas, bicicletas, juguetes antiguos, carteles publicitarios y todo tipo de objetos relacionados con la historia del automóvil en el Reino Unido. Su pieza más famosa es Brum, el simpático coche amarillo protagonista de una conocida serie infantil británica, que nació precisamente a partir de uno de los vehículos expuestos en este museo.
El museo abre todos los días, normalmente de 10:00 a 18:00 horas (aunque el horario puede variar según la época del año), y la entrada cuesta alrededor de 11,25 libras por persona, lo mejor es que si quieres visitar este sitio consultes su página web.
Nosotros, sin embargo, decidimos no entrar, aunque tenía muy buena pinta, nos pareció un sitio un poco… bastante caro para el tiempo que íbamos a dedicarle, preferimos seguir recorriendo el pueblo y guardar esas libras para algún té, un dulce o, siendo sinceros, para los innumerables parkings que nos esperaban durante el resto del viaje.
Ojo porque Bourton-on-the-Water es uno de los pueblos más turísticos de todos los Cotswolds así que si podéis llegar a primera hora de la mañana, lo disfrutaréis muchísimo más, cuando empiezan a llegar las excursiones y los autocares, el ambiente cambia bastante y resulta mucho más complicado recorrerlo con tranquilidad y aparcar, cuando nosotros salíamos de allí, no había ni un sitio libre.
Lower Slaughter, nuestro gran descubrimiento
Desde Bourton apenas hay unos minutos en coche hasta Lower Slaughter, uno de los lugares que más nos gustaron, parece un pueblo de cuento.
El gran protagonista del sitio es The Old Mill, un antiguo molino de agua del siglo XIX situado junto al río Eye, durante muchos años funcionó como molino harinero y hoy en día alberga una pequeña tienda y una cafetería.
Pero más allá del molino, lo realmente bonito es el conjunto: las casitas de piedra perfectamente cuidadas, los jardines, el sonido del agua, atravesar los pequeños puentes…hasta puedes hacer un recorrido a caballo y todo, vimos un montón de gente a lomos de estos animalitos.
Desde Lower Slaughter sale un sendero muy sencillo que conecta ambos pueblos en unos veinte minutos, como hacía buen día decidimos hacerlo caminando, el paseo merece muchísimo la pena ya que transcurre entre prados, árboles y el río, ofreciendo algunas estampas preciosas de la campiña inglesa con sus ovejitas, caballos y casitas color miel.
Ahora bien Upper Slaughter no acabó de conquistarnos, no es que sea feo, ni mucho menos, pero supongo que como visitamos primero Lower y nos enamoró, nos pareció que tenía bastante menos que ofrecer.
Es un sitio agradable para dar una vuelta, respirar aire puro y disfrutar del paisaje, pero si vais con el tiempo justo y tenéis que elegir, nosotros dedicaríamos todo el tiempo a Lower Slaughter.
Stow-on-the-Wold y la puerta de cuento
Nuestra siguiente parada fue Stow-on-the-Wold, otro de los pueblos imprescindibles de los Cotswolds y que teníamos marcado en rojo en nuestro itinerario, ahora os cuento por qué.
El centro gira alrededor de la amplia Market Square, una plaza donde durante siglos se celebró uno de los mercados de lana más importantes de Inglaterra, todavía hoy conserva ese ambiente comercial lleno de pequeñas tiendas, cafeterías y galerías de arte.
Pero si hay un rincón famoso en todo el pueblo es la puerta de St. Edward’s Church, fijo que la habéis visto alguna vez en Instagram y esa era la razón para ir hasta allí.
Dos enormes tejos abrazan una antigua entrada de madera creando una imagen que parece sacada de un cuento, muchos dicen incluso que inspiró las puertas de las Minas de Moria de El Señor de los Anillos, cosa que no está demostrada pero la verdad es que algún que otro parecido tiene, jejeje. Como somos bastante fans de esta saga, allá que nos fotografiamos los dos.
Chipping Campden, elegancia en estado puro
Continuamos nuestra ruta hasta Chipping Campden, considerado uno de los pueblos más elegantes y mejor conservados de los Cotswolds. Su origen se remonta a la Edad Media y alcanzó una gran prosperidad gracias al comercio de la lana entre los siglos XIV y XVII, una riqueza que todavía puede apreciarse en la belleza de sus edificios históricos.
Su larguísima High Street es, sin duda, uno de los grandes atractivos de la localidad, a ambos lados de la calle se alinean elegantes casas, antiguas posadas y comercios tradicionales construidos con la inconfundible piedra color miel de los Cotswolds, creando una de las estampas más bonitas de toda la región.
En el corazón del pueblo se encuentra el emblemático Market Hall, construido en 1627 por el rico comerciante Sir Baptist Hicks. Este mercado cubierto permitía a los vendedores de lana y otros productos realizar sus transacciones protegidos de la lluvia y sigue siendo el símbolo más reconocible de Chipping Campden. Es, con diferencia, el edificio más fotografiado de la localidad, y basta con verlo para entender por qué.
Si dispones de algo más de tiempo, merece la pena acercarse a la Iglesia de St. James, una de las más bellas de los Cotswolds, o recorrer alguno de los senderos que parten desde el pueblo, como el famoso Cotswold Way, que ofrece magníficas vistas del paisaje rural inglés.
Snowshill, un pequeño alto en el camino
La siguiente parada fue Snowshill, un diminuto pueblo que conserva todo el encanto de los Cotswolds. Es muy pequeño y se recorre enseguida, pero precisamente ahí está su gracia: calles tranquilas, casas de piedra, flores en las ventanas…el típico pueblo idílico inglés que además ha servido como plató para la peli de Bridget Jones.
Uno de los lugares más fotografiados de Snowhill es la Iglesia de St. Barnabas, construida en el año 1864. No os vayáis a creer que es famoso por la historia de su templo, no, este lugar se ha hecho popular porque tiene justo delante una bonita cabina de teléfono roja tan inglesa que parece colocada expresamente para la foto. Si no fuera por el cementerio que hay de fondo, sería la postal perfecta… aunque, pensándolo bien, con esas lápidas y el silencio del pueblo, parece que en cualquier momento va a aparecer un zombi detrás de una esquina, jejeje.
Por suerte encontramos muy pocos turistas comparado con otros pueblos de la zona, todo un lujo poder sacar una foto sin que salgan doscientos guiris, jejeje. Si viajas en los meses de verano, aunque no era nuestro caso, merece la pena acercarse hasta Hill Barn Farm, una granja situada a escasos 5 minutos donde puedes ver los campos de lavanda en plena floración.
Broadway, mucho más que una torre
Como la Broadway Tower ya la habíamos visitado el primer día, esta vez decidimos recorrer el pueblo con calma y nos encantó.
La amplia High Street está llena de edificios históricos, tiendas independientes, galerías de arte y cafeterías con muchísimo encanto, de hecho aprovechamos para entrar en una librería muy cuqui a comprar un libro que le mola a mi sobrino, es de las típicas tiendas antiguas que molan mucho, en el caso de la librería estaba regentada por una adorable abuelita con el típico moño blanco, parecía que llevaba allí los mismos años que el pueblo.
También nos acercamos hasta la iglesia de St. Michael & All Angels, construida en el siglo XII y reformada posteriormente, después de tantos kilómetros caminando decidimos premiarnos con una parada en una terraza así que nos sentamos tranquilamente a tomar algo mientras veíamos pasar a la gente.
Winchcombe y los caprichos de los horarios ingleses
Nuestra última parada del día fue Winchcombe.
La idea inicial era visitar Sudeley Castle, un castillo muy conocido porque allí está enterrada Catalina Parr, la última esposa de Enrique VIII y leímos que era un sitio muy chulo, sin embargo, cuando llegamos ya era demasiado tarde para visitarlo así que cambiamos de plan, nos dedicamos a pasear por las calles del pueblo y terminamos entrando en el antiguo Lion Inn, un pub con muchísimos años de historia y ese ambiente tan típicamente inglés que tanto nos gusta.
Pensamos en cenar allí pero llegamos después de las cinco de la tarde y ya no servían comida, los horarios británicos volvieron a recordarnos que no siempre encajan con nuestras costumbres mediterráneas, es lo que tiene viajar, así que nos conformamos con tomar algo antes de regresar al hotel.
Día 4. Stratford-upon-Avon, la despedida perfecta
Aunque nuestra ruta por los Cotswolds había terminado, todavía nos quedaban unas horas antes de devolver el coche de alquiler y decidimos aprovecharlas visitando Stratford-upon-Avon, la ciudad donde nació y vivió William Shakespeare.
Fue un auténtico acierto ya que nos encantó y nos dio mucha rabia no tener tiempo suficiente para poder conocerla, eso sí, nada más llegar volvimos a comprobar otra de las grandes tradiciones inglesas, también había que pagar por aparcar.
Recorrimos su precioso centro histórico, lleno de casas de entramado de madera, calles con muchísimo ambiente y edificios perfectamente conservados, nuestra idea era visitar la famosa casa donde nació Shakespeare pero el tiempo jugaba en nuestra contra, teníamos que devolver el coche y no queríamos arriesgarnos así que nos quedamos con las ganas, vimos el exterior que es precioso y nos compramos un recuerdo del famoso poeta.
De todas formas, si queréis visitar la casa de Shakespeare tiene que molar, está situada en pleno centro de Stratford-upon-Avon donde nació en 1564, hijo de John Shakespeare, un próspero fabricante de guantes, en esta misma casa pasó su infancia antes de convertirse en el autor de obras tan universales como Romeo y Julieta, Hamlet o Macbeth.
La visita es muy entretenida porque no solo recorres las estancias originales de la vivienda, sino que también puedes ver objetos de la época, conocer curiosidades sobre su vida e incluso disfrutar de pequeñas representaciones teatrales en el jardín, todo está pensado para que no sea el típico museo en el que solo lees carteles.
El museo abre todos los días de 10:00 a 16:00 horas (aunque puede variar ligeramente según la época del año, así que conviene comprobarlo antes de ir en la página web) y la entrada cuesta alrededor de 25-26 libras si la compras online e incluye también el acceso a los jardines de New Place, otra de las visitas relacionadas con Shakespeare.
Mi consejo es que le dediquéis al menos una hora y media para verla con calma y, después, aprovechéis para perderos por Stratford-upon-Avon, es uno de esos pueblos ingleses que invitan a pasear sin mirar el reloj, entrar en alguna cafetería y disfrutar del ambiente. Si además podéis terminar el día viendo una obra de teatro de la Royal Shakespeare Company, la experiencia ya es redonda, sino, siempre podéis echaros una foto con la estatua del famoso dramaturgo inglés, jejeje.
Sin duda, es una visita que nos quedó pendiente y a la que esperamos volver algún día con mucho más tiempo.
Consejos para visitar los Cotswolds
Después de recorrer la zona durante varios días, estos son algunos consejos que creemos que pueden ayudaros a preparar el viaje.
¿Cómo recorrer los Cotswolds?
Alquilar un coche para nosotros es prácticamente imprescindible.
Sí, existen autobuses entre algunos pueblos, pero las frecuencias son limitadas y perderéis muchísimo tiempo. Con un coche podréis improvisar, parar donde os apetezca y descubrir pequeños rincones que normalmente pasan desapercibidos, además, conducir por las carreteras de los Cotswolds, rodeadas de muros de piedra, ovejas despistadas y prados infinitos, es parte de la experiencia, eso sí, recordad que en Reino Unido se conduce por la izquierda.
Los primeros kilómetros acojonan un poco, pero enseguida os acostumbraréis. Si os soy sincera, yo no he conducido nunca en Reino Unido, ni en ningún otro país donde se conduzca «al revés» pero ir de copiloto también tiene su acojone, en más de una ocasión he pensado que nos íbamos a estampar contra el muro de piedra que teníamos al lado, no estoy nada acostumbrada a ir de paquete en el lado del conductor…
Además, el coche os permitirá enlazar pueblos como Bibury, Castle Combe, Bourton-on-the-Water, Stow-on-the-Wold o Broadway en un mismo día sin depender de horarios. Y creedme, cuando veáis una carretera secundaria que parece sacada de un cuento, agradeceréis poder girar el volante y explorar sin pensarlo dos veces.
Otro tema importante, si hay una palabra que vais a repetir muchas veces durante el viaje es…Pay & Display, la mayoría de los pueblos tienen aparcamientos de pago.
En algunos se puede pagar con tarjeta y en otros mediante aplicaciones móviles, pero conviene llevar siempre una tarjeta o algo de efectivo por si acaso, nos sorprendió la cantidad de parkings de pago que encontramos, así que mejor contar con ese pequeño gasto desde el principio, el precio de la hora cuesta entre 1 y 2 Libras por hora.
¿Qué pasa si no queréis alquilar coche o no tenéis carnet de conducir? No pasa nada, también es posible recorrer los Cotswolds en transporte público, aunque tendréis que planificar bastante más el viaje, aquí os dejamos algunas formas para hacerlo:
En tren
La red ferroviaria británica no conecta directamente los pueblos más bonitos de los Cotswolds, pero sí llega a varias localidades situadas en los alrededores, desde donde podréis continuar en autobús o taxi.
Las estaciones más utilizadas son:
- Moreton-in-Marsh, una de las mejores puertas de entrada a los Cotswolds y con trenes directos desde Londres Paddington.
- Kemble, ideal para visitar Cirencester.
- Cheltenham Spa, perfecta si queréis explorar la zona norte.
- Kingham, muy cerca de Chipping Norton y varios pueblos con encanto.
Los billetes pueden comprarse con antelación a través de la web de National Rail, donde también podéis consultar horarios, cambios y posibles incidencias, si reserváis con tiempo, es habitual encontrar tarifas bastante más económicas.
En autobús
Moverse en autobús es posible, pero hay que tener paciencia, algunas rutas solo pasan unas pocas veces al día y los horarios cambian según la época del año.
Las principales compañías que operan en la zona son:
- Pulhams Coaches, que conecta localidades como Bourton-on-the-Water, Stow-on-the-Wold, Moreton-in-Marsh o Cheltenham.
- Stagecoach West, con rutas entre Cheltenham, Cirencester, Stroud y otros pueblos de la región.
- First Bus, que cubre algunas conexiones en la parte sur de los Cotswolds y ciudades cercanas.
En verano suele funcionar también el Cotswolds Discoverer, un servicio pensado para turistas que enlaza algunos de los pueblos más populares, conviene comprobar si está operativo durante las fechas de vuestro viaje, ya que no circula todo el año.
Los billetes pueden comprarse directamente al conductor (normalmente con tarjeta), mediante las aplicaciones móviles de cada compañía o en sus páginas web (Pulhams Coaches, Stagecoach West, First Bus o Cotswolds Discoverer donde también encontraréis mapas y horarios actualizados.
Si vuestro presupuesto lo permite, nosotros no dudaríamos en alquilar un coche, os dará muchísima libertad y aprovecharéis mucho mejor el tiempo. Los Cotswolds no son solo sus pueblos más famosos, buena parte de su magia está precisamente entre ellos: carreteras estrechas flanqueadas por muros de piedra, campos verdes hasta donde alcanza la vista y pequeños rincones que aparecen cuando menos os lo esperáis.
Ahora bien, si no queréis conducir por la izquierda o simplemente preferís viajar en transporte público, también podéis disfrutar de la región, solo tendréis que organizar mejor el itinerario, consultar bien los horarios y asumir que veréis menos pueblos en cada jornada.
Donde alojarse en los Cotswolds
Nosotros decidimos hacer base en Swindon, ya que está bastante bien situada para recorrer la parte sur de los Cotswolds y los desplazamientos diarios no se hacen demasiado largos.
Elegimos el Holiday Inn Express Swindon – West y fue todo un acierto, el hotel estaba muy limpio, las habitaciones eran cómodas, el personal fue encantador durante toda la estancia y, además, dispone de aparcamiento gratuito, algo que se agradece muchísimo después de comprobar lo complicado que resulta aparcar en muchos pueblos de los Cotswolds.
Otro punto a favor fue el restaurante, después de pasar todo el día recorriendo pueblos, haciendo fotos y caminando kilómetros, lo último que nos apetecía era volver a coger el coche para buscar dónde cenar así que todas las noches terminábamos cenando en el propio hotel.
La carta no es especialmente extensa, pero tiene bastante variedad y los precios nos parecieron razonables y siendo sinceros, con el fresquito que hacía por la noche, lo de terminar de cenar y tener la cama a apenas unos metros tampoco sonaba nada mal, jejeje.
¿Cuál es la mejor época para visitar los Cotswolds?
Aunque cualquier momento del año tiene su encanto, creemos que el otoño es una de las mejores épocas para recorrer esta región, los árboles empiezan a teñirse de tonos ocres, las temperaturas son mucho más agradables para caminar y el paisaje parece todavía más bonito, además, apetece entrar en una cafetería, pedir un té o café calentito y refugiarse un rato antes de seguir descubriendo nuevos pueblos.
Para mí la imagen perfecta sigue siendo la de una chimenea encendida pero para eso habrá que volver en invierno, a nosotros no nos importaría lo más mínimo, jejeje.
Nosotros viajamos en primavera, las temperaturas eran suaves y un poco fresquitas por la noche pero lo peor fue que cuando llegaban las 6 de la tarde, automáticamente se ponía el modo lluvia así que, aunque también tiene su encanto porque puedes ver todas las casitas con las flores y plantas de la fachada tenéis que tener en cuenta este detalle y que además anochece muy pronto.
Los Cotswolds tienen decenas de pueblos preciosos pero es imposible abarcarlos todos en un solo viaje, a no ser que te tires allí un mes entero así que nuestra recomendación es que mejor visitar menos lugares y dedicarles más tiempo.
Después de recorrer durante cuatro días algunos de los pueblos más bonitos de Inglaterra solo podemos decir una cosa, los Cotswolds nos enamoraron, es cierto que algunos lugares, como Bibury o Bourton-on-the-Water, están muy masificados en determinadas épocas del año, también es verdad que aparcar puede convertirse en una pequeña aventura y que el coche resulta prácticamente imprescindible para recorrer la zona con libertad pero todo eso pasa a un segundo plano cuando empiezas a descubrir pueblos como Lower Slaughter, Castle Combe, Blockley o Broadway, si tuviéramos que elegir nuestros favoritos serían, sin duda, Castle Combe, Lower Slaughter y Blockley, aunque cada pueblo tiene algo especial que lo hace diferente.
Si estás pensando en hacer una ruta por el sur de Inglaterra, reserva al menos tres días para descubrir los Cotswolds, ¿Conocíais este rinconcito inglés?





























































































































