Con el cambio de planes de última hora decidimos adentrarnos en el outback australiano así que pusimos rumbo a Chillagoe, situado en la región de Queensland y que en la antigüedad fue un importante centro minero. Salimos para allá sobre las 4 de la tarde, el camino va cambiando de montañas llenas de vegetación a llanuras rojizas llenas de canguros, wallabies y enormes hormigueros.

Cruzamos vías abandonadas, pueblos casi desiertos y de repente la carretera dejó de existir para adentrarnos en un camino de tierra rojiza llena de piedras y sin casi vegetación, en la cuneta había un montón de canguros muertos, una pena! Después de ver un precioso atardecer que tiñó todo el horizonte de rojo, se nos hizo de noche y si os soy sincera me acojoné bastante, no porque pensara que me iba a salir la niña de la curva sino porque nos habían dicho que era peligroso conducir por la noche ya que los canguros cruzan muy a menudo la carretera, bueno, en este caso la pista, por llamarla de alguna manera y algunos son auténticos mastodontes capaces de destrozar el coche sin pestañear.

Tras 275 kilómetros y 3 horas de coche, por fin llegamos al «pueblo» de Chillagoe. Solo había cuatro calles, ni un alma por la calle y estaba todo a oscuras, más bien parecía que habíamos llegado a un pueblo fantasma por lo que pensamos que igual teníamos que dormir en el coche!
En medio de toda la oscuridad vimos una gasolinera típica del lejano oeste con una luz tenue que además estaba al lado de un camping por lo que allá que nos fuimos a preguntar si tenían habitaciones, tiendas de campaña o lo que se terciara para dormir, obviamente, así era, no había mucho turista por allí y menos a esas intempestivas horas australianas, eran casi las 8 de la tarde, jejejeje.
El sitio en cuestión se llamaba C.T.V Camping & Caravans y tenían una especie de cabinas, nos las enseñaron y la verdad es que no estaban mal, el precio 110 AUD la noche con baño privado, y lo mejor, estaba impecablemente limpio por lo que como tampoco teníamos mucho donde escoger, allá que nos quedamos. Lo bueno fue cuando tuvimos que meter el coche dentro del recinto, no había manera de encontrar la entrada en medio de toda aquella oscuridad, suerte que no encontramos ninguna piscina, árbol pequeño o cualquier otro obstáculo porque si no, nos lo comemos fijo. Dejamos todos los trastos en la habitación y nos fuimos con una linterna al más puro estilo «el Proyecto de la Bruja de Blair» hasta recepción, estaba en el quinto pino.

Pedimos una hamburguesa para cenar, tampoco es que tuvieran un gran surtido de manjares y suerte que la devoramos rápido porque en 10 minutos ya estaban cerrando y lo peor, nos apagaron el router del wifi, jejejeje.
¿Qué se puede hacer en un lugar donde apenas distingues el camino para llegar hasta la habitación y no hay wifi? Pues buscar canguros, sí, como os cuento. Parecíamos dos tontos con las cámaras detrás de los canguritos, había decenas de ellos, en medio de la carretera, en los matorrales, en la puerta de los baños compartidos, al lado de nuestro coche, etc, etc… pero a la que nos acercábamos salían cagando leches de allí, tan sólo veíamos ojos rojos en mitad de la oscuridad y sentíamos el ruido que hacían al saltar y al chocarse con algo metálico que no sabíamos que era, fue muy emocionante porque era la primera vez que estaba face to face con un animalito de esos aunque no viera un pimiento y tan sólo distinguiera su figura. Empezaba a hacer frío y sinceramente, después de estar quieta como una momia a ver si se me acercaba alguno sin mucho éxito, comprendí que estaba haciendo el panoli así que a dormir que me fui, al día siguiente ya vería alguno, con todos los que había…
Nos despertamos a las 7:30 y tras desayunar y ducharnos salí como una posesa para ver si todavía había algún canguro y en lugar de eso me encontré con todo el camping lleno de pavos, una de dos, o por el día se disfrazan o son medio vampiros y huyen de la luz, jejejeje.

Chillagoe fue hace unos 400 millones de años un antiguo mar, poco profundo y lleno de arrecifes de coral, con los años, los diferentes movimientos de tierra y la actividad volcánica de la zona hicieron que el mar se retirara para dejar un paisaje lleno de acantilados y piedras calizas que la erosión ha ido moldeando a su gusto. En el interior de este horizonte de rocas, hay una red de más de 550 de cuevas, cavernas y túneles ricos en mármol, minerales y donde habitan diferentes especies de murciélagos y serpientes.

Durante el siglo XIX este pequeño pueblo adquirió gran importancia y hasta aquí llegaron numerosos mineros para explotar las diferentes minas de zinc y mármol lo que permitió la construcción de una estación de tren, un banco, dos hoteles, una oficina de correos, una especie de juzgado – prisión y una fundición de cobre, alguno de estos edificios hoy en día todavía siguen en pie.

Nos dirigimos hacia el HUB (Centro de Visitantes de Chillagoe) que está situado en Queen Street y está abierto de 8 a 5 de la tarde, este lugar hace de oficina de turismo y desde aquí se pueden reservar los diferentes tours a las cuevas del pueblo situadas en el Parque Nacional de Chillagoe Muntana, el principal atractivo de la zona en la actualidad. Hoy en día se pueden visitar 6 cuevas, Donna Cave, Trezkinn Cave, Royal Arch Cave, Bauhinia Cave, Pompeii Cave y The Archway, las tres primeras hay que verlas sí o sí con un guía y las tres últimas se pueden hacer por libre aunque para algunas es necesario tener un cierto nivel en tema exploración de cuevas.

Los precios no son nada baratos y los horarios bastante malos por lo que si queréis ver todas tendréis que estar allí como mínimo dos días, nosotros decidimos ver una ya que queríamos ver otros pueblos mineros de la zona y pasar otro día más en ese sitio no nos emocionaba mucho así que nos decantamos por la Donna Cave que tenía visita guiada a las 9 de la mañana. Los pecios para ver las diferentes cuevas son: 1 cueva 25,45 AUD, 2 cuevas 40,35 AUD y las tres 50,70 AUD, vamos, un dineral!
Donna Cave está situada en las afueras del pueblo, a unos 2 kilómetros y se puede llegar allí en coche por una pista de tierra. Su nombre lo toma de una formación que hay justo en la entrada y se cree que representa la imagen de la virgen y al niño, cuenta con un recorrido guiado de aproximadamente 830 metros en los que podemos ver una rica decoración de estalactitas, estalagmitas y grandes coladas, según nos contó el ranger que nos acompañaba, en el interior habitan varias especies de murciélagos y serpientes y se han encontrado esqueletos de canguros, wallabies y hasta algún que otro cocodrilo.

Aparcamos el coche y como era de esperar, tan sólo éramos 4 personas, a las 9 en punto apareció nuestro guía y tras algunas breves instrucciones de seguridad nos adentramos en la cueva. La entrada es espectacular y muy estrecha aunque cuando la vi por poco y me rajo, me entraron los sudores de la muerte, jejejeje.

Una empinada escalera se abre paso entre la montaña de piedra caliza para mostrarnos una enorme caverna, aquí no hay muchas formaciones pero la galería es impresionante, continuamos y subimos por una plataforma y el guía nos empezó a explicar las diferentes formaciones de la cueva, incluso tiene un trozo de estalactita y nos la deja coger, pesa un montón y es bastante suave aunque me tienen que ayudar para dejarla en el suelo.


Seguimos recorriendo las galerías por pasillos, escaleras empinadas y plataformas, algunas veces incluso hasta tenemos que reptar, quién me mandaría meterme allí, la verdad que en algunas zonas lo pasé un poco mal con mi claustrofobia, jejejeje. La cueva no está mal aunque he visto otras muchas mejores, tardamos alrededor de una hora en visitarla y la salida es todavía mejor o peor (según se mire) que la entrada, una impresionante escalera de caracol y luego otra muy empinada entre dos rocas y por la que poco menos que tienes que dejar de respirar para subirla nos dan acceso al cielo azul, mira que me encantan las cuevas pero agradecí salir de aquel agujero.

Dejamos el coche en el parking y nos dirigimos a la Roca Balancín, un lugar sagrado para los aborígenes de la zona, el camino para llegar allí es de aproximadamente 1,2 kilómetros y lo hicimos andando bajo un sol asfixiante por un sendero medio desértico lleno de enormes hormigueros y donde pudimos ver (por fin) un par de canguros extraviados y una horripilante serpiente que hizo que terminara el camino en un tiempo récord, vamos, que ni el Coyote detrás del Correcaminos lo hubiera hecho tan rápido, jejejeje.

La Roca Balancín es espectacular, entre una formación rocosa aparece una enorme piedra que se aguanta solo por un vértice y ofrece una panorámica del paisaje cercano impresionante, en la zona hay varias pequeñas cuevas con arte aborigen y por lo que nos dijeron, algunos canguros y wallabies escondidos en ellas, no pudimos ver ninguno pero la caminata hasta el balancín mereció la pena.

Regresamos al coche de nuevo, había más senderos pero hacía mucho calor por lo que decidimos poner rumbo a nuestro siguiente destino, Irvinnebank y Herberton, dos pueblos mineros perdidos en mitad del outback australiano. La zona nos encantó y creo que está infravalorada, el paisaje es diferente a lo que puede verse en la costa y además cuenta con una gran riqueza en flora, geología y fauna, 100 % recomendable!
Si queréis seguir nuestras aventuras y saber por dónde andamos lo podéis hacer a través de Facebook, Google+, Pinterest, Foursquare, Instagram y Twitter. ¿Ya nos sigues en nuestras diferentes Redes Sociales? Si es que no, anímate y aprieta el botón de ME GUSTA!








