Hacia tiempo que teníamos ganas de visitar Lanzarote, cuando estuvimos en Tenerife nos encantó y nos quedamos con ganas de seguir descubriendo las Islas Canarias así que aprovechamos que teníamos una semana libre en enero y para allá que nos fuimos. Desde el primer día entendimos que la isla se disfruta mejor sin prisas, improvisando paradas en miradores, descubriendo algunas playas y pueblos blancos donde parece que el tiempo se quedó tomando el sol.
Recorrimos carreteras rodeadas de lava negra, descubrimos calas de agua transparente casi por casualidad y acabamos cada jornada con la sensación de haber visto un paisaje distinto en cada rincón. Alquilamos un coche para nuestra aventura canaria y eso nos dio la libertad de cambiar de planes sobre la marcha: caminar entre volcanes, perderse entre viñedos surrealistas de La Geria o terminar viendo el atardecer en cualquier lugar de la isla.
Durante esos siete días, Lanzarote nos sorprendió constantemente. No es solo una isla de paisajes bonitos, tiene algo casi extraterrestre, como si Marte hubiese decidido mudarse al Atlántico y decorar un poco el paisaje con casas blancas y callejones llenos de flores.
Esta fue la ruta que hicimos, seguramente nos quedamos un montón de sitios chulos, pero cuando organizas un viaje en tan poco tiempo, tienes que elegir los lugares que más se adapten a tus gustos o tu estilo de vida, espero que os sirva toda la información para planificar una escapada a esta isla canaria.
Día 1:
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Casa Museo de César Manrique
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Mirador del Río
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Cueva de los Verdes
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Jameos del Agua
Visitar la Casa Museo de César Manrique
Visitar la casa del pintor / escultor César Manrique es meterte de lleno en su refugio, laboratorio creativo y vida de este artista canario. Nacido en Arrecife en 1919, Manrique fue pintor, escultor, arquitecto, diseñador y probablemente una de las personas que mejor entendió cómo convivir con un paisaje sin destrozarlo por el camino.
Tras vivir una buena temporada fuera de la isla, regresó a Lanzarote en los años 60 y gracias a su influencia, hoy en día podemos admirar su obra por todas partes, alguno de los lugares más representativos que creó son los Jameos del Agua, el Mirador del Río o el mismísimo diablillo del Parque Nacional de Timanfaya.
Básicamente recorres Lanzarote y en algún momento acabas diciendo: “Esto tiene pinta de ser cosa de Manrique”. Y normalmente aciertas.
La casa-museo que se puede visitar hoy fue la residencia de Manrique desde 1986 hasta que murió en el año 1992, está en Haría, al norte de Lanzarote, rodeada de palmeras y tranquilidad. En el interior hay un montón de objetos, herramientas, pinceles, esculturas y rincones que parecen preparados para que el artista vuelva en cualquier momento con un café y una idea nueva.
Uno de los espacios más interesantes es el taller, donde todavía se conservan pinturas, mesas de trabajo y materiales originales.
Para consultar los horarios del museo y los precios de entrada actualizados lo mejor es visitar la página oficial de la Fundación César Manrique, allí encontrarás toda la información necesaria para planificar tu recorrido por este lugar.
Teguise: Probablemente uno de los pueblos más bonitos de Lanzarote
Teguise fue fundada en el siglo XV, poco después de la conquista normanda de Lanzarote. El nombre proviene de la princesa aborigen Teguise, hija del rey Guadarfía, último monarca indígena de la isla. Durante siglos fue el centro político, religioso y administrativo de Lanzarote, hasta que en 1852 la capital pasó a Arrecife.
La tranquilidad actual engaña: durante los siglos XVI y XVII la villa sufrió numerosos ataques piratas. El más famoso fue el del corsario otomano Morato Arráez que en el año 1586 desembarcó en la Costa de los Ancones y arrasó el pueblo.
Nada más llegar, os recomiendo que os acerquéis a la Oficina de Información Turística, situada en plena Plaza de la Constitución, el corazón histórico de la antigua capital lanzaroteña.
El edificio está rodeado de casas tradicionales, terrazas tranquilas y algunas de las calles más bonitas del municipio. Además de mapas y recomendaciones, aquí suelen orientarte sobre rutas culturales, museos, mercadillos y horarios de monumentos. Estos son los lugares más importantes de Teguise:
Plaza de San Miguel
La vida en Teguise gira alrededor de esta plaza llena de terracitas, músicos callejeros y muchos de los edificios más importantes de la villa.
Justo enfrente se alza la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, una de las iglesias más importantes de Lanzarote. Su origen se remonta al siglo XV, aunque tuvo que reconstruirse en varias ocasiones tras incendios y saqueos piratas. El campanario blanco destaca sobre el resto de edificios de la plaza.
Castillo de Santa Bárbara
En lo alto del volcán Guanapay encontramos el Castillo de Santa Bárbara, una fortaleza defensiva construida en el siglo XV para proteger la isla de los ataques piratas y que hoy en día alberga el Museo de la Piratería, uno de esos sitios donde entiendes de golpe por qué Lanzarote vivió durante siglos mirando al mar con cierta desconfianza.
La fortaleza domina Teguise desde las alturas como un vigía pétreo que todavía parece estar esperando noticias del Atlántico. Y la ubicación no fue casual.
A lo largo de la historia, Lanzarote sufrió ataques constantes de corsarios otomanos, piratas ingleses y saqueadores franceses. La isla estaba demasiado bien situada en las rutas marítimas como para pasar desapercibida así que construir un castillo en lo alto de un volcán parecía una idea bastante razonable.
Desde aquí se controlaba buena parte del litoral y se avisaba a la población cuando aparecía peligro en el horizonte. Algo así como el «WhatsApp defensivo del siglo XV», pero con vigías, campanas y bastante más dramatismo ya que cualquier barco sospechoso se veía venir desde kilómetros de distancia y normalmente cuando aparecían velas enemigas en el horizonte, no traían precisamente souvenirs ni buenas noticias.
Para más información sobre el museo, horarios o precios de entrada os recomiendo visitar su página web.
El elegante Palacio Spínola es uno de esos edificios que parecen susurrar historias desde los balcones. El edificio comenzó a levantarse entre 1730 y 1780 por encargo de la familia Feo Peraza, una de las familias más influyentes de Lanzarote en aquella época.
Antes de convertirse en residencia nobiliaria, el lugar era conocido como “la casa de las inquisidoras”, porque estuvo vinculado al Tribunal del Santo Oficio. Más tarde pasó a ser residencia de gobernadores militares y personajes importantes de la política lanzaroteña.
Hoy en día alberga el Museo del Timple, dedicado al instrumento musical más emblemático de Canarias, una especie de guitarra en miniatura con 5 cuerdas, aunque no seas fan del folklore, el edificio por sí solo ya merece la visita. En la página web del museo encontraréis toda la información para organizar vuestra visita.
El mercadillo dominical de Teguise
Los domingos entre las 9 de la mañana y las 2 de la tarde, Teguise se transforma con su famoso mercadillo que ocupa buena parte del casco histórico y mezcla artesanía, productos locales, ropa y música en vivo. Nació en 1985 y hoy cuenta con cientos de puestos.
Con el tiempo, el mercado fue creciendo hasta convertirse en uno de los más importantes y visitados de Canarias. Hoy reúne cientos de paraditas y atrae cada semana a miles de personas entre visitantes, guiris intentando decidir si realmente necesitan otra pulsera hecha con lava volcánica, curiosos y profesionales del noble arte de comprar recuerdos “porque caben perfectamente en la maleta”, me incluyo, jejeje.
La Cilla
Puede parecer un edificio discreto, pero La Cilla guarda parte de la historia económica de Lanzarote.
En este antiguo granero del siglo XVII se almacenaban los diezmos agrícolas que la población entregaba a la Iglesia y a los señores feudales. Traducido al castellano moderno: este lugar era como el banco medieval de Teguise! Durante los años 80, el inmueble fue rehabilitado y las obras estuvieron a cargo del artista César Manrique.
Callejón de la Sangre
Teguise está llena de calles con encanto, pero pocas tienen un nombre que haga girar la cabeza tan rápido como el Callejón de la Sangre. Sí, suena intenso aunque la historia que hay detrás del nombre también lo es.
Cuenta la tradición que durante uno de los ataques piratas que sufrió la antigua capital de Lanzarote en el siglo XVI, este estrecho callejón se convirtió en escenario de una batalla bastante salvaje entre vecinos y corsarios. La cosa terminó tan mal para los invasores que el lugar acabó quedándose con ese nombre tan chungo.
Lo curioso es que hoy el sitio transmite justo lo contrario. Casitas blancas, silencio, adoquines, macetas con flores y esa calma tan típica de Teguise que hace que quieras caminar despacio, es uno de esos rincones donde la historia y el postureo viajero conviven perfectamente: puedes aprender algo del pasado… y sacar una foto chula para subir al Instagram al mismo tiempo.
Así que si paseas por Teguise, no vayas solo mirando tiendas y terrazas. A veces la calle más pequeña es la que guarda la historia más grande y todas tienen un encanto especial.
Barranco de las Piletas – Teguise
Después de pasar la mañana recorriendo las calles de Teguise, entre casas blancas, puertas de madera y ese ritmo tranquilo que tiene el pueblo, decidimos seguir con nuestra ruta del día hasta el Barranco de las Piletas.
Llegar hasta allí es bastante fácil si vas en coche. Desde Teguise tardamos apenas unos minutos en dirección a Los Valles. El paisaje va cambiando poco a poco: menos casas, más terreno volcánico y menos gente.
Hay que dejar el coche cerca del acceso. El recorrido es corto y sencillo, pero tiene esa gracia de ir avanzando sin saber muy bien qué te vas a encontrar detrás de cada curva, es importante llevar crema, zapatos cómodos y protector solar ya que aquí el sol juega en otra liga.
El paisaje del Barranco de las Piletas está relacionado con el origen volcánico de Lanzarote. Tras las erupciones que dieron forma a gran parte de la isla, la erosión provocada por el agua y el viento fue modificando lentamente la roca volcánica. Con el paso del tiempo aparecieron las cavidades naturales conocidas como piletas.
Estas formas erosionadas son un buen ejemplo de cómo la naturaleza ha ido transformando el terreno volcánico hasta crear paisajes muy diferentes entre sí: pasillos estrechos de roca, pequeñas piscinas sin agua, arcos y una vista que parece de otro planeta.
Mirador del Río: Las mejores vistas de Lanzarote y La Graciosa
Nuestra siguiente parada en la isla fue el famoso Mirador del Río, literalmente colgado sobre los acantilados de la zona Norte de Lanzarote.
Como muchos de los lugares más conocidos de allí, el Mirador del Río lleva la firma de César Manrique. Fue inaugurado en los años 70 y construido sobre una antigua batería militar del siglo XIX. Lo mejor es que el edificio casi desaparece dentro del paisaje, desde fuera apenas se distingue porque Manrique quiso integrarlo totalmente en la montaña. El resultado parece más una cueva futurista que un mirador turístico ya que cuenta con ventanales panorámicos enormes, una curiosa escalera de caracol y una cafetería donde poder tomarte algo con vistas a la vecina isla de La Graciosa, eso sí, mejor ir en un día despejado si no quieres pagar para ver solo nubarrones.
Los horarios y tarifas pueden cambiar según la temporada, así que lo mejor es consultarlos directamente en la web oficial de Centros de Arte, Cultura y Turismo de Lanzarote. Actualmente el mirador suele abrir todos los días entre las 10:00 y las 17:00, aunque conviene comprobarlo antes de la visita.
Cueva de los Verdes: Visita a un túnel volcánico con sorpresa final
Nuestra siguiente parada fue en la Cueva de los Verdes, un gigantesco tubo volcánico creado hace unos 3.000 años por las erupciones del Volcán de La Corona. La lava descendía hacia el mar mientras la superficie se enfriaba, formando una especie de túnel natural por el que seguía corriendo magma ardiente. Cuando la lava dejó de fluir… quedó este laberinto subterráneo.
El sistema completo de túneles tiene varios kilómetros de longitud y parte de él continúa incluso bajo el mar, en el llamado Túnel de la Atlántida donde se han encontrado más de treinta especies únicas. Por el momento no es posible su visita y solo es accesible para proyectos científicos.
Tiene una historia curiosa, durante siglos, los habitantes de Lanzarote utilizaron estas galerías como escondite frente a ataques piratas. Imagínate la escena: corsarios saqueando la costa mientras familias enteras desaparecían bajo tierra en un túnel volcánico gigantesco. Casi parece el arranque de una novela de aventuras.
La visita se hace sí o sí con un guía y dura unos 50 minutos, atraviesa pasillos estrechos, salas enormes y rincones donde las paredes parecen cubiertas de cobre, óxido y sombras líquidas.
Además, la temperatura interior se mantiene fresca todo el año, alrededor de los 18-19 grados, así que entrar desde el sol lanzaroteño tiene un efecto parecido a abrir la puerta de una nevera gigante, no veas qué gustazo cuando vienes del exterior.
Y aquí llega el pacto de silencio entre viajeros. Porque sí: la cueva guarda una sorpresa al final del recorrido. Una de esas que hacen que todo el grupo se mire con cara de “espera… ¿QUÉ?”.
No vamos a destriparla. Sería un crimen turístico de primer nivel y probablemente una maldición volcánica nos perseguiría el resto de nuestros días así que tendréis que visitar este lugar para conocerla, jejeje.
Para planificar vuestra visita a la cueva, conocer los horarios y precios actualizados podéis visitar la página web oficial de Centros de Arte, Cultura y Turismo de Lanzarote.
Jameos del Agua: la magia subterránea de Lanzarote
Para finalizar las visitas del día nos dirigimos a los archi conocidos Jameos del Agua, un lugar que forma parte de un enorme túnel volcánico creado tras la erupción del Volcán de la Corona hace miles de años. La palabra “jameo” hace referencia a las aberturas que se forman cuando el techo del tubo volcánico se derrumba.
El artista lanzaroteño César Manrique aprovechó y transformó este espacio natural en una obra de arte integrada con el paisaje. Y cuando decimos integrada, hablamos de una mezcla casi mágica entre naturaleza, arquitectura, y diseño. De hecho, fue uno de los primeros grandes proyectos de Manrique en la isla y resume perfectamente su filosofía: crear sin destrozar el entorno.
Nada más entrar ya notas que el sitio tiene algo especial y si no fuera por la marabunta de gente que hay allí sería un sitio mágico. Hay que bajar por unas escaleras excavadas en la roca y de repente aparece un lago subterráneo iluminado de forma tenue, tan tenue que yo casi que no veía un pimiento entre la claridad de fuera y la oscuridad de dentro.
Y entonces llega el momento “espera… ¿qué son esos puntitos blancos?”. Dentro del lago viven unos diminutos cangrejos blancos y ciegos llamados «jameítos», una especie endémica de Lanzarote que prácticamente se ha convertido en el símbolo del lugar y que actualmente están en peligro de extinción.
Son tan pequeños que mucha gente pasa de largo sin verlos. Nosotros estuvimos un buen rato buscándolos como si fuera una misión arqueológica submarina ya que habíamos leído sobre estos animalitos antes de ir hasta allí y aunque nos costó bastante rato, al final pudimos ver alguno, eso sí, tienes que fijarte mogollón.
Después de atravesar el túnel volcánico y el lago subterráneo llegas a una zona completamente distinta: luz natural, vegetación tropical, palmeras y la icónica piscina turquesa que seguramente has visto millones de veces en Instagram y diferentes vídeos que circulan por Internet. Spoiler importante: no se puede bañar nadie aunque ganas dan de pedirte un mojito y zambullirte en el agua, con el calor que hace en Lanzarote seguramente algún guiri haya caído en la tentación más de una vez.
Además del lago y la piscina exterior, el lugar también cuenta con un restaurante y un auditorio con capacidad para aproximadamente 500 personas donde se celebran conciertos y espectáculos varios.
Como los horarios, tarifas y eventos especiales pueden cambiar según la temporada, lo mejor es consultar siempre la web oficial antes de ir, allí también se pueden comprar entradas online y evitar las estratosféricas colas que se forman todos los días, especialmente cuando viene un bus cargado de guiris.
Día 2:
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Jardín del cactus
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Arrecife
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Playa del Papagayo – Parque Natural Los Ajaches
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Salinas de Janubio
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El Golfo
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El Charco de los Clicos
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Los Hervideros
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Montaña Bermeja
Jardín del cactus: El rincón más fotogénico de Lanzarote
Nuestro segundo día empezó en el Jardín del cactus, un auténtico oasis en mitad del «desierto de volcanes». Y sí, aunque suene a lugar donde los cactus conspiran en silencio bajo el sol canario, la realidad supera bastante a la imaginación.
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Montaña Roja
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Playa Blanca
Después de varios días recorriendo volcanes, carreteras imposibles y paisajes que parecían de otro planeta, el tercer día en Lanzarote tocaba algo muy importante: convertirnos oficialmente en turistas de pulserita y os aseguro que cumplimos la misión con bastante dignidad.
Nos apuntamos prácticamente a todas las actividades del hotel en un estado mental entre “vacaciones merecidas” y “a ver hasta dónde llega esto”. Hubo juegos, animación, risas absurdas y, cómo no, un torneo de vóley piscina donde acabamos formando equipo internacional improvisado con unos turcos y unos chicos de Tenerife. Naciones Unidas, pero flotando sobre colchonetas.
También descubrimos que el verdadero deporte olímpico del todo incluido es el Kahoot del hotel. Contestando preguntas random conseguimos varios regalitos bastante épicos para el nivel de competitividad que había en la sala. Nunca imaginé sentir tanta adrenalina respondiendo quién cantaba cierta canción del verano sujetando un mojito. Lo único que nos faltó para completar la transformación absoluta en guiris profesionales fue el bingo de abueletes pero no lo organizaban ese día. Una tragedia vacacional, jejeje.
Montaña Roja: El volcán que vigila Playa Blanca
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Parque Nacional de Timanfaya
Parque Nacional de Timanfaya: La excursión más top de Lanzarote
El Parque Nacional de Timanfaya no es “otro paisaje volcánico más” ya que aquí la tierra sigue viva. Bajo tus pies hay zonas que alcanzan temperaturas flipantes y en algunos puntos el calor sigue saliendo de las entrañas de la isla como si el volcán estuviera diciendo: “tranquilos, sigo aquí”.
Y claro, cuando llegas entiendes rápido por qué este lugar está tan protegido y por qué no puedes ir paseando alegremente por allí como si fuera una excursión dominguera. Aquí no se puede caminar libremente por la zona principal del parque, ni de broma!. La famosa Ruta de los Volcanes se hace sí o sí en un autobús oficial del parque. No puedes entrar con tu coche, ni recorrerlo andando, ni improvisar un trekking entre cráteres.
Y sinceramente… tiene todo el sentido del mundo. El terreno es extremadamente frágil y peligroso. Hay zonas donde el calor está a pocos centímetros bajo la superficie así que te subes a la guagua oficial y empieza uno de los recorridos más surrealistas que puedes hacer en España. Durante el trayecto atraviesas mares de lava petrificada, montañas negras, cráteres rojos, ceniza volcánica y formas imposibles que parecen hechas por extraterrestres. Hay momentos donde miras por la ventana y piensas: “esto no puede ser real”.
Lo más loco es que todo esto nació tras las erupciones volcánicas que comenzaron en 1730 y duraron nada menos que seis años. Sí, seis años lanzando lava, fuego y destruyendo pueblos enteros., imagínate el nivel de caos para que los habitantes de la época pensaran prácticamente que había llegado el fin del mundo. Las erupciones transformaron completamente Lanzarote y crearon el paisaje que hoy en día conocemos.
Y luego llega uno de los momentazos de la visita: las demostraciones geotérmicas del Islote de Hilario. Aquí el personal del parque hace pequeñas “magias volcánicas” que dejan a todo el mundo mirando con cara de niño pequeño: Echan ramas secas en un agujero… y prenden solas, lanzan agua a unos tubos subterráneos… y sale disparada convertida en géiser de vapor, es alucinante! Todo porque el calor sigue ahí debajo, esperando tranquilamente como un dragón dormido. La verdad que algo así ya pudimos ver cuando visitamos Big Island en Hawái, Wai-o-tapu en Nueva Zelanda o Islandia pero verlo en nuestro país es muy guay.
📍HORARIOS Y ENTRADAS
Actualmente el parque suele abrir aproximadamente entre las 9:00 y las 17:00, aunque la última entrada normalmente es bastante antes porque el acceso depende del aforo y de los autobuses.
💶 Precios orientativos más habituales:
• Adultos: entre 12 € y 30 € dependiendo del tipo de entrada o paquete
• Niños: entre 6 € y 15 €
• Menores de 7 años: gratis en muchos casos
Consejo importante: llega temprano. MUY temprano. Las colas para entrar pueden ser tremendas, especialmente si vas a media mañana y en temporada alta. Para preparar tu visita, conocer los precios y horarios actualizados y ver mapas de la zona lo mejor siempre es consultar la página oficial del Parque Nacional de Timanfaya.
Si os gustan la gastronomía típica de la zona que visitáis, no os podéis perder el famoso Restaurante El Diablo, allí cocinan usando una enorme parrilla encima de una abertura volcánica y aprovechando el calor que proviene del subsuelo volcánico y como no, fue diseñado por el mismísimo César Manrique.
Consejos rápidos para sobrevivir a Timanfaya sin derretirte: Lleva agua, protector solar sí o sí y batería de la cámara y el móvil a full, no pararás de hacer fotos, me ha costado escoger entre todas las que tengo, jejeje.
Y ahora la sorpresa final que mucha gente no sabe, aunque dentro del núcleo principal del parque no puedes caminar libremente, SÍ existen algunas rutas guiadas especiales y senderos autorizados en zonas concretas del entorno volcánico, para más información hay que ir al centro de visitantes, las plazas son limitadas y suelen agotarse rápido.
Día 5:
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Parque de los Volcanes
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Caldera Blanca
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Volcán el Cuervo
Parque de los Volcanes: Vistas marcianas en Lanzarote
Como nos habíamos quedado con ganas de más, nuestro quinto día en la isla lo dedicamos al Parque de los Volcanes, a recorrer alguno de sus senderos más conocidos y a descubrir uno de los paisajes más surrealistas que puedes recorrer en nuestro país. Porque sí, hay momentos en Lanzarote donde parece que has aterrizado directamente en otro planeta. Todo alrededor es lava solidificada, montañas negras y cráteres rojizos.
Esta zona volcánica nació tras las enormes erupciones que comenzaron en 1730 y que estuvieron activas durante seis años. Lo que en aquel momento fue una catástrofe, hoy es uno de los paisajes más impresionantes de Canarias.
Aunque mucha gente relaciona esta parte con Timanfaya y la famosa ruta en autobús, el Parque de los Volcanes también tiene senderos espectaculares donde sí puedes caminar y sentirte diminuto entre coladas de lava y conos volcánicos gigantes. Nosotros aprovechamos para hacer varias rutas tranquilas, disfrutando del paisaje casi en silencio y parándonos cada dos minutos a hacer fotos porque literalmente todo parecía sacado de una película de ciencia ficción.
Consejo rápido: lleva agua, gorra y protector solar porque aquí la sombra es prácticamente un mito y aunque parece que no te vas a quemar, yo creo que las piedras hacen como efecto espejo y acabas achicharrado como una gamba gaditana, jejeje.
Caldera Blanca: Una de las excursiones más famosas en el Parque de los Volcanes de Lanzarote
Nuestra primera visita dentro del parque fue una de las excursiones más populares de allí, la Caldera Blanca. Y sinceramente, entendimos rápido por qué todo el mundo la recomienda.
La ruta atraviesa parte del impresionante paisaje volcánico del Parque de los Volcanes, una zona que nació tras las brutales erupciones de Timanfaya entre 1730 y 1736, cuando Lanzarote cambió completamente de aspecto. Lo que hoy parece un decorado lunar fue, hace apenas unos siglos, un auténtico caos de lava y fuego.
La excursión a Caldera Blanca es bastante sencilla y muy agradecida visualmente. El sendero completo ronda los 10 kilómetros ida y vuelta aproximadamente, dependiendo de cuánto explores la parte superior del cráter. El coche se deja normalmente en una pequeña zona habilitada junto al pueblo de Mancha Blanca, donde empieza la ruta. Desde ahí, el camino avanza entre coladas de lava y terrenos volcánicos hasta llegar poco a poco a la subida final.
La ascensión hasta arriba suele llevar alrededor de 1 hora y media o 2 horas con calma, haciendo paradas para fotos, que ya avisamos: vas a hacer muchas, ya que cuanto más subes, más espectacular se vuelve el paisaje. Y cuando llegas arriba… llega el momentazo.
La Caldera Blanca tiene uno de los cráteres más grandes de Canarias, con unos 1.200 metros de diámetro, y las vistas desde arriba son una auténtica pasada, desde allí puedes ver gran parte del Parque de los Volcanes, conos volcánicos por todas partes, campos de lava infinitos y, en días despejados, hasta el océano.
Aunque mucha gente llega arriba y se da media vuelta, lo mejor es rodear parte del cráter. El sendero que bordea la caldera tiene unas vistas brutales y esa sensación constante de estar caminando por un planeta recién creado. Acabamos mega cansados pero valió la pena el esfuerzo ya que el sitio es alucinante!.
Volcán el Cuervo: Entrando en un antiguo cráter
Aunque estábamos muy cansados, todavía nos quedaban fuerzas para visitar otro de los lugares top del parque, el Volcán el Cuervo. Y menos mal, porque este sitio es de esos que no te puedes saltar aunque vayas arrastrando las botas.
El Cuervo fue el primer volcán que entró en erupción durante las grandes explosiones de Timanfaya en 1730. Básicamente, aquí empezó el “show” volcánico que cambió toda esta parte de Lanzarote para siempre, creando un paisaje de lava y ceniza que hoy podemos admirar.
La visita es muy sencilla y perfecta para todos los niveles. El sendero que rodea el volcán tiene unos 4 kilómetros aproximadamente, en forma de ruta circular muy fácil de seguir y todo plano, que es lo que más me gusta, jejeje. Normalmente se tarda entre 1 hora y 1 hora y media en hacerla tranquilamente, parando a hacer fotos (que vas a parar, créeme).
Se puede dejar el coche en un aparcamiento habilitado junto al inicio del sendero, muy accesible y bien señalizado. Desde ahí, el camino te va llevando poco a poco entre campos de lava solidificada y paredes negras hasta que el volcán empieza a imponerse delante de ti. Pero lo mejor no es solo rodearlo… es entrar dentro.
Sí, puedes acceder al interior del cráter del Volcán el Cuervo, y es sin duda la parte más espectacular de la visita. Caminas literalmente dentro de lo que fue el punto de erupción, rodeado de paredes volcánicas gigantes y un silencio que impresiona bastante. La sensación es bastante especial, como si estuvieras en el corazón de la Tierra todavía caliente (aunque tranquilo, ahora ya no quema… demasiado).
El contraste entre el exterior árido y el interior del cráter hace que la experiencia sea mucho más intensa de lo que parece al principio. Y es uno de esos lugares donde entiendes de verdad la fuerza brutal que moldeó Lanzarote.
Como habíamos estado todo el día en ruta, caminando nivel Dios y bajo el sol achicharrante de la isla era hora de llegar al hotel, pegarse un bañito en la piscina, acicalarse, cenar y disfrutar de la animación, nos habíamos vuelto adictos al Kahoot, jejeje.
Día 6:
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Los Charcones
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Casa Museo del Campesino
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Atardecer en las Salinas de Janubio
Los Charcones: Las piscinas cristalinas de agua salada
La primera parada de nuestro sexto día fue en Los Charcones ya que estaban relativamente cerca de nuestro hotel. Estas piscinas naturales se formaron entre coladas volcánicas cerca de Playa Blanca y, durante años, fueron un secreto bastante bien guardado entre locales y viajeros curiosos. El mar y la lava fueron moldeando la roca y creando esta pequeña obra de arte natural.
Llegar tiene su punto aventurero. Se accede por una pista de tierra desde Playa Blanca y después hay un sendero corto y fácil, de unos 10 a 20 minutos dependiendo de dónde aparques y de qué charcón quieras visitar. Nada extremo, pero mejor ir con calzado cómodo porque la roca volcánica no perdona y en algunos lugares sale de la tierra en plan alfiler, eso sí, no siempre se puede bajar ni bañarse. Aunque en fotos parezca una piscina idílica de lo más tranquila, el Atlántico manda. Cuando hay oleaje fuerte, las olas golpean con muchísima fuerza y puede ser bastante peligroso acercarse. A nosotros nos pasó exactamente eso: había mega olas rompiendo contra las rocas y fue imposible bajar con seguridad, así que tocó disfrutar el espectáculo marítimo desde arriba.
Justo al lado de Los Charcones está el famoso hotel abandonado Atlante del Sol, también conocido como “el hotel fantasma”. La historia tiene bastante leyenda alrededor. El proyecto arrancó a finales de los 60 o principios de los 70 con la idea de crear un gran complejo turístico con hotel y hasta campo de golf impulsado por un inversor alemán. El problema es que intentar levantar un oasis verde en mitad de roca volcánica y una costa azotada por el viento no salió precisamente bien y la obra quedó paralizada en 1973 así que el hotel nunca llegó a abrir sus puertas.
Desde entonces, el esqueleto de hormigón lleva más de 50 años mirando al mar como un gigante olvidado. Hay mil versiones sobre su abandono: problemas legales, falta de financiación, socios desaparecidos… pero nadie parece saber la historia real. Ojo porque es bastante peligroso entrar, las paredes parece que vayan a colapsar en cualquier momento así que mejor verlo desde fuera.
Casa Museo del Campesino: Un museo con esencia canaria
Si quieres conocer el lado más auténtico de Lanzarote, apunta esta parada: Casa Museo del Campesino, situada en Mozaga, justo en el corazón de la isla. Este espacio fue creado por César Manrique, no podía ser de otra manera, y es un homenaje a los campesinos lanzaroteños, capaces de cultivar vida entre lava, viento y piedra volcánica.
Nada más llegar te recibe el famoso Monumento a la Fecundidad, una enorme escultura blanca construida con antiguos tanques de agua y materiales reciclados que ya se ha convertido en uno de los iconos de la isla. Dentro, merece mucho la pena perderse entre patios tradicionales, herramientas agrícolas antiguas, talleres artesanos y pequeñas muestras de arquitectura típica lanzaroteña. La Plaza de los Artesanos suele ser uno de los rincones favoritos, especialmente si coincides con artesanos trabajando en directo y como no, no puedes irte de allí sin comprar algo, jejeje.
La entrada es gratuita y el horario habitual suele ser de 10:00 a 18:00 todos los días del año, aunque algunos talleres y servicios pueden cerrar antes por la tarde. La visita se hace tranquilamente en unos 45-60 minutos y también hay restaurante con cocina típica canaria por si quieres alargar el plan entre papas arrugadas y vino volcánico, eso sí, para organizar la visita con horarios y precios actualizados, lo mejor es consultar siempre la web oficial de CACT Lanzarote.
Atardecer en las Salinas de Janubio
Aunque ya habíamos estado en este lugar, no podíamos irnos de Lanzarote sin volver para ver el atardecer, uno de los momentos mágicos del día. En la carretera hay un pequeño apartadero desde donde se ven todas las salinas y cuando empieza a caer el sol y el paisaje cambia de color es un sitio muy top. Nos compramos algo en un supermercado y nos sentamos allí en plan cine de verano a ver la «peli del fin del día», jejeje.
Día 7:
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La Geria – Bodegas el Grifo
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Atardecer en Castillo San Marcial de Rubicón
La Geria y Bodegas el Grifo: El arte del vino volcánico
Nuestro último día en Lanzarote lo dedicamos para visitar la zona de la Geria y conocer alguna bodega de por allí. Y vaya manera de despedirse de la isla. La Geria parece otro planeta: viñedos plantados en ceniza volcánica, pequeños muros de piedra protegiendo cada cepa y un paisaje negro que contrasta con el verde de las vides.
Además de recorrer la zona en coche parando en miradores y viñedos, visitamos la Bodega El Grifo, fundada en el año 1775 y que es una de las más antiguas de España. Después de las erupciones volcánicas del Timanfaya, los agricultores de Lanzarote consiguieron convertir la ceniza en su mejor aliada para cultivar la vid. Y allí siguen, casi 250 años después, haciendo vino en un entorno único, eso se llama constancia, jejeje.
La visita merece muchísimo la pena. Puedes recorrer el antiguo lagar, el museo del vino, pasear entre las vides y terminar con una cata de vinos canarios que entra peligrosamente bien. La bodega tiene varias opciones de visita y cata, desde recorridos con audioguía hasta experiencias más completas con degustación de vinos y quesos canarios. Nosotros estuvimos mirando toda la info y tarifas en su web oficial.
Si vais a Lanzarote, reservar un día para La Geria es prácticamente obligatorio. Paisajes volcánicos, carreteras preciosas y vino con sabor a lava.
Atardecer en Castillo San Marcial de Rubicón
Para despedir nuestro último día en Lanzarote decidimos buscar un buen sitio donde ver cómo el sol se derretía sobre el Atlántico. Y ahí apareció el Castillo de San Marcial de Rubicón, tranquilo, elegante y con ese aire de “he visto siglos pasar y sigo aquí tan campante”.
El castillo está en la zona de Playa Blanca, muy cerca del mar, vigilando la costa como un viejo centinela de piedra. Hoy el ambiente es relajado, con paseantes, cámaras buscando la mejor foto. La fortaleza original se construyó en el siglo XVIII para defender la isla de los ataques piratas y proteger las rutas comerciales.
Además, el nombre “San Marcial de Rubicón” tiene mucha historia detrás. Rubicón fue uno de los primeros asentamientos europeos en Canarias y llegó a tener incluso el primer obispado del archipiélago allá por el siglo XV. Así que, mientras nosotros estábamos allí haciendo fotos al cielo rosa, el lugar cargaba siglos de historias de navegantes, conquistas y mares algo menos tranquilos que el de esa tarde.
No se nos ocurrió mejor manera de cerrar Lanzarote: sin prisas, sin planes y solo el mar, piedra volcánica, un castillo con mucha historia… y un atardecer.
La entrada combinada de César Manrique en Lanzarote: qué incluye y cuánto te ahorras
Si durante tu viaje a Lanzarote tienes pensado visitar varios espacios relacionados con César Manrique, hay una opción bastante interesante para ahorrar unos eurillos y organizar mejor la ruta: la famosa entrada combinada. Y sí, después de unos cuantos centros, el bolsillo lo agradece casi tanto como las piernas.
La combinación más conocida es la de la Fundación César Manrique en Tahíche junto con la Casa-Museo César Manrique en Haría. Comprando la entrada conjunta pagas menos que adquiriendo ambas por separado. Actualmente, la entrada individual cuesta unos 10 € por centro, mientras que la combinada ronda los 17 €, así que el ahorro es de aproximadamente 3 € por persona.
Los lugares incluidos en esta entrada combinada son:
- Fundación César Manrique
- Casa-Museo César Manrique
Las entradas se pueden comprar directamente en las taquillas de ambos espacios y también online a través de la web oficial de la Fundación César Manrique. Además, hay otro tipo de bono muy popular en la isla: el de los Centros de Arte, Cultura y Turismo (CACT), gestionados por el Cabildo de Lanzarote. Ese pase incluye varios de los lugares más famosos diseñados por Manrique:
- Jameos del Agua
- Mirador del Río
- Jardín de Cactus
- Cueva de los Verdes
- Montañas del Fuego
Si tienes pensado visitar varios de ellos, también merece mucho la pena porque el ahorro acumulado puede ser bastante importante. Nuestro consejo después de recorrer la isla: si vas a quedarte varios días y te gusta combinar naturaleza, arquitectura y arte, estas entradas combinadas compensan muchísimo. Al final acabas entrando en sitios que probablemente no habrías visitado “porque ya que tenemos el bono…”, y muchas veces terminan siendo de los rincones más especiales del viaje.
Eso sí: los horarios pueden cambiar según la época del año o eventos especiales, así que lo mejor es consultar siempre la página oficial antes de ir para evitar el clásico drama vacacional de llegar a una puerta cerrada bajo el sol achicharrante de Lanzarote.
¿Dónde dormir en Lanzarote?
Elegir dónde alojarse en Lanzarote cambia muchísimo el viaje, porque cada zona tiene su propio estilo: surf, relax, playas infinitas, ambiente local o vacaciones de pulserita y cero preocupaciones.
Después de darle unas cuantas vueltas, nosotros acabamos eligiendo un todo incluido en Playa Blanca porque nos salía prácticamente igual de precio que alojamiento con desayuno. Sí, una de esas matemáticas vacacionales que desafían toda lógica humana, eso sí, no aparecíamos ningún día por el hotel a la hora de la comida, aprovechábamos para disfrutar de la gastronomía de la isla y no perder tiempo volviendo veinte veces hasta allí.
Escogimos el BLUESEA Alyssa Suite Hotel que está al sur de Lanzarote y tiene un ambiente mucho más relajado que otras zonas más turísticas. Aquí encuentras playas tranquilas, paseo marítimo agradable, ferris a Fuerteventura si tienes pensado ir hasta allí y bastante oferta hotelera. además, desde Playa Blanca puedes llegar relativamente rápido a:
- Parque Nacional de Timanfaya
- Las Salinas de Janubio
- Los Hervideros
- Playa Papagayo
Otras zonas que están también bien y hay que tener en cuenta a la hora de reservar alojamiento en Lanzarote son:
- Puerto del Carmen: Si buscas más movimiento, bares, restaurantes y ambiente turístico clásico. Tiene muchísima oferta de ocio y playas enormes, además de estar cerca del aeropuerto. Perfecto para quien quiere combinar playa con cenas, copas y paseos nocturnos.
- Costa Teguise: Más tranquila que Puerto del Carmen pero con bastante vida. Muy popular entre familias y amantes de deportes acuáticos. Aquí suele hacer bastante viento, lo cual para algunos es un inconveniente… y para otros un parque de atracciones natural con cometas gigantes.
- Arrecife: La capital tiene un ambiente más auténtico y menos “resort”. Si prefieres sentir un poco más la vida local y moverte por restaurantes menos turísticos, puede ser una buena base de operaciones. Eso sí, si lo que quieres es estar todo el día en la playa vuelta y vuelta en plan lagarto quizá esta no sería una buena opción.





































































