Hacía tiempo que teníamos ganas de visitar Chefchaouen, la habíamos visto en un montón de fotos antes de viajar a Marruecos y, siendo sinceros, nos llamaba muchísimo la atención eso de una ciudad entera pintada de azul, había algo en sus callejuelas, sus escaleras y sus fachadas azules que nos atraía como un imán al metal así que, estando en Tánger, decidimos que ya era hora de conocerla en persona. Y sí, Chefchaouen es tan azul como aparece en las fotos, bueno, quizá incluso más, jejeje.
La ciudad está en plena cordillera del Rif, a unos 115 kilómetros de Tánger y aunque se puede visitar perfectamente en una excursión de un día, nosotros recomendamos tomárselo con calma, la medina es pequeña y se puede recorrer andando, pero lo divertido es perderse un poco, porque prácticamente cada esquina parece estar esperando a que saques la cámara.
Te contamos cómo fue nuestra visita a Chefchaouen desde Tánger, cómo llegar, qué ver, dónde comer y algunas cosas que nos sorprendieron durante el recorrido, supongo que habrá muchas cosas más que pasamos por alto pero no descartamos volver por la zona, se nos quedaron algunas cosas pendientes de este pequeño lugar y sus alrededores.
Un poco de historia de Chefchaouen
Antes de empezar a callejear por la ciudad, merece la pena conocer un poco su historia.
Chefchaouen, también conocida como Chaouen, fue fundada en 1471 por Moulay Ali Ben Rachid, un líder local que estableció aquí una fortaleza para defender la zona frente a las incursiones portuguesas, la kasbah original se convirtió en el núcleo alrededor del cual fue creciendo la ciudad.
Durante los siglos posteriores, Chefchaouen recibió a numerosos musulmanes y judíos procedentes de la península ibérica que llegaron al norte de Marruecos tras la caída de Al-Ándalus, esa mezcla de influencias andalusíes y marroquíes todavía se nota en la arquitectura, en las tradiciones y en el ambiente de la ciudad.
¿Y por qué es azul? Aquí empieza la parte interesante, no existe una única explicación completamente demostrada, una de las teorías más conocidas relaciona el azul con la tradición de la comunidad judía, para la que este color tenía un significado espiritual relacionado con el cielo y Dios, también se ha dicho que el azul ayudaba a mantener alejados a los mosquitos o que simplemente se convirtió en una característica estética de la ciudad, vete tú a saber…
Lo que sí parece claro es que el famoso azul se ha ido consolidando y extendiendo con el tiempo, hasta convertirse en la seña de identidad absoluta de Chefchaouen y vaya si funciona, en cuanto empiezas a caminar por la medina entiendes perfectamente por qué se ha convertido en uno de los lugares más fotografiados de Marruecos.
Qué ver y hacer en Chefchaouen
Nuestro consejo es que no intentéis recorrer Chefchaouen como si fuera una lista de monumentos que hay que tachar, lo mejor de la ciudad está precisamente en caminar sin demasiadas prisas y perderse por sus callejones, así irás descubriendo plazas, bonitos callejones azules, escaleras decoradas con flores y un montón de tiendecitas con artesanía y cachivaches varios para que hagas sitio en la mochila.
Nosotros empezamos nuestra visita entrando en la medina y fuimos avanzando poco a poco hasta la plaza Uta el-Hammam, desde allí seguimos hacia la Kasbah y después nos perdimos por las callejuelas azules hasta llegar a Ras el-Maa. Si el tiempo acompaña, desde allí podéis continuar hasta la Mezquita Española, a nosotros nos pilló una tormenta y nos fastidió un poco el día, eso sí, con la lluvia la ciudad sigue siendo igual de chula. Estas son algunas cosas que podéis ver o hacer allí:
Callejear por la medina azul
Si hay un lugar en Chefchaouen donde merece la pena olvidarse del mapa, es la medina, aquí está buena parte del encanto de la ciudad, la mejor forma de descubrirla es caminar sin demasiadas prisas y dejar que las calles vayan apareciendo delante de vosotros.
La medina se extiende por la ladera de la montaña, así que encontraréis bastantes escaleras, callejones estrechos y pequeñas cuestas, nada especialmente complicado, pero unas zapatillas cómodas os harán la vida bastante más fácil y, por supuesto, preparaos para el azul, hay paredes de un azul intenso, otras casi blancas, tonos pastel, puertas decoradas, arcos y escaleras que parecen no terminar nunca, parece que estés visitando el pueblo de los Pitufos.
Hay algunos rincones especialmente conocidos que merece la pena buscar como el Callejón El Asri, uno de los más fotografiados de Chefchaouen, con sus estrechas escaleras azules y las macetas de colores que decoran las fachadas, también podéis acercaros al Callejón Sidi Bouchouka, otro de los rincones más fotogénicos de la medina o buscar el Callejón Ben Yakub, famoso por sus arcos, sus paredes azules y los detalles de azulejos que aparecen a lo largo del recorrido.
Otra de las calles que os encontraréis mientras recorréis la medina es Rue Targui, una zona bastante animada y con numerosos comercios y talleres de artesanía, es un buen ejemplo de que Chefchaouen no es solamente una colección de rincones bonitos para hacer fotos, sino una medina donde las calles siguen teniendo una función completamente cotidiana.
Como consejo, yo no intentaría visitar estos lugares siguiendo una lista como si estuvierais completando un álbum de cromos, lo divertido es ir enlazando unos con otros y desviarse cada vez que aparezca una escalera, una puerta o un callejón que os llame la atención, la medina es relativamente pequeña y tarde o temprano acabaréis saliendo a algún lugar conocido, así que perderse aquí forma parte de la experiencia.
Durante el paseo también encontraréis pequeñas tiendas de artesanía, puertas de colores, macetas, millones de gatos que parecen ser los auténticos propietarios de la ciudad y un montón de rincones que os harán sacar el móvil cada dos minutos.
No tengáis prisa, Chefchaouen se disfruta mucho más caminando despacio que intentando verlo todo en tiempo récord, a veces el rincón que más os gusta será precisamente ese que no aparecía en ninguna lista, eso sí, recordad que muchas de estas calles son zonas residenciales, detrás de las fachadas azules hay casas donde vive gente, así que conviene hacer las fotos con un poco de sentido común y respetar la intimidad de los vecinos, Chefchaouen no es un parque temático aunque por momentos pueda parecerlo y nosotros vimos algún que otro guiri bastante mal educado que se metía dentro de las casas sin pedir permiso, yo flipaba en colores.
Relajarse en la Plaza Uta el-Hammam
Después de callejear por la medina, una buena referencia para orientarse es la Plaza Uta el-Hammam, probablemente el lugar más animado del centro histórico y uno de esos sitios donde apetece sentarse un rato simplemente a observar.
La plaza está rodeada de restaurantes, cafeterías y terrazas, así que es un buen lugar para hacer una pausa, aquí también se encuentra la Gran Mezquita de Chefchaouen, uno de los edificios históricos más importantes de la medina, construida en el siglo XV, poco después de la fundación de la ciudad y destaca especialmente por su característico minarete octogonal, una forma bastante particular dentro de la arquitectura religiosa marroquí.
Como ocurre con la mayoría de las mezquitas de Marruecos, el interior está reservado a los musulmanes, pero merece la pena fijarse en el edificio mientras recorréis la plaza.
La Plaza Uta el-Hammam cambia bastante según la hora, durante las horas de más calor puede estar algo más tranquila, mientras que al final de la tarde empieza a llenarse de vida y las terrazas se convierten en un lugar estupendo para tomar un té de menta y ver cómo se mueve la ciudad, a nosotros nos vino de lujo para resguardarnos de un «pequeño» aguacero, jejeje.
Visitar La Kasbah y su museo
Desde la Plaza Uta el-Hammam podéis entrar directamente en la Kasbah, que se encuentra en uno de los extremos de la misma, es uno de los lugares históricos más importantes de Chefchaouen y, además, una de las pocas visitas de la ciudad para las que tendréis que sacar la cartera.
La Kasbah fue construida en 1471 por orden de Moulay Ali Ben Rachid, fundador de Chefchaouen, como fortaleza defensiva y residencia, su función estaba muy relacionada con la posición estratégica de la ciudad y con la protección de la población frente a posibles ataques.
Hoy el conjunto conserva murallas, torres, patios y jardines, y en su interior se encuentra un pequeño museo etnográfico dedicado a la cultura y la historia de la región, no esperéis un museo gigante. La visita se hace relativamente rápido, pero resulta interesante porque permite poner un poco de contexto a todo lo que estamos viendo fuera, encontraréis objetos tradicionales, textiles, instrumentos, armas, fotografías y diferentes piezas relacionadas con la vida cotidiana de la zona del Rif.
A nosotros nos gustó especialmente la parte exterior, después de pasar un buen rato recorriendo los callejones estrechos de la medina, entrar en los jardines interiores de la Kasbah supone un cambio radical, es un espacio tranquilo, con vegetación y patios donde apetece quedarse un buen rato.
También podéis subir a la torre para disfrutar de las vistas sobre la medina, no es el gran mirador panorámico de Chefchaouen, pero permite hacerse una idea de cómo se organiza la ciudad y de cómo las casas se van extendiendo por la ladera.
El precio de entrada a la Kasbah y el museo es de 80 dirhams por persona y el horario para la visita de 09:00 a 17:00 horas, aunque es recomendable comprobar la información antes de vuestra visita porque las tarifas pueden cambiar.
Ver la fuente de la Plaza El Houta
Después de callejear sin rumbo por la medina de Chefchaouen, de subir y bajar escaleras azules, asomarnos a pequeñas tiendas y parar cada dos minutos porque alguna puerta, algún gato o alguna esquina nos parecía digna de foto, llegamos a la Plaza El Houta y fue una de esas pequeñas sorpresas que aparecen cuando uno simplemente se deja llevar o como en nuestro caso, se pierde por el laberinto de callejuelas, jejeje.
La Plaza El Houta, también conocida como El Haouta, es uno de esos rincones de Chefchaouen que quedan un poco al margen del recorrido más turístico, es más tranquila que la famosa Plaza Uta el-Hammam y tiene un ambiente mucho más cotidiano, de esos lugares donde la vida local sigue pasando delante de ti sin necesidad de montar ningún espectáculo, verás a mogollón de locales llenando sus garrafas en la fuente o volviendo a casa con las bolsas de la compra.
Lo más llamativo de la plaza, aparte de que es toda azul, es la fuente central, es imposible no fijarse en ella, está decorada con azulejos y destaca entre las fachadas azules que rodean la plaza, más que un simple elemento decorativo, es parte de la historia y de la vida diaria de este rincón de la medina, aquí también hay alguna que otra cafetería donde parar a tomar algo o relajarse.
El famoso patio privado del té de Chefchaouen
Si hay un rincón de Chefchaouen que parece haber nacido directamente para Instagram, ese es el famoso patio privado del té y sí, es una pequeña turistada pero estamos de viaje, hemos venido a disfrutar y, por cinco dirhams, tampoco vamos a ponernos estupendos.
El patio se encuentra en la Avenida Hassan II, una de las principales arterias de la medina, para encontrarlo, hay que ir recorriendo la avenida y estar un poco atentos, porque está integrado en una casa particular aunque en cuanto lleguéis ya veréis la enorme cola, también se puede llegar desde la calle Ben Ajiba, que desemboca en la avenida Hassan II.
Una vez dentro, cambia completamente el escenario, el patio está decorado con paredes azules, plantas, macetas, pequeños objetos de artesanía marroquí y, en el centro de todo, cuatro taburetes alrededor de una mesita con un juego de té, la puesta en escena está tan cuidada que cuesta no pensar que alguien ha colocado cada objeto estratégicamente para que salga bien en las fotos y probablemente sea así, porque este pequeño patio se ha convertido en uno de los rincones más fotografiados de Chefchaouen.
La entrada cuesta 5 dirhams, que vienen a ser alrededor de medio euro, se los pagas directamente al propietario de la casa y puedes acceder al patio para hacerte tus fotos, por ese precio, la verdad es que tampoco hay mucho que pensar, entras, eliges tu rincón, colocas el móvil en modo fotógrafo profesional durante cinco minutos y sales con una buena colección de instantáneas.
Y aquí está precisamente lo curioso del lugar, no es un monumento, ni un museo, ni un patio turístico oficial, es el patio de una casa particular que sus propietarios han convertido en una pequeña atracción para viajeros y os puedo asegurar que tienen que estar forrados porque había mucha gente allí a pesar de que estaba cayendo el diluvio universal, nosotros no entramos, no por el precio sino porque había mucha cola y pasábamos de estar bajo la lluvia esperando para hacernos una foto «artificial», Chefchaouen tiene suficientes rincones con encanto y totalmente gratuitos.
Caminar hasta Ras el-Maa
Después de tanto azul, quizá resulte curioso descubrir que uno de los rincones más agradables de Chefchaouen está precisamente marcado por otro elemento: el agua.
Desde la medina podéis caminar hacia el extremo oriental de la ciudad hasta llegar a Ras el-Maa, cuyo nombre significa aproximadamente «cabeza del agua», aquí nace un manantial procedente de las montañas del Rif que durante siglos ha sido fundamental para el abastecimiento de Chefchaouen.
El cambio de ambiente se nota enseguida, dejáis atrás las calles estrechas y las fachadas azules y empezáis a escuchar el agua correr, el manantial forma pequeños saltos y un arroyo que atraviesa la zona, alrededor del cual encontraréis algunos cafés, lugares donde sentarse y mogollón de mosquitos.
Históricamente Ras el-Maa también ha estado muy ligado a las tareas cotidianas de los habitantes de Chefchaouen, sus aguas se utilizaban para lavar ropa y lana, una actividad que formaba parte de la vida diaria de la ciudad, hoy el lugar tiene un ambiente mucho más relajado y es perfecto para hacer una parada durante el paseo. Después de subir y bajar escaleras por la medina, sentarse junto al agua con un té de menta delante no parece precisamente una mala idea.
La Mezquita Española y el mirador de Chefchaouen
Y si todavía os quedan ganas de caminar, desde Ras el-Maa sale el camino que sube hasta la conocida como Mezquita Española, también llamada Bouzafer.
La mezquita se construyó durante el periodo del Protectorado español, en la década de 1920, y actualmente se encuentra en desuso. El edificio en sí tiene interés histórico pero lo que realmente hace que esta excursión merezca la pena es su ubicación, está situada sobre una colina al otro lado del valle y desde allí se obtiene una de las vistas más conocidas de Chefchaouen. La subida no es especialmente larga, pero tiene bastante pendiente en algunos tramos por lo que conviene tomársela con calma, desde Ras el-Maa podéis tardar aproximadamente entre 20 y 40 minutos, dependiendo de vuestro ritmo.
Y cuando llegáis arriba, entendéis por qué tanta gente hace el esfuerzo, desde el mirador aparece Chefchaouen prácticamente entera extendiéndose por la ladera, las casas blancas y azules se amontonan unas sobre otras y, detrás, las montañas del Rif cierran el paisaje, después de haber pasado horas caminando por la medina, resulta curioso verla desde arriba y descubrir que ese laberinto de callejuelas que parecía interminable es, en realidad, una pequeña ciudad encajada entre las montañas.
Si podéis elegir el momento, intentad hacerlo al final de la tarde, la luz del atardecer transforma completamente el paisaje y las fachadas empiezan a adquirir tonos diferentes a medida que el sol baja, es probablemente una de las mejores estampas de todo el viaje, eso sí, aquí hay que tener un poco de sentido común, el camino de vuelta no está especialmente iluminado, así que si vais al atardecer no esperéis a que sea completamente de noche para comenzar a bajar. Llevad agua, calzado cómodo y, si vais a apurar bastante la hora, la linterna del móvil puede convertirse en vuestro pequeño equipamiento de expedición y supervivencia.
Cómo llegar a Chefchaouen desde Tánger
Nosotros fuimos en autobús y creemos que aunque no es la forma más rápida, sí que es cómodo y te evitas conducir por el pequeño «caos» del norte del país.
Cogimos un autobús de la empresa CTM, una de las principales compañías de transporte de Marruecos, tardamos aproximadamente unas dos horas y media y el billete nos costó 85 dirhams por persona ida y vuelta.
El trayecto es directo con parada en Tetuán y resulta bastante cómodo, la distancia ronda los 118 kilómetros y actualmente hay varias salidas diarias, para nosotros, teniendo en cuenta precio y comodidad, fue la opción más sencilla.
Hay otras formas de llegar hasta Chefchaouen desde Tánger:
- Gran taxi: Otra posibilidad es utilizar un Grand taxi, puede ser interesante si sois varias personas y conseguís compartir el coste, hay que tener en cuenta que la experiencia es bastante diferente al autobús y que el precio dependerá de la negociación, de si compartís el vehículo y si el conductor os tiene que esperar para volver a Tánger.
- Excursión organizada: Desde Tánger también encontraréis excursiones de un día a Chefchaouen, es una alternativa cómoda si no queréis preocuparos por los horarios ni por organizar nada, normalmente incluyen transporte y, dependiendo de la excursión, guía.
- Coche de alquiler: Si estáis haciendo una ruta por Marruecos, también podéis ir por vuestra cuenta en coche, la carretera atraviesa el paisaje del Rif y os da mucha más libertad para parar en otros lugares durante el camino, eso sí, la forma de conducir allí es un poco caos, creo que los coches no te pasan volando por encima porque no tienen alas pero no respetan señales, ni semáforos y adelantan cuando les viene bien, aunque esté prohibido.
Si vais por vuestra cuenta en autobús, eso sí, mirad bien los horarios de vuelta, Chefchaouen está muy bien para una excursión de un día desde Tánger, pero no interesa descubrir a las cinco de la tarde que el último autobús ya ha decidido marcharse sin vosotros, jejeje.
Dónde comer en Chefchaouen
El día que nosotros fuimos a Chefchaouen estaba diluviando de lo lindo, no una lluvia fina y romántica, sino de esas que hacen que acabes buscando un sitio donde meterte inmediatamente así que abrimos Google Maps para buscar algún restaurante cercano y vimos un sitio que tenía una valoración de 4,9 así que allá que nos fuimos.
El sitio se llamaba Bab Tarik y resultó ser una de esas experiencias que aparecen por sorpresa en los viajes, no esperábamos encontrar un restaurante sofisticado, de hecho, el lugar tenía más bien aspecto de casa particular, la dueña era majísima, hablaba inglés y nos recibió de maravilla, lo que más nos llamó la atención fue que tenía un horno de leña y podías ver cómo preparaba la comida, allí mismo vimos cómo cocinaba los cuscús, los tajines y las sopas de manera tradicional, utilizando leña y la comida estaba buenísima.
Pero lo mejor llegó cuando pedimos la cuenta, nos quedamos mirando el papel pensando que nos estaba gastando una broma, era baratísimo, de esos sitios en los que pagas y piensas: «¿Pero seguro que has cobrado todo?», la sensación que tuvimos fue que casi no estábamos pagando ni los ingredientes y encima nos habíamos puesto hasta el culo de comer, salimos de allí rodando.
Así que, si vais a Chefchaouen y buscáis un sitio auténtico, sencillo y sin demasiadas pretensiones, nosotros guardaríamos Bab Tarik en favoritos y además, después de caminar bajo un diluvio por las calles azules, entrar en un lugar calentito y encontrarte con una comida casera cocinada a fuego lento fue exactamente lo que necesitábamos.
En resumen, Chefchaouen nos encantó, es una de esas ciudades que mejoran in situ, cuando ves el primer callejón azul, giras una esquina, ya estás pensando en sacar otra foto, eso sí, también creemos que hay que contar la otra cara de la moneda, Chefchaouen está muy, muy turistificada, hay mogollón de gente, especialmente en las zonas más conocidas de la medina y en determinados momentos cuesta incluso caminar tranquilamente por algunas calles.
Y hubo otra cosa que no nos gustó nada, en algunos lugares donde la gente quería hacerse fotos nos llegaron a pedir propina, entendemos perfectamente que la fotografía y el turismo hayan cambiado la economía de la ciudad, pero a nosotros no nos gustan demasiado este tipo de prácticas así que hicimos fotos donde podíamos hacerlas tranquilamente y donde no había que pagar.
Al final, tampoco hace falta fotografiar absolutamente cada rincón de Chefchaouen porque aunque Instagram haya convertido algunas calles en auténticos puntos de peregrinación fotográfica, la ciudad es bastante más que cuatro escaleras azules.
Lo que más nos gustó fue caminar sin rumbo, descubrir pequeñas calles, escuchar el agua en Ras el-Maa, comer comida casera y simplemente disfrutar del ambiente del Rif así que en cuanto podamos, volveremos a Chefchaouen, quizá intentaríamos hacerlo más temprano para evitar parte de las aglomeraciones, y probablemente nos quedaríamos una noche para poder disfrutar de la medina cuando se van los visitantes de un día.
Pero si estáis en Tánger y os preguntáis si merece la pena hacer una escapada a la ciudad azul, para nosotros la respuesta es clara: sí, merece muchísimo la pena, eso sí, id preparados para caminar, para encontrar turistas, para subir y bajar escaleras y, con un poco de suerte, para descubrir algún Bab Tarik escondido entre la lluvia, jejeje.



































