Si hay una ciudad de Marruecos que teníamos marcada en rojo desde hace años, esa era Tánger. Después de haber recorrido otras joyas del país como Marrakech, Fez o Meknes, ciudades que nos conquistaron con sus medinas laberínticas, sus zocos llenos de vida y su increíble patrimonio, sentíamos que nos faltaba descubrir una de las ciudades más fascinantes del norte marroquí.
Además, había otro motivo por el que teníamos tantas ganas de visitar Tánger. Desde que vimos la serie «El tiempo entre costuras» quedamos completamente cautivados por la atmósfera de esta ciudad y de la cercana Tetuán, las callejuelas blancas, los lujosos hoteles, los cafés con sabor a otra época y ese aire que desprendían sus escenarios despertaron nuestra curiosidad por conocer estos lugares in situ.
Y la verdad es que Tánger no nos decepcionó, situada a las puertas de África y a tan solo unos kilómetros de Europa, esta ciudad tiene una personalidad única. Aquí conviven la esencia de las antiguas ciudades marroquíes con la huella internacional que dejaron escritores, artistas y viajeros que quedaron fascinados por ella.
Aquí te contamos nuestra escapada y lo que no te puedes perder allí, cuáles son sus lugares imprescindibles y algunos rincones que no deberías pasar por alto para disfrutar al máximo de una de las ciudades más interesantes de Marruecos, eso sí, un consejo os voy a dar, cuidado con los gatos, no porque sean peligrosos, ni mucho menos, sino porque en Tánger parece que hay más gatos que personas. Los encontrarás descansando al sol en las plazas, vigilando los callejones de la medina, durmiendo sobre motos, robando comida en terrazas, en escaleras y prácticamente en cualquier rincón que puedas imaginar.
Podríamos decir que los gatos son los auténticos dueños de la ciudad y que los habitantes simplemente conviven con ellos. Así que ve preparado, porque durante tu viaje tendrás la sensación de que los verdaderos reyes de Tánger tienen cuatro patas, bigotes y una habilidad extraordinaria para posar en todas tus fotos.
Un poco de historia de Tánger
Tánger es una de las ciudades más antiguas y fascinantes del norte de África. Sus orígenes se remontan a más de 2.500 años atrás, cuando los fenicios establecieron aquí un importante enclave comercial gracias a su ubicación privilegiada entre el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo. A lo largo de los siglos pasaron por sus calles cartagineses, romanos, bizantinos y árabes, cada uno de ellos fue dejando su huella en la ciudad.
Su posición estratégica en la puerta de entrada al Mediterráneo la convirtió en un lugar codiciado por distintas potencias, y durante siglos fue un punto de encuentro entre Europa y África. Ya en el siglo XX, Tánger vivió una de las etapas más singulares de su historia al convertirse en una zona internacional administrada por varios países, aquella época atrajo a diplomáticos, comerciantes, artistas, escritores e incluso algún que otro espía.
Hoy, pasear por Tánger es recorrer una ciudad donde conviven siglos de historia y una mezcla cultural difícil de encontrar en otro lugar. Entre las callejuelas de la medina, los cafés con vistas al Estrecho de Gibraltar y el constante ir y venir de personas y culturas, se entiende por qué esta ciudad ha cautivado a viajeros de todo el mundo durante generaciones.
Qué ver y hacer en Tánger
Nosotros estuvimos allí 4 días enteros pero dedicamos uno para escaparnos hasta Tetuán y otro a Chefchaouen, la ciudad azul pitufo. No tuvimos mucha suerte con el tiempo ya que de los cuatro días, nos llovió tres y medio, así que acabamos chorreando todos los días y con un resfriado que nos trajimos de recuerdo para España, jejeje. Creemos que en 1 día y medio es posible recorrer Tánger y descubrir sus lugares más emblemáticos, estos son los sitios o las cosas que bajo nuestro punto de vista no podéis perderos allí!.
Comprar todo lo que puedas en los zocos de Tánger
Si visitas Tánger, hay una actividad casi obligatoria, por lo menos para mí: perderte entre los zocos de la medina. Estos mercados llevan siglos siendo el corazón comercial de la ciudad, un auténtico cruce de caminos entre África y Europa donde se mezclaban comerciantes, viajeros y curiosos llegados de medio mundo, más que un mercado, son una experiencia en sí misma.
En Tánger encontrarás varios zocos y zonas comerciales repartidas por la medina, aunque los más conocidos se concentran alrededor del Gran Zoco y las callejuelas que lo rodean. Entre puestos de especias, lámparas, alfombras, cuero, cerámica y productos de belleza, es difícil no caer en la tentación de comprar algo, eso sí, más vale que tengáis desarrollado un sexto sentido para el tema del regateo, aquí los tenderos son huesos duros de roer, no se bajan del burro fácilmente y puedes terminar agotado intentando ahorrarte un mísero euro, jejeje.
¿Lo más típico? Productos de aceite de argán, artesanía marroquí, babuchas, teteras, especias y cerámica pintada a mano. Nosotros no pudimos resistirnos a unas cremas de aceite de argán, ya habíamos traído algunas cuando estuvimos en Fez y repetimos porque son baratas y te dejan la piel como el culito de un bebé. También compramos una taza de cerámica con una decoración marroquí muy chula, de esas que ves y piensas: «esto queda genial en casa». Y sí, quedaba espectacular… hasta que la metimos en el microondas con un café con leche y la decoración decidió independizarse de la taza, una baja dolorosa, pero al menos nos dejó una anécdota, un trozo de plástico con adorno molón y una jarra art decó.
La verdad es que poco más pudimos comprar ya que como las compañías de bajo coste te cobran un dineral hasta por respirar, habíamos apostado por viajar solo con mochila y, entre la ropa de invierno que ocupa un montón y el neceser, el espacio libre brillaba por su ausencia. Quizá fue mejor así, porque de lo contrario habríamos vuelto con media medina metida en el equipaje.
Dormir en un riad
Dormir en un riad dentro de la medina es otra de esas experiencias que no pueden faltar en un viaje a Tánger. Y estaréis pensando, ¿qué narices es un riad? Pues un antiguo palacete o casa de comerciantes que se ha reconvertido en alojamiento turístico y que suele ofrecer una experiencia marroquí completa, algunos hasta tienen hammam, ofrecen cenas y muchos cuentan con música tradicional en directo. Nosotros nos alojamos en el Riad Tanja by Chef Moha, situado junto a la puerta Bab El Bhar y a pocos pasos del American Legation Museum, la verdad es que no podríamos haber elegido mejor.
El riad era una auténtica cucada, con esa mezcla de arquitectura tradicional marroquí y rincones llenos de encanto que te hacen sacar el móvil para hacer fotos cada dos por tres. La habitación era preciosa y, nada más llegar, nos recibieron con un té y unas pastas que estaban espectacularmente buenas. Un detalle que ya te hace empezar la estancia con una sonrisa.
Además, el riad cuenta con restaurante propio y allí desayunábamos cada mañana. Y qué desayunos, de esos que te hacen replantearte si realmente necesitas comer otra vez en todo el día: zumos, pan recién hecho, aceitunas, dulces, fruta, huevos, sopa de leche? o no sé muy bien que era, tortitas que estaban mega ricas… en fin, abundante y preparado con mucho cariño y eso que el primer día pensé: ¿quién come aceitunas picantes para desayunar?. Vamos, que cada mañana salíamos a recorrer Tánger con el depósito lleno y listos para enfrentarnos a las cuestas de la medina.
Entrar en el Museo de la Kasbah y de Arte Contemporáneo
Uno de los planes imprescindibles en Tánger es perderse por la Kasbah y acabar visitando sus dos museos: el Museo de la Kasbah y el de Arte Contemporáneo. Están literalmente pegados, pero son dos mundos muy distintos, eso sí, los edificios donde están situados son una auténtica pasada y dignos de una visita.
El museo principal ocupa el antiguo Palacio del Sultán, el mítico Dar el Makhzen, una construcción del siglo XVII-XVIII que fue residencia, sede de poder y hasta tribunal. Pasear por sus patios con azulejos, jardines y estancias es casi como colarse en la vida de la corte marroquí de otra época, el edificio por sí solo ya merece la visita, incluso antes de ver todo lo que hay expuesto en el interior.
Justo al lado está el Museo de Arte Contemporáneo, instalado en lo que fue una antigua prisión de la Kasbah. Aquí el contraste es total: arte moderno, exposiciones cambiantes y un aire mucho más actual. Sinceramente, no era algo que nos llamara demasiado la atención, pero como la entrada era conjunta con el Museo de la Kasbah, acabamos entrando igualmente, total, no perdíamos nada.
Y sorpresa: aunque el arte contemporáneo no es precisamente nuestro estilo, el edificio tiene muchísimo encanto. La rehabilitación del espacio, su estructura y la forma en que se integra con la historia del lugar hacen que la visita merezca la pena igualmente. El precio de entrada en enero de 2026 era de 30 dirhams por persona la entrada combinada aunque para saber más sobre horarios y demás lo mejor es consultar la página web de Museos de Marruecos donde encontraréis información actualizada, o eso creo.
Dentro de cada museo se puede ver de todo un poco: en el de la Kasbah, piezas arqueológicas, objetos históricos, arte tradicional marroquí y hasta un espectacular mosaico de la antigua ciudad romana de Volúbilis; en el contemporáneo, exposiciones temporales de artistas locales e internacionales. Dos caras de una misma ciudad: una mirando al pasado y otra intentando asomarse al presente.
Esquivar gatos en el Mercado Central de Tánger
En el corazón de Tánger está uno de esos lugares que no salen en los folletos turísticos pero que cuentan la historia de la ciudad mejor que cualquier museo: el Mercado Central.
Situado muy cerca del Gran Zoco (Place du 9 Avril 1947), este mercado ha sido durante décadas uno de los puntos clave de la vida cotidiana de Tánger. Se construyó durante la época del protectorado francés a principios del siglo XX, cuando la ciudad empezó a modernizar sus infraestructuras sin perder su caos encantador. Desde entonces, sigue siendo un hervidero de actividad donde se mezcla lo de siempre: pescado fresco, especias, carne, fruta y el sonido constante de la vida diaria.
Y ahora viene la parte importante: esquivar gatos porque visitar el Mercado Central es básicamente una combinación de turismo sensorial y deporte de evasión felina. Los gatos son parte del mobiliario no oficial del mercado, aparecen entre puestos, se estiran encima de las cajas de sardinas y te miran como si fueras tú el visitante extraño en su reino.
Nos encanta este tipo de sitios porque no son “atracciones”, son vida en directo. Aquí no vienes a hacer fotos perfectas, vienes a empaparte del ambiente, a perderte entre la gente, colores intensos, voces que se cruzan y olores que van desde lo delicioso hasta lo asqueroso, todo hay que decirlo, hay zonas que echas de menos llevar mascarilla porque parece que han destapado la cloaca, eso sí, si vienes con intención de comprar especias o frutos secos, este es el mejor sitio ya que tienen una gran cantidad y a precios irrisorios.
Excursión a Tetuán, Asilah o Chefchaouen
Si vas a estar varios días en Tánger, una de las mejores opciones es aprovechar para visitar algunas de las ciudades más bonitas del norte de Marruecos, como Tetuán, Chefchaouen (Chaouen) o Asilah, nosotros visitamos las dos primeras y nos encantaron.
La forma más cómoda de hacerlo es en taxi privado. Normalmente, una excursión de ida y vuelta puede costar entre 50 y 60 € aproximadamente, dependiendo del destino, las artes regateadoras de cada uno y el número de pasajeros.
Sin embargo, la opción más económica es viajar en autobús con la empresa CTM, nosotros utilizamos este servicio y la experiencia fue muy buena, los buses eran modernos, estaban limpios, eran puntuales y todo el personal fue muy amable.
La estación de autobuses CTM de Tánger se encuentra cerca del centro de la ciudad y cuenta con conexiones frecuentes hacia los principales destinos del norte del país, para llegar hasta ella lo mejor es coger un petit taxi, los de color azul.
Tetuán
- Duración del trayecto: aproximadamente 1 hora.
- Precio: unos 35 dirhams por persona y trayecto.
- Ideal para recorrer su medina, declarada Patrimonio de la Humanidad, y disfrutar de un ambiente mucho más local.
Chefchaouen
- Duración del trayecto: aproximadamente 2 horas y 30 minutos.
- Precio: unos 80 dirhams por persona y trayecto.
- Famosa por sus calles pintadas de azul, es una de las ciudades más fotogénicas de Marruecos.
Asilah
- También es una excursión muy recomendable desde Tánger. Esta pequeña ciudad costera destaca por su medina blanca, sus murales artísticos y su ambiente relajado, se nos quedó pendiente por falta de tiempo pero volveremos.
Si buscas ahorrar dinero, el autobús es sin duda la mejor alternativa. Los precios son muy económicos y las conexiones funcionan bastante bien, permitiéndote visitar estas ciudades por libre sin necesidad de contratar excursiones organizadas. También puedes realizar otras visitas desde Tánger como el Cabo Espartel o la Cueva de Hércules.
Fotografiar las murallas y la Kasbah desde la Mezquita del Puerto
Si hay un lugar en Tánger perfecto para hacer fotos, es desde la Mezquita del Puerto ya que tienes el combo perfecto Kasbah + murallas, sobre todo cuando el sol empieza a caer y tiñe las paredes de color ocre.
La Kasbah es el casco alto de la ciudad, un laberinto de callejuelas blancas, puertas que parecen no llevar a ninguna parte y escaleras que siempre te hacen pensar “a ver dónde acabo ahora”. Aquí lo bonito no es seguir un mapa, sino dejarse llevar, cada esquina tiene ese aire entre decadente y precioso que hace que cualquier paseo sea una aventura.
Desde la Kasbah puedes recorrer las antiguas murallas que todavía rodean la ciudad como si vigilaran el Estrecho. Caminar por ellas te da la opción de ver por un lado el mar y el puerto y por el otro tejados, patios con ropa tendida, escaleras destartaladas y también hay que decirlo, ratas que parecen jabalíes.
Aunque la Mezquita del Puerto también merece la pena por su arquitectura, es un lugar de culto activo y el acceso al interior está reservado para personas musulmanas así que os tendréis que conformar con las vistas panorámicas del exterior, creo que es uno de los mejores lugares para ver la fortaleza y las murallas.
Perderse por la Medina de Tánger
Otro de los lugares imprescindibles en Tánger es la medina, el corazón antiguo de la ciudad, un laberinto que ha visto pasar fenicios, romanos, árabes, portugueses, ingleses y una gran cantidad de guiris más perdidos que una cabra en un corral. Esa mezcla no es solo historia de manual: se nota en las puertas, en los patios escondidos y en las fachadas que parecen susurrar idiomas distintos y estilos arquitectónicos cada uno de su padre y de su madre.
Durante siglos, Tánger fue un punto estratégico entre el Atlántico y el Mediterráneo, y su medina creció como una telaraña alrededor de la Kasbah y el puerto. Para entrar a este laberinto de callejuelas hay varias puertas y accesos repartidos por su perímetro amurallado, las entradas más famosas son Bab Fahs (una de las principales desde la Plaza 9 de Abril y el Gran Zoco) o Bab El Bhar que da acceso desde puerto y la zona marítima de la ciudad.
Dentro de la medina lo mejor es caminar sin rumbo e ir descubriendo alguno de sus rincones más bonitos y emblemáticos. Lo más interesante es el Gran Zoco, el Petit Zoco, la Kasbah en la parte alta, restos de fortificaciones, pequeñas mezquitas escondidas entre callejones, antiguas casas de comerciantes que hoy se han reconvertido en establecimientos hoteleros, puertas y ventanas de colores y numerosos miradores con vistas al estrecho de Gibraltar, eso sí, cuando el día está claro porque cuando fuimos nosotros había mogollón de nubarrones y no se veía un pimiento.
En definitiva, que la medina engancha porque siempre parece que el siguiente giro del callejón te va a contar algo que no estaba en la guía y está claro que si te pierdes… probablemente lo estés haciendo bien, esa es una de las mejores cosas de este lugar, ir sin mapa y a lo loco!.
Probar la gastronomía marroquí en un restaurante típico
Si hay una cosa que nos encanta de Marruecos es su gastronomía, a mí personalmente me flipa el tajín con frutos secos y pollo aunque no le hago ascos a lo demás, está todo bien rico. Y ya no os digo nada de los postres, están para chuparse los dedos: las galletas, los pasteles…en fin, que se me hace la boca agua solo de pensarlo.
Cuando estuvimos allí, miramos como siempre reseñas en San Google para descubrir los mejores sitios para comer o cenar y había un lugar que ganaba por goleada, Dar Harruch, un pequeño restaurante tradicional en mitad de la medina de Tánger. El sitio era enano, suerte que no habíamos comido nada en todo el día porque sino te digo yo que no hay narices a sentarse en la silla, me sentí entre «la silla y la pared», nunca mejor dicho.
El restaurante tenía manteles y música tradicional pero lo mejor de todo sin duda fue la amabilidad de los camareros, algunos hablaban español, la comida estaba de muerte y el espectáculo del té, sí, allí en Marruecos esta bebida es como una religión y está incluida con cualquier festín, me recuerda mucho a los asturianos cuando escancian la sidra pero allí en lugar de sidra escancian el té, jejeje.
Tomate un té en la Plaza 9 de Abril
¿Un plan imprescindible en Tánger? Sentarte en una terraza de la Plaza 9 de Abril con un té a la menta entre las manos. Esta emblemática plaza, conocida como Gran Zoco, es la puerta de entrada a la medina y uno de los lugares más históricos de la ciudad. Su nombre recuerda el famoso discurso que Mohamed V pronunció aquí el 9 de abril de 1947, considerado un momento clave en el camino hacia la independencia de Marruecos.
Pero más allá de la historia, la plaza es puro espectáculo cotidiano entre vendedores regateando con guiris, autobuses urbanos que poco menos tienes que coger en marcha porque no pueden parar y coches y motos por todas partes. Lo mejor es parar, ver el espectáculo sentado desde una terracita y disfrutar de un té a la menta que se ha convertido en todo un ritual, mola cuando lo escancian en el vaso chiquitajo sin derramar ni una gota, son unos profesionales, jejeje. Que conste que yo he probado a hacerlo y no se me dio mal aunque la mitad acabó en el suelo!.
Mientras saboreas el té, fíjate en algunos de sus rincones más emblemáticos: la Mezquita Sidi Bou Abib, con su llamativo minarete decorado con azulejos y que fue construida en 1917; el histórico Cinema Rif, icono cultural de la ciudad; la gran fuente de mármol rodeada de palmeras en el centro de la plaza; los cercanos Jardines de Mendoubia o la curiosa Torre del reloj, justo al lado de la mezquita.
Ver el atardecer desde las Tumbas fenicias
Este plan no es de mis preferidos porque yo de tumbas, cementerios y sitios de estos huyo como los vampiros de los ajos, pero la verdad que el sitio donde están situadas es muy chulo, sobre todo si vas al atardecer como nosotros. Este antiguo «cementerio fenicio» está ubicado en la zona de Marshan, muy cerca del emblemático Café Hafa, y está excavado directamente en la roca.
Está considerado el yacimiento arqueológico más antiguo de la ciudad ya que se cree que fue esculpido entre los siglos VII y V a. C.
Más allá de la historia, lo que atrae a la mayoría de visitantes son las vistas privilegiadas sobre el Estrecho de Gibraltar. Por eso, la mejor hora para acercarse es al final de la tarde, cuando el sol empieza a caer y tiñe el horizonte de tonos dorados… o al menos esa es la teoría.
En nuestro caso, las nubes decidieron ser las protagonistas del espectáculo y no se veía un pimiento. Aun así, la visita tuvo su gracia porque muchas de las tumbas estaban llenas de agua de la lluvia y se habían convertido en improvisadas piscinas para los numerosos gatos que campaban a sus anchas por el recinto. Viendo aquello, empecé a sospechar que eso de que los gatos huyen del agua no siempre es verdad.
Nuestra escapada a esta ciudad marroquí había llegado a su fin. Tánger nos ha parecido uno de esos destinos perfectos para un viaje corto de pocos días, tiene esa mezcla entre historia, cultura, buena gastronomía y rincones con mucho encanto que hacen que siempre haya algo por descubrir y además, su ubicación la convierte en una base ideal para seguir explorando el norte de Marruecos. Desde aquí es muy fácil organizar excursiones a ciudades tan interesantes como Tetuán, la tranquila Asilah o la siempre fotogénica Chefchaouen, cada una con su propia personalidad y atractivos.
Marruecos es un destino que nos encanta y al que siempre apetece volver así que estamos seguros de que este no será nuestro último viaje por aquí y que muy pronto estaremos de nuevo recorriendo sus calles, descubriendo nuevos lugares y sumando más experiencias a la lista.





































